Algo anda mal

2718 Words
ASHER –¿Quieres comida china o coreana esta noche? – pregunta Dominic con voz apagada desde la cocina mientras revisa los menús de comida a domicilio. –¿Tenemos suficiente dinero para comida a domicilio otra vez? – pregunta Weston bruscamente desde el baño, donde se está afeitando frente al pequeño espejo. –Mas nos vale– intervengo mientras abro el refrigerador, evaluando el estado absolutamente abismal de cualquier cosa comestible. –Porque no se ve muy bien aquí– –Aquí es donde deberíamos intentar una actividad llamada “ir a la tienda” –dice Weston, golpeando su navaja contra el costado del fregadero. Tiene una entrevista importante mañana con un posible empleador, ya que se gradúa este semestre, en lugar del próximo como Dominic y yo. De alguna manera, después de casi una década de práctica, todavía es malo afeitándose. Necesita algo de tiempo para que los cortes sanen antes de reunirse con esta persona. –Se que suena pesado, pero te prometo que podemos hacer nuestra propia comida de vez en cuando. Puede que mamá no haya querido que estuviéramos en la cocina a menudo, pero todos sabemos cómo hervir algo de malditos fideos y hacer una salsa boloñesa solida– Entonces… ¿eso significa que nos traigan la compra a domicilio? – le pregunto a Weston. –Dios mío. Son pésimos admistrando el dinero– murmura Weston. –Por eso serás el director financiero de nuestro negocio– respondo. –Sabemos que eres el mejor, oh señor Dios del Dinero. ¿Ahora deberíamos perder el tiempo pidiendo la compra y cocinando, o simplemente dejar que nos traigan el pollo teriyaki directamente a la boca como queremos? – Weston suspira dramáticamente. –Pollo teriyaki– confirma Dominic. El debate sobre la comida está resuelto, pero las preocupaciones por el dinero me tiran de las manos. Llevamos una semanas desamparados. Lo que había sido una tarjeta de débito rechazada la noche que le propuse matrimonio a Mila es la realidad una cuenta bancaria sobregirada y ahora, un pago atrasado de la matrícula. Por suerte, uno de nuestros restaurantes chinos favoritos acepta criptomoneda, lo que significa que podemos comer al menos un par de meses más solo con nuestras criptomonedas. –Haré salchichas y papas la semana que viene– le grito a Weston por encima del hombro. –Igual que las de mamá. Lo prometo– Gruñe algo que no escucho mientras enjuaga la maquinilla de afeitar. Pequeños trozos de papel higiénico le salpican la barbilla y la mejilla izquierda cuando sale de la cocina. –Otra afeitada bien hecha– Bromeo. –Estás listo para el mercado laboral, amigo, un filete de cubo andante– –Vete a la mierda– dice. –Ustedes saben tan bien como yo que necesito este trabajo para que todos podamos mantenernos a flote y lanzar nuestro negocio como se merece. Si yo fuera ustedes, me ofrecería a afeitarme esta hermosa cara yo mismo solo para cortejar al reclutador– Le doy una palmada en la espalda. –Eso suena como una de tus fantasías raras otre vez– –¿Estás en la parte que se supone que debemos agradecerte por graduarte temprano y cuidar de tus hermanos en quiebra? – pregunta Dominic con seriedad. –Porque se es así, tendrás que informar a la clase de tus expectativas– –Creo que deberíamos seguir adelante y darle los elogios de todos modos– le digo a Dominic. –Así estará más dispuesto a apoyarnos una vez que gane su primer billón y todavía estemos intentando graduarnos– Weston parpadea. –M honra que pienses que podría ganar mil millones de dólares tan rápido– –O tal vez estaba diciendo que a Dominic y a mi nos tomara unos años más terminar esta mierda– Todos compartimos cálidas sonrisas. Las bromas juguetonas son uno de nuestros métodos probados y verdaderos para lidiar con la ansiedad por el dinero. Lo habíamos aprendido durante nuestra adolescencia, una vez que Dominic y yo nos habíamos instalado realmente en la casa de los Hamilton. Nos había llevado alrededor de un año sentirnos lo suficientemente seguros como para dejar a los Hamilton entrar en nuestros corazones y tres más antes de completar el proceso formal de adopción y cambiar el apellido Hynes por Hamilton. El hogar que encontramos con Debby y Gary Hamilton era cálido, pero con problemas económicos. Weston es su único hijo biológico, y la llegada de dos hermanos adoptivos creó un hogar animado, pero en quiebra. Incluso si mis hermanas menores no se hubieran separado de nosotros antes de los Hamilton, ciertamente no habrían podido unirse a nosotros, y su perdida todavía me atormenta. He pasado años traumatizada y raspando el giro de los acontecimientos que nos separaron de nuestras dos hermanas. Cuando descubrimos que Kate había fallecido en nuestro primer año de universidad, todo solo empeoró. Se había convertido en víctima de la trata de personas. El mismo sistema que le falló a ella nos había ayudado a crecer. Todavía no podemos encontrar a Jessy. Habíamos podido descubrir que ella y Kate habían sido separadas en algún momento después de su acogida inicial conjunta. Me duele mucho considerar donde, o como, podría haber terminado. Especialmente cuando Dominic y yo estábamos prosperando. ¿Dónde está el maldito equilibrio en esto? Sin embargo, a pesar de esos primeros años tumultuosos en el sistema de hogares de acogida, Dominic y yo encontramos algo de estabilidad. Vimos que un futuro decente era posible. Recogíamos excremento de caballo por una escasa asignación mientras mamá Debby y papá Gary aligeraban la carga del estrés económico con un repertorio rotativo de chistes y alegría. Estábamos a una emergencia de la despensa de alimentos, pero nunca se sintió tan grave. No fue hasta que salimos por nuestra cuenta que nos dimos cuenta de que de lo jodidamente pobres que éramos en realidad. Paso la mano por mi teléfono, listo para pedir un maldito pollo teriyaki, pero también buscando una señal de vida de Mila. Desde que se fue, algo ha estado mal. Incluso tres semanas después sigue sin decirme que, pero lo presiento y busco alguna manera de equilibrar la presión. La única manera que sé es irme a LA y visitarla, pero después de comprar el anillo de compromiso y llenar el apartamento de papel higiénico, nos toca esperar. Asher: Hola nena. No he sabido nada de ti desde esta mañana. ¿Cómo van las clases? Ojalá pudiera abrazarte ahora mismo. Ha tardado más en responder, lo que achaco a sus clases. Y cuanto más tarda en responder, más necesito saber de ella, lo que me hace sentir como un imbécil codependiente. Observo el hilo de mensajes un momento y luego apago la pantalla. –¿Qué pasa? – pregunta Dominic en voz baja a mi lado. Ha empezado a hojear un menú de comida a domicilio del restaurante chico que acepta Bitcoin. –Nada– –Ah, bien. ¿Entonces por qué parece que estás intentando cagar un destornillador? – Parpadeo, mirándolo sorprendido. –¿Alguna vez has cagado un destornillador? – Weston nos mira desde el otro lado de la isla de la cocina que hace las veces de mesa del comedor. –¿Qué les hizo Mila con un destornillador? – Muevo las manos en el aire. –Retrocedamos. No hay destornilladores involucrados, a menos que Dominic haya tenido un accidente en la granja en su día y se haya olvidado de contárnoslo– –Bien, ¿y qué pasa? – Dominic lo intenta de nuevo. –Nada– repito. –Entonces déjame reformularlo– hace una pausa, lamiéndose los labios mientras piensa. –¿Cómo esta Mila? – Se me revuelve el estómago. Que se jodan mis hermanos por conocerme bien. –Supongo que está bien– –Lo supones– repite Weston. –Eso suena raro, viniendo de ti. Pensé que estaban conectados telepáticamente– –La telepatía solo funciona cuando usa su teléfono, lo cual lo hace menos estos días– Muevo la mandíbula de un lado a otro. Odio como mis hermanos pueden sacarme la verdad tan rápido. –No lo sé. Algo ha sido diferente desde que se fue, y no puedo entender que es– –¿Estás seguro de que no son nervios preboda? – pregunta Dominic. –Estoy seguro de nada en mi vida, de hecho. Pero juro por Dios que Mila es simplemente…distante– –Pero dijo que si– me recuerda Weston. –Quiere casarse contigo– –Lo sé – digo, aunque no lo sé. siento como si toda esta casa de cartas podría derrumbarse en cualquier momento. No solo con Mila, sino con lo que intentamos hacer aquí. con el negocio. Con todo. –Tal vez se dió cuenta de lo pobre que estoy y lo está pensando dos veces – –Estoy bastante seguro de que siempre ha sabido lo pobre que estás– bromea Dominic. –Si, pero salir con un chico pobre es diferente que casarse con uno– –Ella no es así– me tranquiliza Weston. –Sé que no lo es. Tú sabes que no lo es. Llevan tres años juntos. Probablemente solo esta estresada por la escuela– –Si, tienes razón– murmuro, pasándome los dedos por la parte delantera del pelo. Tengo muchas ganas de creerle, pero no lo hago. –Honestamente esperaba una especie de respuesta negativa de su padre. Supongo que aún no sé lo ha dicho– –Se enterará el día de la boda– ríe Dominic. –No puedo esperar a la prueba del traje– dice Weston, empujándome el hombro. –¿Dónde vamos a tener la despedida de soltero? – Sonrió con suficiencia. –Depende de si estas financiando esto o no– –Por supuesto. Cualquier cosa por mi hermano menor– dice Weston, tocándose el corazón con la palma de la mano. –¿Eso también se aplica a mí? – pregunta Dominic. –Primero tienes que querer casarte de verdad– responde Weston. –Y, ya sabes, salir con alguien– Damián frunce el ceño, mirando el menú de comida a domicilio que tiene en las manos. Sus gafas se le resbalan por la nariz y las sube con el dedo índice. –He salido con muchas chicas– –Has tenido sexo con muchas, lo cual no es lo mismo que tener citas– dice Weston Mientras mis hermanos siguen discutiendo sobres sexo versus citas, vuelvo abrir mi teléfono. Vuelvo a mi conversación con Mila, dándome cuenta de que la última vez que me había escrito hoy había sido a las nueve de la mañana, y ahora son las seis de la tarde. Mi estómago se desploma de nuevo. La llamo inmediatamente. Esto no está bien. El teléfono suena y suena mientras mis hermanos siguen discutiendo sobre las virtudes de los amigos con derecho a roce. Discutir en nuestra familia es solo otra forma de demostrar amor. La llamada se desvía al buzón de voz. Cuelgo, me levanto y envío otro mensaje a Mila. Asher: Cariño, ¿está todo bien? Has estado distante y eso me preocupa. Logro que mis hermanos vuelvan a la normalidad y pedimos nuestra comida china, desembolsando cantidades minúsculas de criptomonedas a cambio de la entrega caliente y grasienta. Justo cuando la comida llega cuarenta minutos después, recibo una llamada de un número desconocido de Los Ángeles. –¿Hola? – respondo, una parte de mi esperando que sea teleoperador, la otra mitad esperando que sea un cobrador. –Asher, gracias a Dios que contestaste– Es Mila. El alivio me inunda, rápido y ardiente. Casi me caigo de la sensación. –Cariño, ¿Dónde has estado? ¿Qué pasa? ¿Qué número es este? – –Estoy usando el teléfono de mi amiga. Siento no haber enviado ningún mensaje. Mi teléfono a estado funcionando de forma extraña– Chasqueo los dedos. Es solo el teléfono. Todo está bien. Al menos, eso quiero creer. –Me preocupo de que estuvieras muerta– Se ríe, pero suena triste, como si hubiera contado un chiste y no me hubiera dado cuenta. –No, todo está bien– El silencio florece entre nosotras. Tengo tantas preguntas para ella que no sé por dónde empezar. –¿Qué tal tu día? – pregunto finalmente. –Estuvo bien. Largo. Estresante– de fondo escucho a alguien decir: –¡Dustin, que pasa! – se me erizan los pelos de los antebrazos. –¿Y qué estás haciendo ahora? – –En una reunión con unos compañeros de clase– dice. Se oyen algunos vítores de fondo. Hay tanto ruido, dondequiera que este, que apenas puedo pensar en que quiero hablar con ella. No es el lugar para conectar o ponernos al día como necesitamos. –¿Puedes llamarme cuando llegues a casa? – –Si mi teléfono funciona– dice. –¿Necesitas que te envíe uno nuevo? – –Lo estoy arreglando – Muevo la mandíbula de un lado a otro mientras reflexiono sobre sus palabras. Algo anda mal. Un poco fuera de lugar, como charlar con alguien que se hace pasar por Mila. –Hey, mejor me voy– dice. –Te quiero, Asher. Hablamos pronto– La línea se corta antes de que pueda responder. Frunzo el ceño mientras guardo el teléfono en el bolsillo y busco mi comida. Me espera pollo teriyaki, y mi estómago gruñón está listo. –Entonces, te llamó– dice Weston mientras sorbe un poco de lo mein de res entre sus labios. –Eso está bien– –Si. Excepto que no usó su teléfono y estaba con Dustin– –¿Dustin? – pregunta Dominic, encorvado sobre su pollo a la naranja. –El rico imbécil con el que sus padres quieren que se case– Empujo mi comida, los aromas no me excitan como normalmente lo hacen. Empujo un bocado de pollo en mi boca. Después de masticar pensativamente, añado: –Creo que necesito ir allí– –¿A Los Ángeles? – pregunta Dominic. –No, a Shanghái– le doy una patada en la pierna en el sillón a mi lado. –Si, a Los Ángeles– –¿Ya venden boletos de avión con criptomonedas? – espeta Weston. –No– Vuelvo a clavar los palillos en la comida y entonces capto la mirada de Weston. –Estaba pensando que tal vez podrías vender una o dos acciones por mi– Weston deja escapar un gemido exagerado. –Tienes que estar bromeando– –Amigo, algo anda mal con Mila. Solo necesitamos vernos, ¿sabes? Probablemente sea su padre el que está poniendo las cosas raras de alguna manera. Es decir, ¿no es así siempre? probablemente la está rastreando. No sé, solo necesito verla– –Se que extrañas a tu novia…– empieza Weston. –Prometida– corrijo bruscamente. –Cierto, tu prometida. Pero eso no justifica vender acciones para que puedas pagar un boleto de avión– Weston baja la cabeza y me lanza una mirada de advertencia por encima de su contenedor de comida. el administra la fortuna familiar, como me gusta llamarla. En realidad, es una cartera expertamente diversificada de acciones, bonos y más que Weston administra y hace crecer para nosotros para que podamos cosechar los dividendos cada trimestre. Es una de las principales razones por las que podemos mantenernos a flote en Manhattan: su ingenio. –Tenemos que ser inteligentes. Tenemos recursos limitados hasta que consiga este trabajo o consigamos algunos clientes tempranos para nuestro negocio. –Pero algo anda mal. Lo sé – tomo otro bocado de comida, desconcertado por lo soso que me parece. Eso por sí solo es señal que hay que hacer algo. –No puedo explicarlo– –Creo que estás nervioso– ofrece Dominic. –Al diablo con tus nervios– le digo. –Mila y yo estamos conectados, ¿de acuerdo? – apuñalo con rabia un trozo de pollo y entonces me doy cuenta de que ya no tengo hambre. Dejo el recipiente y me recuesto en el sofá, entrelazando los dedos sobre mi frente. –Ha estado actuando raro desde que se fue. Y tengo que averiguar por qué–
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