¿Por que no luchas por mi?

2938 Words
MILA Las siguientes veinticuatro horas trascurren dolorosamente, cada hora es una eternidad mientras espero lo que viene después. Temprano el sábado por la mañana, después de no haber podido dormir del todo la noche anterior, decido que necesito llegar a un acuerdo con mi padre. Me levanto de la cama a las siete de la mañana, preparo el café más oscuro que puedo preparar y llamo. –¿Por qué la llamada temprana? – pregunta mi padre en lugar de saludar. –No me digas que ya te quedaste fuera de tu nueva casa– El revoltijo en mi estómago me obliga a lanzarme de cabeza. –Asher viene de camino a Los Ángeles– –¿Y? – –Viene a verme– –¿Por qué demonios lo invitarías a verte después de nuestro acuerdo? – su voz tiembla con rabia apenas disimulada. Siento un vuelco en el estómago mientras observo el suelo de piedra gris de mi cocina. Todo es precioso en ese lugar. Simplemente no es lo que yo hubiera elegido. –No lo invité. Te lo digo porque intento ser un ser humano decente. Pero la verdad es que necesito verlo una última vez. Solo para terminar con esto– –Me dijiste que había terminado– –Es un proceso– espeto. –Llevamos tres años juntos– –Tres años no son nada– –Es mucho para nosotros– digo con voz entrecortada. –No es como una luz que se apaga con un interruptor. Hay sentimientos involucrados. Estas cosas son…delicadas– No puedo creer que necesito explicarle esto a un hombre adulto. –Sea lo que sea, estás oficialmente en una situación de negocios. Los negocios triunfan sobre las emociones. ¿Cuántas veces has escuchado esto en tu vida? ¿Cuándo finalmente lo vas a entender? – Las lágrimas calientes llenan los bordes de mi visión. –Esta es una excepción a la regla. Asher no es un negocio. Lo que sea que piense al respecto, hemos tenido una relación durante años…– –Y las relaciones terminan. Sigues adelante. Estás siguiendo adelante. Fin de la historia. ¿Para esto es que llamaste? – Me está despidiendo. Todo en su tono dice que es hora de irse. –Te digo que solo necesito un último encuentro con él– digo en voz baja y temblorosa. Después de las últimas semanas, tengo los nervios de punta, todas mis reservas de compostura se han agotado. ­ –Media hora. Eso es todo. La única razón por la que viene aquí es porque no he podido hacer una transición sin problemas– –Eso suena a una falta de gestión decisiva– Su intensidad intencionada pasa de lo ridículo a lo exasperante. –¡Dios, papá! ¡Era mi novio, no un maldito empleado! No puedo salir de esto, así como así– –Pero ahí es donde te equivocas, Mila. Puedes salir airosa de cualquier cosa. Esta es una de las lecciones que tendrás que aprender rápidamente antes de tomar el control. Todo es cuestión de estrategia. Y si eres sabia, y he luchado con todas mis fuerzas para asegurarme de que lo seas, tu estrategia para tu pareja romántica estará estrechamente entrelazada con tu plan de negocios. Cuando un matrimonio se arregla correctamente, la pareja ideal no está tan lejos de ser un empleado asalariado– La tristeza me invade en densas oleadas que amenazan con asfixiarme. Cuando un matrimonio se arregla correctamente. –¿Entonces crees que mamá es una empleada asalariada? – susurro. –Es mi compañera perfecta– responde, sin inmutarse. –En la familia y en los negocios ¿Qué más puedo pedir? – –¿La amas? – –Somos muy felices juntos– Cierro los ojos con fuerza. –Por favor, déjame ver a Asher una vez más– –Absolutamente no. Espero que te estés adaptando a la nueva casa– La línea se corta. Se me escapa un sollozo y me tapo la boca con una mano. Estoy tan cansada de llorar. Cansada de esta tristeza que me llega hasta los huesos. Sin embargo, me siento condenada a vivir en este estado para siempre. Desde que Tom se quitó la vida, las cosas habían ido de mal en peor. Y ahora me veo obligada a apagar el único punto brillante en mi existencia. Paso las páginas de mi teléfono con torpeza. Tiene que haber una estrategia acechando en algún lugar. Se que Asher tiene que estar cerca. Se había venido de Nueva York la noche anterior. Y tal vez por eso no había dormido la noche anterior, sabiendo que Asher se acerca cada segundo que pasa. Reduciendo la distancia entre nuestros corazones. Perdiéndonos al alcance de la mano, pero a un mundo entero de distancia. Miro mi teléfono sin saber que busco. Asher ira al viejo apartamento. No sabe que me he mudado. Eso ha sido a propósito. No tengo forma de llegar al apartamento yo misma. El chofer no me llevará; no necesito preguntar para saber que mi padre ya ha puesto esta dirección en la lista prohibida. Y después de lo que pasó con mi ama de llaves, puedo imaginar mejor las formas en que mi padre me vigila desde todos los ángulos. El vicio en el que vivo se hace más fuerte. Cada día que pasa. Y se siente más fuerte que nunca dentro de esta hermosa casa, impregnada del gusto y la vida de otra persona. Aquí adentro, Mila Cargill no importa. Solo soy un peón en un juego más grande e importante. Y lo peor es que yo he elegido esto. No estoy loca; no estoy enferma; no hay ningún psiquiatra que pueda dar fe de mi estado mental no apto. Yo he elegido esto, con mi propio cerebro y libre albedrío. ¿En qué te has metido?>> Respiro hondo mientras miro mi café, buscando respuestas en el color caramelo. Asher ira al departamento. ¿Cómo podré estar allí con él? La idea se forma menos como un rayo y más como una revelación glacial. La aplicación del timbre todavía está instalada en mi teléfono. Lo que significa que puedo verlo, como mínimo. Mi ritmo cardiaco se acelera mientras paso las pantallas. Presiono el icono, conteniendo la respiración. El porche delantero de mí antiguo apartamento, tranquilo y vacío, llena la pantalla. enciendo el sonido e incluso puedo escuchar el lejano trino de los pájaros. Mierda. Pongo mi teléfono en su base de carga y pego mis ojos en la escena en mi antiguo lugar. Me quedaré aquí todo el día mirando si es necesario, cualquier cosa por ver a Asher. Esta es la peor despedida que pude haber imaginado para nosotros. Ni siquiera en mis peores pesadillas había previsto esta terrible conclusión. Solo espero que haya alguna manera de arreglar las cosas por él algún día. Arreglar las cosas por mí. Deambulo por mi cocina durante la siguiente hora, preparando jugo y haciendo palomitas de almendras, escuchando constantemente cualquier señal de movimiento en el condominio. Un par de simulacros me ponen nerviosa: un grito lejano calle abajo, los pies arrastrando del cartero. Los segundos se convierten en horas, y quiero salirme de mi piel más con cada tic tac del reloj. Asher tiene que estar cerca. ¿Dónde está? Otra cafetera acaba de terminar de prepararse cuando oigo los pasos. La respiración agitada. El golpe sordo sobre la puerta principal de mi antiguo apartamento, bum, bum, bum. –Mila. Soy yo– la voz áspera de Asher hace que mi taza de café caiga al suelo. Se rompe en pedazos a mis pies, pero no puedo apartar la mirada de la pantalla de mi teléfono. –¡Mila! – llama de nuevo, más fuerte. –Mila, estoy aquí– Pasan segundos silenciosos, y el apoyo las palmas de las manos contra mi puerta principal. –Mila. Por favor– golpea la puerta tres veces más. Asher niega con la cabeza, pasando los dedos por el desordenado cabello. Apoya las manos en las caderas, mirando hacia la calle, lo que me permite vislumbrar su rostro. Oh, que estresado se ve. Que demacrado, flácido y vacío. Reprimo una oleada de nauseas, demasiado familiar para mí en este momento, mientras absorbo los efectos físicos de lo que le he hecho a este hombre. A mi hombre. El hombre al que supuestamente amo más que a nada ni a nadie en el mundo. No hay nadie vivo a quién ame más. Pero de una manera retorcida, lastimarlo lo beneficiará. Esquivará la ira de Conrad Cargill. Asher piensa que la opinión de mi padre no importa, pero está equivocado. No hay forma de escapar de mi padre cuando está decidido a cumplir su palabra. Su promesa de arruinar a Asher me asustó muchísimo. –¡Vamos, Mila! ¡Abre! – El grito áspero de su voz me saca de mi estupor. Se dirige al jardín, ahuecando las manos alrededor de su rostro mientras mira por la ventana de la sala. –¿Qué demonios? ¿Dónde están todos los muebles? – Cuando regresa a la losa de cemento del porche, entrelaza los dedos detrás de la cabeza, mirando fijamente la puerta. No puedo ver su rostro, y daría casi cualquier cosa por verlo. –Mila, ¿estás ahí? Solo necesito que abras– dice finalmente, dejando caer los brazos a los costados. Mira a su alrededor, finalmente, localizando la cámara del monitor de mi timbre. Y esta vez me mira directamente. –Por favor, háblame. Solo háblame, cariño. Podemos resolver esto. Te lo prometo– Suena destrozado, a punto de llorar. Cada gramo de emoción nada en su rostro, un desfile descarado para que lo vea. Tú le hiciste esto. Y ahora no puedes deshacerlo>>. La voz de mi conciencia me grita. –No sé qué hice mal, Mila, pero te prometo que lo arreglaré. ¿Me oyes? Somos más grandes que esto. Somos mejores que esto. No puedes hacerme esto. No puedes simplemente cerrarme la puerta en las narices y salir corriendo– Las lágrimas corren por mis mejillas mientras habla. lo alcanzo, agarrando el aire, con el corazón astillándose en fragmentos mientras observo su hermoso rostro contorsionarse de dolor. Finalmente recobro la consciencia y busco a tientas mi teléfono, presionando el botón del intercomunicador. –Asher– digo con la voz ahogada. –Mila– Su voz se quiebra y se pellizca el puente de la nariz. –Gracias al maldito señor. ¿Podemos hablar? ¿Dónde están los muebles? ¿Qué está pasando? – –Ya no vivo allí– digo mientras un sollozo sale de mí. –Mi papá consiguió una casa nueva. No he podido contactarte a ti ni a tus hermanos por teléfono. Cerró todo– Las palabras salen a borbotones de mí, desesperada por decirlo todo en lo que parece los pocos segundos que quedan hasta que mi padre vuelva a tomar medidas drásticas. –¡Dios mío, Mila! – gime Asher, pasándose las manos por la cara. –Eres su maldito rehén– –Asher, deberías irte– digo temblorosamente. Seguridad llegará en cualquier momento. No puedo creer que realmente nos estemos comunicando, y además a través de una tecnología que mi padre pago. –Se que tu padre te está dando problemas por nosotros– empieza, con la voz quebrada mientras vuelve a mirar directamente a la cámara. –Y he estado pensando en lo que dijiste…con dudas y todo. Y está bien, está bien, yo solo…– hace una pausa, tirando de la parte delantera de su pelo mientras mira a la calle y de nuevo a la cámara. –¿No podemos hablar de ello? – Mis lágrimas se han transformado en sollozos. Se merece eso y mucho más. La desesperación surge como un tornado dentro de mí, quitándome la respiración y la concentración. –No quiero rogarte así para siempre, Mila– dice Asher, con la voz quebrada de nuevo. –¿Estás ahí? – –Estoy aquí– digo. Las palabras de mi padre resuenan en mi cabeza, donde viven permanentemente, manchando mi existencia. Totalmente inferior en todos los sentidos imaginables. Eso es lo que piensa de Asher, pero yo conozco la realidad. Asher es el único hombre que ha luchado por mí. Que pagaría un vuelo de ida y vuelta para llegar a mí, aunque apenas tenga dinero suficiente para vivir. No puedo seguir robándole su amor y energía cuando no llegará a ninguna parte, solo me hace sentir peor. Mas egoísta. Mas inútil. –Vamos a vernos– la suplica, forzando su voz, provoca otra ronda de lágrimas. –Solo déjame ver tu hermoso rostro una vez más, cariño. Se que podemos resolver esto– –No podemos, Asher– susurro, con la voz cargada de emoción. –Simplemente no hay manera– ­–No digas eso…– –No lo entiendes– espeto. –Me equivoque. Pensé que podría funcionar, pero no puede. ¿De acuerdo? Me equivoqué sobre nosotros. Te amo, Asher– digo con voz entrecortada, sintiéndome mareada y como si pesara mil libras al mismo tiempo. Me sorprende poder hablar a través de todas las lágrimas. –Pero el amor no es suficiente– Usa el cuello de su camiseta para limpiarse el labio superior. Luego seca una lagrima de la mejilla. Dios, está llorando, y eso me quiebra cada vez más . –Dios, ¿te oyes? – dice. Camina por el porche un par de veces y luego vuelve a presionar las palmas de las manos contra la puerta principal. Entonces desata su furia, golpeando tan fuete que parece que la puerta se va a partir en dos. ¡Bam, bam, bam! Cada portazo me perfora el corazón aquí en mi nueva casa a las afueras de Stanford, y me cubro la cara con las manos y sollozo. –Mila, ¿te oyes? Estás llorando. Tiene que estar obligándote a decir estas cosas. ¿Qué te está aculatando? –Nada–digo con dificultad tras un nuevo sollozo desgarrador. –No sé qué más decirte– Un mensaje de texto aparece en la parte superior de mi pantalla. Conrad: ¡¡¡Deja de interactuar con él!!! Puedo imaginarlo intentando como un demonio cerrar la aplicación desde donde quiera que está. Probablemente ha estado observando todo este tiempo, llamando al soporte técnico, derrumbándose de su manera silenciosa y letal. Me quedan unos segundos con Asher. Si acaso. –Por favor, intenta olvidarte de mí– susurro, ahuecando mi rostro con las manos. Me duelen las mejillas por lo contorsionada que esta mi cara por los sollozos. Un llanto horrible en su máxima expresión. –Sigue adelante– La respiración de Asher se hace más pesada, y luego se oyen pasos adicionales. Dos hombres suben al porche. Los guardias de seguridad de mi padre han llegado. –Tienes que irte. Inmediatamente– declara uno bruscamente. –Gran jodida sorpresa– dice Asher, sin molestarse en ocultar la emoción que le obstruye la garganta. Nunca lo había visto así antes. Tan absolutamente devastado. –Por favor, sal de la propiedad– dice el otro guardia. –Solo dame un segundo– dice Asher, con los hombros hundidos. –Estoy en medio de algo– –No estás en la lista de visitantes aprobados y vas a tener que irte. Ahora– La tercera advertencia es la última. Ambos guardias intentan atrapar a Asher. El los esquiva, pero contra cuatro brazos corpulentos, no tiene ninguna posibilidad de evadirlos. Lo capturan fácilmente, aunque lucha contra su agarre. –Dios, maldita sea– espeta Asher, tambaleándose para liberarse. –Conrad contrato matones, ¿eh? Mila, ¿ves esto? ¿Por qué no luchas por mi, carajo? ¿Después de todo lo que hemos pasado? – Asher continúa despotricando contra mí y mi padre mientras los guardias lo arrastran, pero cuanto más lo llevan menos puedo oír. Se lo llevaron, con los brazos bajo las axilas, hasta que finalmente la cámara muestra una escena tranquila en el porche delantero una vez más. Los pájaros pian. La tuja, podada e impecable. Líquenes de encaje trepando por la esquina de apartamento. Todo perfecto. La verdad yace más allá de los bordes del marco. Fragmentos de nuestros corazones están esparcidos por todas partes, fuera de la vista. Los restos de nuestras promesas. Nuestras esperanzas. Nuestras expectativas. Ninguna de ellas puede resistir lo que la vida me había dado. La presión imposible que mi camino de vida me tiene reservado. Solo puedo imaginar lo destrozado que está Asher. No se recuperará rápidamente de esto. Yo tampoco. Ya me estoy castigando por ello. Tal vez debería haber reprimido mis sentimientos al principio. Tal vez podríamos haber evitado todo este dolor, angustia e incompatibilidad de caminos de vida si tan solo hubiera visto lo que vendría cuando nos conocimos. Y ahora es mi culpa que Asher se esté desmoronando, se veía hundido y vacío. La razón por la que había estado estresado, preocupado y distraído. Al igual que es mi culpa por no esforzarme más para salvar a Tom. Fue mi culpa por haberme envuelto en mi propio mundo. Opté por pasar tiempo con mis amigos la noche en que me envió su último mensaje. No lo protegí del resplandor implacable de este mundo en el que habíamos nacido. Aunque era más joven, siempre lo había manejado mejor. Y siempre lo había sabido. Soporto cada gramo de esta carga. Una carga que solo puedo soportar por el bien de los dos hombres que amo más que la vida misma.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD