Yo estoy viva y él no

2050 Words
MILA Vince no da ninguna información durante todo el viaje. Es famoso por ser un ladrillo cuando mi padre se lo ordena, lo que me irrita cada vez más hasta que llegamos al edificio de mis padres. Vince me acompaña al ascensor trasero, estoico y testarudo como siempre. A veces, en nuestros días buenos, es como un padre sustituto para mí. Pero la mayoría de las veces, él es el irritante peón contratado por mi padre. –Dijiste que íbamos al hospital– le recuerdo a Vince mientras pasa la tarjeta de acceso antes de presionar el botón del pent-house. –¿En serio? – Una sonrisa burlona se materializa en su rostro. –Me voy a enojar mucho si no hay una emergencia médica– Miro fijamente la pared del ascensor mientras subimos hacia el piso treinta y tres. Mi cuerpo ya sabe la verdad. No hay ninguna emergencia médica. Y ahora tengo que prepararme para…algo. el no saber es estresante, pero estoy acostumbrada. Toda mi vida ha estado llena de tensión de esperar la siguiente ronda de malas noticias. Después de la muerte de Tom, pensé que no podía haber más malas noticias. Después de todo, no puede ser peor que perder a mi hermano por suicidio, ¿verdad? Pero había sido ingenua entonces. Todo lo que significa es que las malas noticias empeoran. Las puertas del ascensor se abren, revelando el impecable vestíbulo trasero del ático de mis padres. Las luces estan atenuadas y no se oye ningún ruido salvo el zumbido del ascensor. Vince me hace un gesto para que baje. Había estado esperando una fiesta de bienvenida, así que esa falta de noticias inmediatas me pone aún más nerviosa. La luz se derrama desde el pasillo que conduce a la cocina, y me dirijo hacia allí. desde lo más profundo de la casa, se escucha un sollozo ahogado. Se me hace un nudo en el estómago. –Angelina, nos vamos– la voz severa de mi padre resuena por el pasillo mientras me adentro en la casa. –Es hora. No voy a repetirlo– –¿Hola? – disminuyo la velocidad, agarrando la correa de mi bolso. El peso de mi nuevo anillo de compromiso me recuerda la gran noticia que tengo. Ahora no es el mejor momento. Me lo quito del dedo y lo meto en mi bolso Hermes. –Mila. Pasa– La voz de mi madre suena llorosa y débil. Doblo la esquina hacia la cocina y los encuentro acurrucados juntos en el comedor, con una pila de páginas amarillas sueltas y curvadas entre ellos. la opresión en mi estómago cae al suelo. Cualquier noticia que me aguarda, no es buena. –Siéntate– me indica mi padre. –¿Está todo bien? – Me dejo llevar hacia una silla libre en la mesa. El ostentosamente jarrón grande de mosaico de mi madre está repleto de rosas blancas. Siempre se asegura de que la casa esté llena de flores frescas. Y de alguna manera, la ansiedad desgarradora y el persistente olor a rosas evocan recuerdos igualmente fuertes a mi hogar. Mi padre respira hondo, con la mirada fija en mi madre. –Angelina– Mi madre se lleva los dedos a la frente y frunce los labios. –Me están asustando. Díganmelo de una vez. ¿Qué está pasando? – –Hay algo que necesitas ver– dice finalmente mi madre. –antes de que regreses a Los Ángeles– Mi mirada se posa en los papeles que hay entre nosotros. Ella hojea algunos, y es solo entonces que me doy cuenta de la letra. El leve garabateo, el apresurado trazo de la A mayúscula, el floreo de la Y que siempre había amado en secreto. La letra que mi padre había llamado “demasiado gay” Mi estómago se enraíza y brotan pequeñas flores de ansiedad. Se me hace un nudo en la garganta. Esta es la letra de Tom. En la parte superior de una: “Querida familia” Es una carta de Tom. –Encontramos esto– comienza mi madre, pero se detiene en seco; su garganta se agita. –Tienes que leerla– dice mi padre bruscamente. Sostiene mi mirada, hay algo serio e implorante ahí. La última vez que lo vi así fue poco después del funeral de Tom, cuando emitió el mandato familiar de nunca hablar abiertamente sobre el suicidio de mi hermano. Con nadie. Bajo ninguna circunstancia. El acuerdo de confidencialidad formal llego después, y me animaron a firmarlo enérgicamente. A los dieciocho años y en medio de la angustia, lo firmé sin pensarlo dos veces. Por eso el mundo pensó que Tommy Cargill había muerto en un extraño accidente de cocina. Lo que realmente sucedió fue que se puso una pistola en la cabeza en su habitación, justo antes de que yo llegara a casa del entrenamiento de tenis de mi último año de preparatoria. –Pensé que no había dejado una nota de suicidio– digo con los labios secos. –No lo hizo. La carta se encontró en su escritorio– Mi padre parece querer añadir más, pero se calla. –Ustedes dos eran increíblemente unidos– dice mi madre, pero esta vez no puede controlar la emoción. Era la única en la familia que había llorado abiertamente por mi hermano, una vez. En cuanto a mí, había llorado hasta quedarme dormida durante dos años enteros. ¿Alguna vez le había pasado lo mismo a mi madre? ¿O quizás peor? Extiendo la mano para darle un pequeño apretón. No me deja entrar en la tristeza de su corazón. Ni siquiera en las alegrías. Nadie lo hace en la familia Cargill. –Creo que te interesará ver lo que hay aquí– termina en un susurro. –Llévatela contigo y léela. Pero por favor, cuídala. Me gustaría que me la devolvieras– –Por supuesto– mis dedos tiemblan cuando extiendo la mano para tomar las páginas que me entrega. Las fosas nasales de mi padre se dilatan y se aclara la garganta. –Tienes mucho en que pensar. Saldrás para el aeropuerto mañana a las diez de la mañana– –Buenas noches, Mila– mi madre me da un pequeño beso en la parte superior de la cabeza y mis padres se ponen de pie, dejándome en la suave luz blanca del comedor. Nadando en ansiedad. Inundada por el aroma de las rosas. Los verdaderos marcadores del hogar. Camino hacia mi habitación con piernas temblorosas. Tom se había quitado la vida hace seis años, cuando estaba en pleno apogeo de la escuela de negocios, dirigiéndose a la grandeza que mi padre siempre había querido para él. Solo que había un pequeño problema. Tom no se ajustaba a todas las expectativas de mi padre. “Soy tan gay como el día es largo” decía siempre con una sonrisa triste y un horrible acento sureño que usaba porque sabía que solo me haría reír. No importaba que Tom mantuviera sus inclinaciones en privado. No importaba que tuviéramos un tío gay, a quién también la familia rechazaba. No importaba que viviéramos “en esta época” Mi padre tenía expectativas. Esas expectativas generaron reglas. Esas reglas se volvieron tan estrictas como un tornillo de banco. Y después de tantos años en un tornillo de banco, ya no pudo respirar. Los mensajes de Asher iluminan mi teléfono mientras me acomodo en mi habitación. A través de los grandes ventanales, el rio Hudson brilla frente al horizonte resplandeciente. Me levanto de los talones y, el mismo tiempo, respondo. Mila: Estoy en casa. Todo está bien, supongo. Mis padres acaban de recibir una mala noticia. Asher: ¿Qué noticia? Mila: Todavía lo estoy averiguando. Te lo haré saber. Me muerdo el labio superior, mirando las descoloridas hojas amarillas del bloc de notas, tratando de imaginar a Tom escribiendo esto. ¿Había estado llorando? ¿Las escribió y las guardó antes de su suicidio, o las garabateo en un ataque maníaco justo antes de jalar el gatillo? Lo que más me molesta es no saber los detalles de sus últimos momentos. No poder determinar su lucidez. Mi madre no había mentido. Tom y yo éramos prácticamente gemelos, tres años después. Nos hacíamos amigos en todo, incluso desde nuestros primeros tiempos, cuando Tom estaba demasiado ansioso por complacer a mis padres como para unirse a mí en las fiestas de té con mis muñecas. Lo que comenzó como como mejores amigos en las fiestas de té con mis muñecas. Lo que comenzó como mejores amigos en las fiestas de té floreció en el Dúo Dinámico. Yo era la única que podía calmarlo en sus días más oscuros. Yo era la única que sabía a donde iba realmente los jueves por la noche cuando mis padres pensaban que estaba en el club de inversores. Pista: Spa gay. Yo era la única que sabía lo sensibles que eran realmente las cavernas de su corazón. Yo era la única que podría haberle impedido jalar el gatillo. Las lágrimas se han acumulado en el regazo de mi vestido n***o antes de que me diera cuenta de que estoy llorando. Solo necesito leer esto y terminar con esto. La tristeza es agotadora. He estado agotada durante tanto tiempo. Respiro temblorosamente y me sumerjo. Tom había escrito tres páginas enteras. No hay fecha, pero se lee como un testamento en vida. Excepto que no está dispersando objetos personales. Esta dispersando sus planes para el resto de nosotros. Para mi madre: Plántame en un jardín. Guarda mis recuerdos en tus flores y piensa en mí con una sonrisa. Eso es todo lo que quiero. Para mi padre: Encuentra la felicidad en el próximo director de Cargill Realty. Lamento que no haya podido ser yo, pero sabemos que te habría decepcionado. Para Mila: Dale nuestro padre lo que yo no puedo. Estás hecha para esto, Mili. ¿Qué tan increíble CEO serás? No solo darás un paso al frente, sin o que intervendrás y harás historia en el camino. Sus palabras caen como una medicina agridulce en mi lengua. Había querido más del desde el día en que lo enterramos, pero ver como imaginaba el futuro se siente como un empujón en la dirección equivocada. Releo todo una segunda vez, luego una tercera. No hace falta ser un genio para entender por qué mis padres me han mostrado esto ahora. Pero lo que realmente me molesta es preguntarme cuanto tiempo habían estado guardando esta carta. A veces sus palabras eran más de lo que quiero que la historia fuera la verdad más conveniente para sus planes. Habría sospechado de esta carta si no estuviera completamente llena de los hermosos garabatos de Tom. Dejo las páginas a un lado con el corazón apesadumbrado, con oscuras lágrimas en mi edredón malva. Tom quiere que haga el trabajo que el no pudo. Es un detalle: la petición de una persona que ya no está. Pero Tom late con vida dentro de mi corazón todos los días. Su espíritu zumba por mi mente, puntualiza los éxitos y horrores particulares de la semana de la Moda cada año, preguntándome si realmente quería pepinillos en mi sándwich de fiambre como lo había pedido. La respuesta siempre fue sí. Si no hacia lo que él quería, escucharía su reprimenda. Pero ya no puedo pensar en ello. Esto es demasiado; es demasiado pesado. Mi padre quiere una decisión, y esta carta prácticamente la tomó por mí. incluso en nuestros días malos, habría hecho cualquier cosa que Tom me pidiera. ¿Y ahora esto? Lágrimas saladas encuentra el pliegue de mis labios. Respiro temblorosamente y dejo las páginas sobre la superficie desordenada de maquillaje de mi tocador. Al hacerlo, vislumbro el aterrador estado de mi rostro. Oscuros riachuelos de rímel por mis mejillas. Lápiz labial corrido. Ojos hinchados y rojos que aún tienen lagrimas después de seis años de llorar por mi hermano. Porque una cosa es cierta: yo estoy viva y el no. Yo soy la única persona que queda que puede lograr las cosas que el anhelaba. No había estado para detenerlo. No había intervenido. Había estado demasiado preocupada por mi propia vida como para tener la espiral descendente. Ahora yo soy la única que queda para caer en la espiral.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD