MILA
El timbre de mi teléfono en la otra habitación me provoca otra oleada de nauseas.
Me arrastro fuera del sofá y me dirijo a trompicones al baño de la planta baja. Vomito de ansiedad número cinco de la semana: cinco.
Mientras me limpio la cara y me preparo para recoger mi teléfono, otra oleada de pavor me invade. Ha sido de las pocas constantes en estos días, junto con una confusión absoluta y una profunda perdida. Sin mencionar una tristeza profunda y penetrante.
La decisión que tomé de seguir el camino que Tom, y mi padre, quieren para mí, tuvo un alto costo. No solo renunciar al hombre que amo, sino desarraigar toda mi vida tal como la conozco y comenzar de nuevo.
Papá: Los de la mudanza llegaran en diez minutos. Prepárate.
Respiro temblorosamente. Los empacadores han estado entrando y saliendo de mi apartamento durante la última semana, preparando todo para la mudanza. Apenas les he puesto atención, excepto para indicarles que dejen en paz las cosas personales debajo de mi cama. Había recogido cada vestigio de Asher allí, evidencia del amor que mi padre nunca podrá tocar, que nunca borrará.
Ese amor que continuará por el resto de mi vida, este o no con Asher. Porque no solo estoy aceptando lo que Tom quiere para mí. también estoy haciendo lo que es mejor para Asher. ¿Cómo puedo ser tan absolutamente miserable honrar a dos hombres a los que amo tanto?
Tampoco tengo esperanzas de que este sentimiento desaparezca. Tengo las manos atadas. No puedo decirle a Asher toda la verdad. Si lo hago, se enojará. Pondría en peligro su propio futuro. Arruinaría todo por lo que él y sus hermanos han luchado. Asher demolería su propia existencia para despotricar contra mi padre. Y eso no ayudaría a nadie. Como mínimo, quiero que Asher y sus hermanos alcancen su sueños. Eso sí que puedo dárselo.
Intento mejorar mi apariencia en el espejo del baño, pero es prácticamente inútil. No hay forma de ocultar la hinchazón por llorar a diario durante las últimas tres semanas. El maquillaje ayuda a que mi piel se vea menos pálida, pero nutrirme ha pasado a un segundo plano mientras lloro la perdida de Asher y lucho por racionalizar como puedo hacerle esto. Incluso mi chef personal está preocupado por lo poco que como. Se que todos están informando a mis padres, pero hasta ahora, mi madre y mi padre no me han dicho ni una palabra sobre mi preocupante comportamiento.
Probablemente no les importa. Su única preocupación es que Asher desaparezca de mi vida. Y técnicamente no lo he logrado del todo. Había conseguido pedir un tiempo hace dos noches por teléfono, escondida en el armario del departamento de un compañero de clase. Las medidas extremas son todo lo que me queda en mi caja de herramientas. Mi padre supervisa el uso de mi teléfono como un halcón, incluso a quién envío correos electrónicos y cuánto dura cualquier llamada con un número de Nueva York, para que no me comunique con Asher a escondidas.
Después de que mi ama de llaves me delatara por usar su teléfono para llamar a Asher, mis opciones se han reducido a las r************* y la telepatía. Hace dos semanas, mi padre me había dicho que no mas comunicación era permitida. Le había asegurado que todo había terminado.
Excepto que no es así. Y ahora Asher viene a los Ángeles. Destacando todo su plan a través de mensajes de texto que mi padre probablemente está devorando como oso a la miel.
Papá: El conductor viene detrás de ellos.
Entro a trompicones en el vestíbulo de azulejos blancos de mi apartamento, mirando a mi alrededor el entorno despojado. Todos los toques de color que había añadido, desde los emocionantes ramilletes dorados de ramas decorativas hasta los pedestales negros en espiral que había elegido para mis velas favoritas, han desaparecido. Empacado. Esperando un nuevo hogar, en un nuevo vecindario. Me había encantado este lugar y no tengo ningún deseo de mudarme.
Mi padre había insistido en un nuevo entorno para mí. Un nuevo hogar que encaje mejor con la futura CEO, había dicho. Pero en realidad, se ajusta mejor al actual CEO. Mi apartamento había sido más pequeño, con solo dos habitaciones libres, ninguna de las cuales cumple con los estándares de mi padre para pasar la noche de visita. No es que alguna vez necesite usar el departamento para quedarse, aunque creo que este aspecto influyó en la decisión de mejorar mi espacio vital.
Esta nueva casa cuesta la modesta cantidad de tres millones de dólares y tiene dos suites principales. Sospecho que mis padres planean reclamar una para ellos, probablemente para poder vigilarme mejor durante sus visitas aleatorias y frecuentes a la costa oeste. Ubicada a un par de millas de la ciudad, la casa esta escondida en su propio oasis privado de Stanford. Impresionantes vistas de las montañas a lo lejos, junto con una piscina infinita en el suelo, me ruegan por tener una fiesta de inauguración de la casa.
Excepto que mi invitado favorito no puede asistir. Y por diseño de mi padre, ese mismo invitado ni siquiera sabe dónde está esta nueva casa.
Otra oleada de la tristeza me invade, pero la trago cuando llama a la puerta. Los de la mudanza han llegado. Fuerzo una sonrisa de la única manera que sé y dejo a un lado las emociones que me han estado reteniendo como rehén durante semanas.
–Señorita Cargill– dice el hombre de la puerta después de consultar su orden de trabajo. –Estamos listos cuando usted lo esté–
Nunca estaré lista. No en mi corazón. Todo mi mundo me ha traído a este punto, pero todo dentro de mi quiere ir en la otra dirección.
Lo único que me mantiene en el camino es el hecho de que siento que es lo correcto. Darle a Asher y a sus hermanos la oportunidad de prosperar. Elegir el negocio familiar. Convertirme en la CEO que mi padre y difunto hermano quieren que sea. Seguir este camino cuidadosamente trazado que sé que se ha construido, minuciosamente, a lo largo de los años especialmente para mí. incluso si no me encanta, es lo correcto.
A veces las decisiones más difíciles son las correctas. Tengo una lista cada vez mayor de mantras que salpican mis horas de vigilia. Tienes un legado que defender. Nadie te dijo que sería fácil.
Dirijo a los de la mudanza lo mejor que puedo, vigilando de cerca la caja de objetos personales. Conociendo a mi padre, no puedo descartar que de alguna manera sepa que las últimas cosas de Asher están guardadas allí, incluyendo la bolsita con cordón de cristales de playa del color de la misma tormenta azul de sus ojos.
Una vez que los de la mudanza están empacando lo último del camión, me meto la caja bajo el brazo, agarro mi bolso y dejo que Randy, nuestro conductor de la costa Oeste, me lleve a mi nuevo hogar.
Solo había estado allí una vez antes, cuando mis padres me enviaron una larga lista de posibles propiedades para visitar. Les había ofrecido mis preferencias, pero esta ni siquiera está entre las tres primeras. Solo puedo asumir que habíamos sido demasiado lentos o que habíamos ofertado demasiado bajo para asegurar la casa que realmente quería.
¿Y realmente que importa? Este es un regalo. No puedo decir nada. Aunque deseaba desesperadamente elegir una casa para mí, incluso si mi elección era drásticamente más pequeña y estuviera en una parte diferente de la ciudad, no es así como funciona esta transacción.
Mi padre toma las decisiones. Todo sucede según sus gustos. Según sus deseos. Y todos a su alrededor observan como la tenaza se aprieta más fuerte.
–¡Cariño! ¡Bienvenida a tu nuevo hogar! – Mi madre esta allí, en el callejón sin salida pavimentado con pizarra de la casa de estuco de dos pisos que, según el agente inmobiliario, había sido una de las primeras residencias de Jenifer Aniston. Había visto a Jenifer Aniston en esa serie Friends, que Asher me hizo ver con él en Netflix una vez, así que será el tema de conversación, al menos para futuros invitados.
–Gracias, mamá– intento forzar la sonrisa de nuevo, pero no logra iluminarse. Mis mejillas se crispan y me rindo. Salgo del coche a rastras, con las extremidades lentas y pesadas.
–Deja de encorvarte– espeta en voz baja. –Pensé que ya no eras así después de cumplir los trece–
–Debo estar en regresión– murmuro, enderezando la espalda. Mi cuerpo claramente quiere encorvarse en posición fetal y permanecer allí durante un año hasta metamorfosear en una versión diferente, descansada y sin emociones de mí misma. Pero hasta entonces, encorvarme es lo único que tiene sentido.
–¿Todo salió bien en el antiguo lugar? –
–Claro. Si. Genial. Esta vacío y listo para la siguiente persona– Me cuelgo el bolso al hombro y agarro mi caja de recuerdos de Asher.
–¿Qué hay ahí adentro? –
–Solo mis cosas personales, no quiero que toquen los de la mudanza– le digo. –Mis pendientes, pulseras y esas cosas–
Mi madre sorbe por la nariz y asiente, sin escuchar. –Vine a ayudarte a instalarte. ¡Este es un gran día! ¿No estás emocionada? –
Emocionada ni siquiera está en las cien palabras más comunes que usaría para describir como me siento, así que solo digo. –Mmm. Si–
Mi teléfono vibra intermitentemente desde dentro de mi bolso, lo que significa, nuevos mensajes entrantes. Sigo a mi madre por los escalones de mármol mientras saco mi teléfono.
Asher había escrito en i********::
Asher:¿Sigues recibiendo mis mensajes? Acabo de intentar llamarte y va directo al buzón de voz. ¿Bloqueaste mi número, carajo?
Asher: ¿Cómo demonios pasas de estar comprometida a tomarte un tiempo y luego bloquear mi número?
Asher:¡Mila, respóndeme!
Las náuseas me recorren el cuerpo, erizándome los pelos del brazo. No lo había bloqueado. No necesito adivinar quién lo hizo.
–Mila, ¿estás bien? – pregunta mi madre, pero su voz suena a un millón de kilómetros de distancia. Paso junto a ella, dirigiéndome al medio baño que esta justo dentro del vestíbulo principal.
Entro por la puerta y corro hacia el inodoro impecable, abriendo la tapa de un tirón para poder expulsar sin gloria otra ronda de bilis.
Me desplomo frente al inodoro y tengo arcadas un par de veces más. Los tacones de mi madre resuenan sobre las lisas baldosas grises. La puerta del baño se cierra un momento después, mi madre en el lado equivocado.
–¿Estas embarazada? –
Cierro los ojos con fuerza. –No– Solo estoy destrozada por la angustia.
–Si lo estás, tienes opciones– continúa en voz baja y calculadora. –Y si es suyo, sugiero que nos ocupemos de eso inmediatamente–
–Yo…yo no…–
–No te avergüences– me aconseja mi madre. –Todas hemos pasado por eso. Pero debes saber que habrá limites en nuestro apoyo si es suyo y decides tenerlo–
Ahí está de nuevo. La ilusión de la elección. Me aparto del inodoro, respirando hondo.
–No estoy embarazada. Solo estoy muy triste–
Frunce los labios. Me levanto tambaleándome y ella me da un rápido apretón en el hombro.
–Superarás esto– dice, mirándome con una mirada significativa. Y ahí mismo, puedo ver lo que está intentando. –Duele por un tiempo. Pero luego desaparecerá – Su garganta se contrae y luego repite.
–Todos hemos pasado por eso–
No estoy segura de sí agradecerle o apartarla. Así que me arrastro hasta el lavabo para echarme agua en la cara. –Supongo que la casa es mía ahora– grazno. –Una vez que vomitas en ella, es tuya–
Mi madre chasquea la lengua. –No seas grosera, querida. Te veré afuera–
Aprieto los dientes mientras miro mi reflejo. Había pasado horas perfeccionando mi apariencia hoy, para verme saludable, viva, arreglada. Pero debajo de la apariencia de base, fijador en spray y rímel de larga duración, soy una niña pequeña que solo quiere que la abracen.
Asher se habría reído de mi broma y me habría abrazado hasta la mañana siguiente.
Aquí en mi nuevo y perfecto paraíso de estuco, los fríos vientos de la soledad amenazan con congelarme en el acto.
Mi teléfono vibra desde la encimera de mármol. Se que se Asher, porque estaré conectada a él hasta el día de mi muerte.
Asher: Me voy a Los Ángeles esta noche. Vamos a resolver esto, Mila.
Asher: Tienes que dejarme arreglar esto.
Pero no hay solución. No para él. Todo está arreglado, y él no puede ser parte del asunto.