MILA
Las nubes se arremolinan. Tonos perennes bailan en el aire. Asher está cerca.
Su risa ronca me atraviesa. La sonrisa arrogante aparece sobre mi rostro. Tiene flecos de cumulonimbo y seguridad en sí mismo. La suavidad aterciopelada de sus besos me consume.
–¿Quieres casarte conmigo?
Por supuesto que quiero. Quiero decirle. Mi corazón se muere por decirlo. Pero no puedo mover los labios. Los hermosos rasgos de Asher están forjados por la confusión.
Suena una alarma, advirtiéndome de la decisión que tengo que tomar. Me sobresalto en la cama, con el pánico corriendo por mis venas. La alarma, al menos, no es un sueño. Mi teléfono suena junto a mi cama, pero Asher no está cerca; está en la ciudad de Nueva York. A un mundo de distancia. Demasiados kilómetros y siento cada uno de ellos en cada respiración que tomo sin el cerca.
Busco a tientas en teléfono, la propuesta de Asher pesa mucho sobre mí. No me ha pedido matrimonio en la vida real, pero sueño casi todas las noches con su propuesta. Solo hablamos de matrimonio como algo inevitable. Como nuestros posgrados son inevitables. Como Asher eligiendo la pizza de pepperoni por encima de todas las demás variedades es inevitable. Como si mi decisión con respecto al negocio familiar es inevitable.
Respiro hondo cuando veo quien me llama: mi padre. Me aclaro la garganta antes de responder, tratando de ocultar la evidencia aturdida en mi voz de que me he quedado dormida después de mi clase de pilates matutina.
–Hola, papá – digo forzando un tono alegre en mi voz.
–Mila, abejita– la voz ronca de mi padre contrasta con el apodo. Mi padre siempre tiene una agenda, y sus elecciones de palabras no están exentas. Tiene tan pocos toques tiernos para las mujeres de su vida que cuando emplea la dulzura, funciona más para que a cualquiera de sus empleados.
–Hablemos del horario–
–Por supuesto– Bajo los pies de la cama y me dirijo a mi agenda desecha en la sala de mi departamento. La calidez que había sentido por el termino poco usado se está desvaneciendo rápidamente. –¿Cómo estás? –
–Hablemos del próximo fin de semana– paso las páginas apropiadas mientras la familiar frialdad se extiende por mi pecho.
–De acuerdo–
–Se te ha ofrecido una oportunidad emocionante. Una que serías negligente si la dejas pasar–
¿Emocionante para quién? Mi mirada se posa en los bloques abiertos del próximo fin de semana. Mi curso magistral del viernes por la tarde es lo único escrito allí. El espacio en blanco contiene las únicas constantes en mi vida: estudio y videollamadas con Asher.
–¿Qué es? –
–Una asociación y un camino hacia el futuro–
la frialdad en mi pecho se convierte en hierro. Cierro los ojos.
–Cuéntamelo–
–La junta directiva y yo hemos estado participando en la planificación a largo plazo de la empresa. Obviamente, no puedo ser director ejecutivo para siempre. Y aunque todavía falta al menos una década, estoy pensando en que sucederá después de mi jubilación. De todas las opciones disponibles, solo hay una que me interesa, y es con mi abejita Mila al mando–
Agradezco que no pueda verme, ya que estoy segura de que mi rostro delataría mi conflicto. Había estado evitando esta conversación desde la preparatoria. Cada día que paso en la escuela de posgrado me acerca al punto de no retorno.
Dirigir el negocio familiar parece inevitable. Mi padre lo espera de mí. Pero había evitado el tema en silencio durante años, negándome a dar respuestas solidas hasta que pueda averiguar que tiene sentido.
El único problema es que no estoy segura de cuando algo va a tener sentido. No quiero dirigir el negocio en absoluto. Pero lo que quiero hacer, es huir con Asher y construir una empresa juntos, es lo único que mi padre casi con seguridad nunca permitirá. No lo menospreciaría. Se negaría a verlo por completo.
–La junta directiva y yo hemos decidido que es hora de diversificar. Tenemos la vista puesta en algunas industrias diferentes, pero cualquier movimiento que haga será pensando en ustedes. Este no es solo mi legado. Es su futuro– ¿De verdad creí que existiera una alternativa? Él había estado planeando que mi hermano se hiciera cargo del negocio desde que nacido Mark. Una vez que mi hermano se quitó la vida, me convertí en la sustituta de facto del futuro director ejecutivo. La única persona que quería para el puesto, porque su primera elección se había suicidado. ¿Cómo puedo alejarme de eso?
Pero las dudas solo aumentan. Solo estoy esperando el momento oportuno, a que se aclare un plan de salida. Una oportunidad que satisfaga a mis padres y mis deseos internos.
Mi padre continúa: –Los DuPont solicitaron una reunión con nosotros tres. Tienen curiosidad por tus cursos de innovación social en Stanford y yo tengo curiosidad por su apertura a ciertas alianzas comerciales en el futuro–
Sus palabras caen como un martillo. Ahí está. La agenda a la vista de todos. los DuPont son una de las pocas familias más ricas que nosotros en la Costa Este. Magnates de la industria aérea con aspiraciones flagrantes de cultivar un programa activo de viajes espaciales. Y el hijo mayor de los DuPont, Dustin, está en mi programa de MBA en Stanford. Una de las muchas familias que viajan entre Nueva York y California.
–¿Quieres fusionar empresas? – Las palabras se me pegan a la garganta.
De ninguna manera mi padre podría planear una fusión en este extremo si no tiene una moneda de cambio. Trago saliva con dificultad, estudiando los recuadros en blanco de mi fin de semana. Dustin ha dejado en claro que está interesado en mí. Pero yo he dejado aún más claro que ya tengo pareja.
–Me gustaría fusionarme más que eso–
Cierro los ojos con fuerza. Soy la moneda de cambio. –¿Cómo qué? –
–Fusionar familias–
Se me escapa una risa amarga. –Si estas planeando un matrimonio concertado, solo dilo–
–Oh, vamos. No seas vulgar. Ese es el siglo XXI, Mila–
–Bien. Entonces, ¿Cómo lo llamarías? En términos del siglo XXI–
–Esta es una oportunidad de negocio. Una que se traducirá en una oportunidad de vida. Eso es todo. No necesitas ser tan jodidamente dramática–
Las lágrimas me pican en los ojos, pero no caen. Nunca mas caerán. He aprendido hace mucho tiempo a controlar mis respuestas, pero, aún así, el veneno en su voz me arrastra al pasado. de vuelta a la infancia, cuando mi hermano y yo recibíamos demasiado de esas bofetadas verbales para contarlas. Siempre fui demasiado dramática porque me atrevía a mostrar mis emociones y lloraba rápidamente. Mi hermano había sido demasiado raro porque amaba el teatro y tenía un amor secreto por todo lo relacionado con las artes escénicas.
Poco sabíamos entonces, la emoción y la salidas creativas no tienen cabida en la dinastía Cargill.
–No estoy siendo dramática. De hecho, creo que estoy siendo bastante directa. Dime que quieres de mi antes de que decida si lo hago–
–Esta es tu decisión, Mila. Sabes que nunca te obligaría a hacer algo que no quieres hacer. Solo te estoy dando la oportunidad de hacer grandes cosas con tu vida. Como siempre lo he hecho. Porque soy tu padre–
Se me hace un nudo en la garganta y vuelvo a mirar los cuadros en blanco. Son la única ancla que tengo en las aguas turbulentas. Este es un huracán que siempre se gesta con mis padres. Control bajo el pretexto de ayudarme.
–¿Qué pasa si no quiero una fusión con Dustin? – pregunto, incapaz de mantener la emoción fuera de mi voz. Ni siquiera quiero mencionar a Asher ahora, aunque mi padre es más que consciente de que tengo novio.
–Diría que es demasiado pronto para tomar una decisión. ¿Por qué no evalúas todos los hechos antes de cerrar la puerta? No quieres que tus emociones nublen juicio. Algunas puertas no se pueden volver a abrir una vez que se cierran–
Un coctel familiar de emociones me invade. Una frustración candente, junto con una rabia inexpresable que simplemente hierve detrás de mis costillas. Una lágrima se escapa de mi ojo y la seco como si mi padre pudiera sentirla de alguna manera.
–Te enviaré los detalles de la reunión– continúa mi padre, su tono profesional me rechina. –Ellos quieren reunirse en Nueva York este fin de semana. Yo estableceré el plan de vuelo si me das luz verde–
La emoción cobra vida en medio del conflicto. –¿Por qué Nueva York? –
–Viven aquí, lo sabes–
–Claro, pero Dustin y yo estamos en el oeste–
–Te lo dije. Esta es una oportunidad de vida. quieren que la reunión, así que los hacemos en sus términos–
No estoy segura de cómo podría ver a Asher pronto si no fuera por este viaje autorizado. Me ahorraría la molestia de inventar varias excusas hasta que encuentre una que mi padre considere aceptable.
No quiero, pero…si acepto la reunión, podre asfixiar a mi hombre con suficientes besos para que duren unas semanas más. Nos habíamos perdido nuestro tercer aniversario debido a este constante desafío logístico. Tenemos que celebrar algo que compensar.
–Iré– suelto, antes de poder pensarlo mejor.
–¿Vendrás? Incluso mi padre parece sorprendido.
–Si– me trago un nudo en la garganta. Ver a Asher durante una noche entera y parte del día vale la pena sufrir durante esta reunión. Ya descubriré como jugar con el ángulo de la “fusión” mas tarde. Después de poder decirle a mi novio que lo amo en persona, y que encontraremos la manera de que nuestro futuro funcione. –Me gustaría el último vuelo del jueves por la noche, por favor–
–Excelente. Haré que un conductor te recoja en el aeropuerto–
El pánico me invade al darme cuenta de lo que significa. Si Vince, el chofer de mi padre, me cruza en la zona de jets privados del aeropuerto, mis posibilidades de escapar para encontrarme con Asher se reducirán a cero. Los jets privados que usamos para ir y venir entre California y Nueva York siempre están disponibles con unos pocos días de antelación. Pero no tanto en el último minuto.
–En realidad, espera– espeto. –Eso no funcionará. Déjame revisar mi horario y averiguaré el plan de vuelo. Puede que quiera venir antes–
–¿No faltarás a clase? –
–Esta semana hay trabajo en grupo, así que tengo algo de flexibilidad– Mi corazón late con fuerza en mi pecho. Necesito encontrar una manera de colarme en un vuelo comercial de primera clase. Ese es el plan B, cuando el horario del jet privado no coincida con el nuestro. Mi padre odia enviarme en avión comercial, pero a mí no me importa. Creo que odia la pérdida de control más que nada. Pero precisamente por eso lo necesito para este viaje.
–Si esperas hasta el viernes, puedes asistir a clase y llegar a tiempo a la reunión– dice mi padre.
Pero eso tampoco funcionara. Necesito el viernes con Asher. Pase lo que pase. –Solo quiero llegar a Nueva York con tiempo para prepararme para la reunión. Esto es algo importante. Una gran oportunidad–
Mi lengua toca mis labios secos. Rezo para que se crea las tonterías que le conté. –Consultaré mi horario y resolveré algunas cosas con mi grupo, y luego puedo manejar el plan de vuelo. No te preocupes por eso–
Cierro la boca de golpe antes de poder decir nada más. Porque mi padre no necesita oír lo que resuena dentro de mi cabeza.
Nada me impedirá ver a Asher.