ASHER
–¿Alguna vez vas a dejar esa cosa? –
Weston acompaña sus palabras con el arco condescendiente de una ceja que sabe que me irrita. Aprieto la caja del anillo con más fuerza en mi palma y le lanzo la mirada más mortal que puedo.
–¿Alguna vez vas a dejar de ser molesto? –
–¿Algún día dejarán de ser ridículos? – pregunta Dominic desde la cocina, que apenas es una área separada en nuestro armario de Manhattan, demasiado estrecho para respirar, al que llamamos hogar. incluso entre tres, el alquiler sigue siendo tan caro que vender un órgano no está del todo descartado.
–¿Algún día dejarán de hacer preguntas? – replico. El silencio se extiende por el apartamento mientras todos nos sonreímos con suficiencia.
–Apuesto a que dormirás con el debajo de la almohada esta noche– dice Weston finalmente.
–Que te jodan– ofrezco, señalando en su dirección, donde yace en el sofá de dos plazas, con un libro de texto abierto sobre las piernas. –Si, lo haré–
–Deberíamos llamarlo el portador de los anillos– murmura Dominic mientras se dirige perezosamente hacia el sillón reclinable de nuestra sala. De nuevo, no es tanto una habitación como un área general en la que se realizan todas las actividades. Sin embargo, este lugar es un paso delante de nuestro apartamento durante nuestros años de licenciatura en Columbia. En aquel entonces, teníamos un auténtico estudio con paredes imaginarias y una sábana como puerta del baño. Ahora, tenemos uno de dos dormitorios y nos turnamos para compartir el segundo dormitorio cada pocos meses. Un lujo, solo compartir un dormitorio con tus hermanos durante la mitad del año.
–Qué curioso– replico. –Aunque planeo ser el novio. ¿Quizás alguno de ustedes podrías ser el portador de anillos? –
Mis hermanos me han estado dando lata durante aproximadamente un año sobre la compra de este anillo. Saben lo mucho que significa para mí, pero, por supuesto, no se puede ignorar ninguna oportunidad de bromas entre hermanos.
–Voto por Dominic, con su insaciable apetito por la interacción humana– espeta Weston mientras Dominic se acomoda en el desgastado sillón reclinable marrón frente a la cocina.
Dominic se levanta la comisura del labio; sus gafas redondas de montura metálica lo hacen parecer un informático de principios de los noventas al estilo de Bill Gates. Pero con el pelo mucho mejor.
–Preferiría estar codificando, gracias– cuando las miradas de Weston y las mía se posan en Dominic, añade. –Pero obviamente me tomaría un descanso para ir a la boda–
–Mas te vale– le advierto. –Pero tan pronto como empieces a pasártela bien, tienes que irte. Porque ningún hermano mío, nerd y recluso, puede ser pillado pasándola bien–
Dominic intenta lanzarme una mirada fulminante, pero una sonrisa se dibuja en sus labios, rompiendo la fachada. –Depende de donde la tengas– dice Dominic, pasándose una mano por su cabello castaño miel. –Si estás pensando en una boda por la iglesia, creo que podemos contar con que nadie la pase bien–
Weston le da una patada a Dominic en la rodilla, lo que provoca un ceño fruncido.
–Creo que la respuesta correcta es, “Hermano, me la pasaré bien en tu boda sin importar donde sea– corrige Weston.
–Eso espero, mierda– digo, echando un vistazo dentro de la caja por última vez. Una constelación de increíblemente cara de diamante me guiñe el ojo, provocando otra oleada de emoción. Todavía no tengo un plan, y mucho menos un cronograma. Demonios, ni siquiera sé si acabaríamos casándonos por la iglesia. Solo sé que le pediré matrimonio a Mila la próxima vez que la vea, lo que probablemente no será hasta dentro de unos meses. Tengo tiempo de planear. Y por eso, la propuesta será perfecta. No me conformaría con nada menos.
Mi teléfono vibra en el bolsillo profundo de mis pantalones de chándal negros. Se que es Mila incluso antes de mirarlo. Mi cuerpo tiene una forma de avisarme cuando llama o envía un mensaje de texto. Es un poco raro, pero nunca me equivoco.
–¿Qué tal, vaquera? – pregunto al teléfono, sin dejar de mirar el anillo. Vaquera es uno de mis apodos preferidos para ella, nacido de un viaje particularmente dulce y sexy que hicimos a Kentucky el año pasado. Dulce porque había conocido a mamá Debbie y a papa Gary, y sexy porque me la había follado sin piedad en los acres traseros de la granja de mis padres bajo la luz de la luna llena. Le había maravillado el carácter rural de la casa de mis padres: las amplias franjas de campos de heno, las ondulantes granjas de caballos, la forma en que los tractores compartían los caminos con los coches. La llame vaquera una vez mientras se reía por el gallinero, y se me quedo.
–Oh, esa es Mila– dice Weston de la misma manera que siempre lo hace: una combinación de gemido y anuncio.
Mila se ríe desde el otro lado del país. –Hola, cariño. ¿Es un buen momento? –
–Si. Pero déjame cambiar de lugar– Me dirijo a mi habitación; soy el afortunado en este momento que no tiene que compartir. –Que se jodan, chicos– grito por encima del hombro antes de cerrar la puerta de una patada. –¿Dónde estábamos? –
–Creo que estabas a punto de decirme cuanto me extrañas– ronronea al teléfono.
Pongo el teléfono en altavoz y lo tiro sobre la cama mientras me pongo a seleccionar el lugar perfecto para la caja del anillo. –Es curioso que lo menciones, porque me estoy dando cuenta de que no hay palabras en este idioma que se acerquen a describir eso–
–¿Ni una? –
–Las que existen apenas arañan la superficie de lo mucho que te extraño– le digo mientras miro los estantes de mi estantería. Hay demasiado espacio allí; ella puede verlo mientras descanso en mi cama. No, este escondite necesita ser solido como una roca. solido como un diamante.
–Entonces, ¿Qué vas a hacer? ¿Simplemente aceptar el destino que este idioma te ha dado? –
Sonrió tan fuerte que me duelen las mejillas. –Cariño, me encanta cuando hablas así–
–¿Cómo? –
–Como uno de los jueces de Shark Tank–
Se echa a reír, y su ronca voz hace que tanto mi corazón como mi polla se hinchen. –Podemos agradecerle a mi papá por eso–
No quiero agradecerle nada. Un magnate de los negocios de unirse al elenco de Shark Tank; esa es una de las pocas buenas cualidades que le reconocería.
–Por eso, y por traerte al mundo. Pero eso es todo– Mila suspira profundamente, aunque no puedo distinguir si transmite molestia o acuerdo. Probablemente ambas cosas.
–Bueno, no lo condenemos todavía. Después de todo, me va a poner en un vuelo a Nueva York este fin de semana–
Un ruido chisporroteante me bloquea la vías respiratorias. Mis dedos se agarran por reflejo a la caja del anillo mientras una tos me atraviesa. –¿Disculpa? –
–No te ahogues y mueras antes de que pueda verte–
–No te preocupes, cariño. Incluso si muriera, sabes que te perseguiría hasta que estes conmigo–
Esa risa ronca me emociona de nuevo, provocando otra sonrisa que no podría haber borrado de mi cara ni, aunque lo hubiera intentado.
–Dios, te amo– dice Mila.
–Te amo más. ¿Cuál es la ocasión especial? ¿Alguien se casa? – Golpeo la caja del anillo contra mi frente mientras mi cerebro comienza a dividirse para conquistar los nuevos desafíos que tengo por delante. Pienso que he estado trabajando durante meses para planear la propuesta perfecta. Ahora estará en mis brazos en cuestión de días, y no estoy preparado.
Pero lo haré. Que Dios me ayude, voy a pedirle matrimonio a esta mujer cuando la vea.
Se ríe suavemente, pero suena sin humor. –Ah…no. Bueno, estoy segura de que a mi padre le encantaría que hubiera una boda. Pero no–
–¿Qué? –
Empieza a decir algo y luego se detiene. –Mila– me quedo mirando la pared del fondo de la habitación, donde mi poster de Elon Musk vigila eternamente mis pertenencias. –¿Qué significa eso? –
–No significa nada–
¿Qué demonios significa eso? odio cuando se hace la tímida de esa manera. Su boca a menudo es más rápida que su cerebro, y puedo leerla como un libro. Así que cuando intenta eludir un comentario como ese, tengo que cavar.
Cuando un largo suspiro se le escapa, sé que mi pala había dado en el clavo. –El organizó una reunión entre los DuPont y yo–
Conozco ese nombre, sé que lo conozco, de la misma manera que la gente menos culta conoce el nombre Rockefeller sin estar completamente seguros de porqué. –¿Para qué? –
–No lo sé. posiblemente colaboraciones comerciales, ahora que Dustin y yo nos graduaremos pronto…–
Dustin. Se me enciende la bombilla, pero ilumina una imagen que no quiero ni mirar. –Tu y Dustin, ¿eh? – Se que ella y el bastardo de cuello blanco van juntos a Stanford. Me lo había encontrado una vez en un evento benéfico, uno de los pocos eventos en su mundo al que el padre de Mila le había permitido llevarme. Tal vez “permitido” no es la palabra correcta. Me había colado y desde entonces me habían prohibido el acceso a las sombras. Dustin había sido un desastre repugnante y zalamero: pelo engominado, condescendencia arrugándole los ojos, una especie de disgusto aburrido que puntuaba cada murmullo y movimiento, incluso a mediados de sus veinte.
Recuerdo esta mierda porque es muy común en los círculos de elite. Mis hermanos y yo incluso teníamos una tarjeta de bingo para las señales más ostentosas de que estamos tratando con ricos imbéciles y gente de su calaña. Irónicamente, usar la palabra “calaña” está en la tarjeta de bingo.
–Estamos en el mismo programa…–
–Lo sé– aprieto la caja del anillo, un millón de preguntas diferentes brotaron a la vida dentro de mí. Las presiones conflictivas crearon un ambiente peligroso debajo de mi caja torácica. –¿Entonces, lo de la boda…tu padre quiere que te cases con él? –
–Creo…que si–
Un largo silencio se extiende entre nosotros y me siento mal. Por supuesto que su padre quiere que se case con Dustin. No me sorprende. En la lista de posibles prometidos, cualquiera con un plan de retiro esta automáticamente en la fila antes que yo. Pero al frente de la fila esta cualquiera que se parezca, hable y actúe como Dustin. El premio gordo por venir con dinero familiar.
No, lo que me sorprende es el hecho de que su padre está entrelazando el negocio de DuPont con el futuro de Mila. Esta es una oportunidad, fuera lo que fuera. Y tengo la profunda sospecha de que, sea lo que sea que quieran hablar de ello, incluirá un futuro brillante y mucho dinero. A Mila podría costarle decir que no.
–Entonces, ¿Cuándo le vas a decir que el único hombre con el que te vas a casar soy yo? –
Se ríe, pero suena triste. –Bueno, supongo que un buen momento sería cuando alguien haga la pregunta…–
Aprieto los dientes, mirando la caja del anillo en mi mano. ¿lo sabe? ¿puede sentirme sosteniendo este anillo de compromiso? Intento mantener la diversión fuera de mi voz, para que nada me delate. –En serio, Mila. ¿Cuándo va a aceptar que estamos juntos? –
–No lo sé. ¿una vez que obtengas tu posgrado? ¿Después de tu primer millón? Sabes que podrías acelerarlo e ir a trabajar para el–
Una risa amarga sale de mí, una que no puedo controlar. –Mila, te quiero, pero…–
–¿Pero ¿qué? – el tono acido de su voz me dice que estamos entrando en un nuevo territorio. Nunca hablamos de que yo trabajara para Conrad, porque es una idea que no puede existir en el mundo real. Al igual que los dinosaurios nunca reencarnaran usando zapatillas Chuck Taylor y tocando a Nirvana, yo nunca pasaría un solo momento de mi vida como la perra subordinada de Conrad.
–Hay otras opciones– me apresuro a añadir. No quiero decir “pero no te quiero tanto” porque no es verdad. A fin de cuentas, haría cualquier cosa para hacer mía a Mila. No importa cuánto fingiera, sé que pasar tiempo como la perra subordinada de Conrad es una posibilidad, pero solo si es la última opción. Simplemente me aseguraré de que ese resultado nunca llegue.
Cuando permanece en silencio más tiempo del que me hubiera gustado, añado: –Mis hermanos y yo estamos empezando nuestro negocio. Como si hubiéramos estado planeando durante años. Weston ya tiene una pista sobre algunos clientes potenciales, y si podemos conseguir diez clientes se convertirán en veinte. Veinte en cincuenta. Cincuenta en cien. Y muy pronto tu padre llamará a mi puerta para administrar su dinero–
–Lo sé. Creo en tu negocio. Pero sabes que hay otra rutas que no…tomarán tanto tiempo…–
Siento que se me erizan los pelos. Estoy acostumbrado a que todo el mundo dude de mí, pero no de mi Mila. –¿Tardarán tanto, ¿eh? –
–Empezar un nuevo negocio lleva tiempo. Requiere capital–
–No me digas–
–No me hables así, Asher. Solo estoy siendo realista. Tu fuiste quien me preguntó que se necesita. Bueno te lo dije–
Aprieto la caja del anillo de nuevo, la ansiedad se agita junto con la frustración. –No quise ser así. El me cabrea a mí, no a ti–
Se ríe tan suavemente que suena como un suspiro. –Lo sé, cariño. Y creo en tu negocio. Lo apoyo. Pero puedes hacer otras cosas antes de convertirte en millonario–
Abro la caja de terciopelo n***o y miro los brillantes diamantes que flotan sobre la banda de oro. Tal vez tiene razón. Tal vez la única manera de ponerle este anillo en el dedo es aguantarme y convertirme en la perra subordinada de Conrad.
Ella dirige la conversación hacia temas seguros: tareas escolares, anécdotas divertidas del día, recuerdos de la última vez que la hice correr. Hablamos hasta que empezó su siguiente clase, y entonces me quedo mirando a Elon Musk, agarrando la caja de terciopelo del anillo con más fuerza como si esperara que Conrad entrara y me la arrancara de las manos.
–Chicos– empujo la puerta de mi habitación, yendo directamente hacia mis hermanos. –¿Tienen un minuto? – La conversación con Mila me resonó como el movimiento de advertencia del bastón de un brujo con la punta de una calavera. Esto necesita ser abordado. Si no, un veneno secreto podría echar raíces y me descompondría de adentro hacia afuera.
–¿Qué pasa? – Weston levanta la vista de su libro; Dominic aparta su portátil sin decir una palabra, la señal más fuerte que sabe dar de que está escuchando.
–Me dirían si proponerle matrimonio a Mila es una mala idea, ¿verdad? – todavía aferrado a la caja del anillo. Puede que nunca la suelte. Con lo que su padre siente por nosotros y todo eso.
Miradas inescrutables se posan en sus rostros. Y esa mierda no em gusta ni un poco.
–Estaba hablando con Mila, y mencionó la idea de que podría tener que ir a trabajar para Conrad para…ya sabes…–
–¿Conseguir un sí? – termina Weston por mí.
–Mila dirá que sí, trabaje o no para su padre– digo.
–Me refiero a conseguir el sí de él– aclara Weston.
Le envió una sonrisa fulminante. –No estoy pidiendo su bendición–
–¿Por qué no? – pregunta Dominic.
–Si, probablemente pudieras congraciarte con el– dice Weston, tirando su libro sobre la mesa de centro torcida.
–Si le pido su bendición, me dirá que no. Además, las poses no me harían congraciarme con él. Solo le diría que su opinión importa, lo cual no es así–
El silencio se extiende por la sala, la primera señal de que mis hermanos no están de acuerdo conmigo. habían desarrollado este molesto habito a lo largo de los años. Cuando preferiría que salieran y pelearan conmigo, me dejan reflexionar sobre mis propias dudas y descontento primero.
Siempre me derrumbo primero. –¿Qué? –
Weston entrecierra los ojos. –Hermano, necesitas prepárate para esto–
–¿Para qué molestarme? –
–¿Por qué no lo harías? – replica Dominic. El tono de obviedad en su voz me hace inclinarme hacia él.
–No quiero perder el tiempo pidiendo la bendición de un hombre que apenas estornuda en mi dirección. Pensé que ambos lo entenderían–
–Si, lo entendemos– dice Weston con el tipo de mirada arrogante que me molesta muchísimo. –Pero eso fue antes de que planearas casarte con su hija. Este tipo podría hacer mil cosas diferentes para hacerte la vida difícil, cualquier día de la semana. Podrías seguir sus reglas por una vez y hacerte la vida un poco más fácil–
–Al diablo con sus reglas– aprieto la caja del anillo de nuevo, como para comprobar que sigue allí. comprobar que este sueño mío, convertir a Mila en mi esposa, sigue vivo.
–Eso es lo que siempre dices– dice Dominic.
–Y siempre lo digo en serio. Al diablo con sus reglas–
Dominic pone los ojos en blanco. –Vienes aquí a preguntar si proponer matrimonio es una mala idea y luego te enojas cuando te decimos la verdad–
Parpadeo rápidamente, girándome para que todo mi cuerpo este de cara a Dominic, para poder abalanzarme si es necesario. –¿Disculpa? ¿Querías que te golpee en medio de tu pequeña tarea de codificación? –
Se le escapa la risa y deja caer la cabeza hacia atrás en el sofá.
–Dios mío, Asher. Disculpa que responda a tu pregunta–
–No tienes que ser un maldito idiota– le respondo. La tensión burbujea en el aire entre los tres mientras reflexiona sobre sus palabras. Tiene razón, una que no quiero admitir en voz alta. Así que sigo diciendo: –Digamos que, en un universo alternativo, ustedes tienen razón–
–En un universo alternativo– repite Weston.
–Iría a reunirme con el y ¿Qué? ¿pediría la mano de su hija? Me sentiría como si estuviera a punto de abordar le Titanic o algo así–
–Quieres demostrarle que no eres una mala idea– dice Dominic. –¿Verdad? Bueno, ¿cómo lo haces? Tienes que decirle cuál es tu dirección. Cuál es la nuestra–
–Si– añade Weston. –Háblale de nuestro negocio. Hazle sentir que no conduces a ciegas. Convéncelo de que tu futuro es sólido y de que puede estar seguro de que el futuro de su hija esta igualmente asegurado–
–Muéstrale el maldito plan de negocios– añade Dominic.
–¿El plan de negocios? – no está terminado. Ni por asomo. Tengo cuatro interacciones diferentes en marcha con proyecciones muy variables. Weston y yo no podemos ponernos de acuerdo sobre el margen de beneficio ideal. Yo apunto a las estrellas, mientras que él quiere ser conservador y apunta a la línea de los árboles.
Pero no juego así. No cuando mi futuro está en juego. Es ir a lo grande o enterrar la maldita cabeza en la arena. No me gusta especialmente el sabor de la arena en los dientes, así que se hacia dónde nos dirigimos.
–Ya tenemos suficiente plan como para empezar a buscar inversores– dice Weston. –Aunque no hemos cerrado el trato, creo que estaremos suficientemente preparados para demostrar que vas en serio–
–Ni siquiera he empezado la LLC– le digo. –Este cabron será el primero en derribarme porque mi papeleo no está en regla–
–No es como si fuera a comprobar tu número de identificación fiscal– murmura Dominic.
–¿No crees que lo hará? Probablemente me haga una verificación de antecedentes mensual solo por diversión–
Weston se encoje de hombros. –Si quieres ir a esa presentación sin preparación, hazlo. Pero si así es como trabaja el CEO de Hamilton Enterprises, entonces tal vez necesitamos hablar–
–¡Dios mío, Weston! Eres jodidamente despiadado–. No está seguro de si estoy más molesto o asombrado por su audacia. Cuestionando mi compromiso con nuestro negocio, directamente en mi cara. Que imbécil. Un imbécil brillante. –Vas a ser el próximo al que tire al sofá–
Parece complacido consigo mismo. –Tal vez debería ser el director ejecutivo–
–Rotundamente no. No tienes ni idea de cómo cortejar a la gente. Deberías limitarte al dinero contante y sonante–
–No has cortejado al padre de Mila– señala Dominic.
–Gracias, Dominic, por exagerar lo obvio– Me arrodillo en el sofá para poder darle un puñetazo en el hombro, que acepta con una risa ahogada. –A ese hombre apenas le gusta su propia familia. Nunca tendré la oportunidad. Así que es un punto discutible–
–Genial. Así que está decidido. Dejarás de dejar que tus emociones nublen tu juicio– dice Weston, añadiendo una sonrisa burlona al final que me dice cuanto placer le produce llamarme así.
–Ya he tenido suficiente de tu boca sabelotodo– digo, acortando la distancia entre nosotros para poder asestarle un golpe en el hombro también. El simplemente se ríe, porque sabe que tiene razón. Demonios, incluso yo sé que tiene razón.
Si no se tratara de la persona a la que amo más que a mi vida misma, no tendría ningún problema en entrar tranquilamente en la oficina de su padre y arriesgarlo todo.
Mila es lo único en mi vida que no puedo soportar perder. No puedo arriesgarme con ella. no aceptaré ninguna respuesta negativa a la gran pregunta.
Pero tengo que tratar esto como otro de los momentos sociales camaleónicos en los que me he vuelto tan bueno a lo largo de los años. Si esto fuera un trato de negocios, Weston tiene razón: estaría adoptando una pose muy fuerte. Aprieto los dientes mientras juego con la idea. Ya puedo verlo, por mucho que no quiera.
Encontrarme con Conrad en su territorio en algún lugar. Compartir mis planes de negocios meticulosamente elaborados. Decirle lo mucho que Mila significa para mí. prácticamente arrodillándome para proponerle matrimonio también. Mis hermanos tiene razón. Lo saben. Y saben que yo también lo sé.
Finalmente, meto la caja del anillo en el bolsillo derecho de mi sudadera.
–Ambos serán mis padrinos de boda, ¿verdad? – pregunto.
Recibo dos sonrisas arrogantes a cambio.