MILA
Todos se reúnen de nuevo en las puertas del ascensor y subimos en silencio, la tensión es tan densa que nos ahoga mientras subimos al último piso. Esta es la vista de propiedad más incomoda y torpe de mi vida.
–Entonces– digo despreocupadamente, levantando una mano para mostrar los hermosos, aunque ligeramente descuidados, pilares que bordean el pasillo. –Esta es la mejor parte del este lugar. No todos los edificios del vecindario tienen un salón de baile, eso es seguro–
–Esto podría tener algunas funciones importantes– reflexiona Weston, metiendo las manos en los bolsillos mientras entramos en el salón de baile principal. El techo se eleva hacia afuera, brillando con un dorado y texturado. El piso de madera esta desgastado, pero no irreparable. Es una joya polvorienta. Una que incluso me deja boquiabierta. Ver este edificio de cerca y en persona acaba de despertar mis propias ideas para un espacio como este. Incluso convertiría uno de los pisos en una residencia a prueba de Dustin en la que nadie sobornaría a los guardias o copias de llaves podrían permitirle la entrada.
–No hay un decimoquinto piso– digo una vez que se hace el silencio de nuevo. –Este piso ocupa el espacio de dos niveles debido al techo abovedado–
–¿Estás segura de que no son tres? – pregunta Weston con una risa, con la cabeza inclinada hacia atrás para admirar el techo.
–Dijo dos– espeta Dustin.
Weston mira a Dustin, pero mantiene la boca cerrada.
–Está bien– le digo a Dustin en voz baja, con una sonrisa tensa en mis mejillas. Este es un acto de equilibrio que nunca quiero replicar, actuar como si mi matrimonio con Dustin no estuviera condenado al fracaso, mientras me enfrento al único hombre que he amado y sus dos increíbles hermanos.
El equipo Hamilton guarda silencio mientras exploran el salón de baile, deteniéndose ocasionalmente para señalar algo o conversar entre ellos. Camino a la deriva por la gran ventana con vista a Manhattan, permitiéndome perderme en el paisaje urbano.
–¿Están al día los impuestos? – pregunta Asher de repente, dirigiéndose hacia nosotros con fuego en la mirada. Me conmueve tanto la intensidad que emana de el que olvido como hablar. No me salen palabras. Ni siquiera un graznido.
–Esa es una pregunta bastante ridícula– me reemplaza Dustin.
–Por supuesto que estan al día– suelto finalmente, mirando a Dustin. –Pero podemos proporcionarte los registros de la ciudad si deseas verlos–
–Eso es innecesario– me dice Dustin. –Pueden confiar en nuestra palabra–
–Me gustaría ver toda la documentación disponible– dice Asher, con la mirada fija en Dustin. –A menos que sea demasiado ridículo para ti–
–Es vergonzoso para ti– espeta Dustin. –¿Atormentar al agente inmobiliario más respetado del país por supuestos impuestos atrasados? –
–No supuse nada– la voz de Asher tiene un gruñido en los bordes. Mi ritmo cardíaco se acelera.
–Claramente–
–¿Siempre tienes problemas con los posibles compradores que hacen preguntas básicas? – pregunta Asher. –¿O es un beneficio reservado solo para nosotros? –
La risa de Dustin no puede haber sido más amarga. –Créeme. Nuestros posibles compradores habituales tienen un poco más de clase–
–¿Mas clases? – desafía Asher.
–Dustin– siseo.
–Clase seria saber que una empresa como la tuya no vende edificios con pagos atrasados de los impuestos de propiedad– me dice Dustin, como si esto aclarara todo. –Por favor– digo en el tono más bajo y amenazante que puede reunir. –Cállate–
Dustin no se inmuta mientras mira a Asher. –Ese tipo de actitud podría realmente impedirte a conseguir lo que quieres–
–Te daré un millón de dólares extra si cierras la boca– dice Asher, apretando la mandíbula mientras mira a Dustin. Entonces su mirada se posa en mí. –¿Trato hecho? –
El tormentoso remolino azul de sus ojos finalmente hace contacto conmigo, y no estoy preparada. Mi interior se paraliza. Estoy segura de que mi corazón deja de latir durante cinco segundos completos. Todas las emociones no dichas y reprimidas de los últimos ocho años regresan de golpe, una fuerza palpitante que me convierte la garganta en una pinza.
Respiro hondo, esperando que nadie note el brillo de las lágrimas en mis ojos. Me vuelvo hacia Dustin.
–¿Podemos hablar? –
Paso junto a él, dirigiéndome al pasillo cerca del ascensor. Una vez que ambos estamos ocultos de la vista de los Hamilton, me giro hacia él. –Bien, ¿Qué demonios intentas hacer? –
–Mantener las cosas bajo control– El aire de satisfacción que flota a su alrededor es tan denso que pienso que me ahogaré.
–¿Arruinando el trato? – pregunto.
–¿Tengo que recordarte que una ganancia del quince por ciento sobre el precio de venta seria beneficiosa para la empresa? –
–¿Cómo sabes siquiera que lo tienen? – replico con Dustin.
–¿Cómo sabemos que alguien lo tiene hasta que el trato avance? – pregunto.
–No entiendo por qué insististe en venir si todo lo que planeabas hacer era estorbar–
Dustin se inclina, con las comisuras de los labios curvados hacia abajo. –Vine para asegurarme de que hicieras lo que prometiste–
–Y podría hacerlo si no estuvieras empeñado en estorbar–
Se levanta con una risa, mirando por encima de mi hombro hacia el salón de baile. –¿Estoy estorbando? Piense que tu objetivo era convencerlos. ¿Y cuál de nosotros hizo eso realmente? –
–No puedes hablar en serio. Casi nos cuestas el trato–
Esa risa sarcástica de nuevo. A veces, el anillo en mi dedo me quema tanto que quiero tirarlo en una coladera.
–La junta quería un precio más alto. ¿Quién de nosotros lo consiguió? Vamos. Se honesta contigo misma. Estabas tan ocupada siendo jodidamente obediente con tus pequeños amantes que olvidaste como manejar a la multitud–
Sus palabras me duelen como una bofetada, y enderezo la espalda, obligándome a una feroz neutralidad. No gritaré. No reaccionaré. No continuaré con esta conversación ni un milisegundo más.
El teléfono de Dustin vibra, y él contesta sin dudarlo. Se aleja pavoneándose, suena como si un socio hubiera llamado.
Me aclaro la garganta, presionando dos dedos en el centro de mi frente. Algo palpitante en lo más profundo de mí. probablemente el cáncer que me ha provocado seguir casada con Dustin.
Lo que me recuerda la verdadera prioridad aquí. Sacar a Dustin de mi vida.
Dustin charla unos momentos y luego se guarda el teléfono en el bolsillo. –Es tu día de suerte. Me necesitan en la oficina–
Una esposa amorosa preguntaría por qué. En cambio, digo: –Bien–
Me lanza una mirada y gira sobre sus talones para presionar el botón del ascensor. Por encima del hombro, dice: –Dile a los estimados del rancho que fue un placer volver a verlos–
Lo veo subir al ascensor, contando los segundos hasta que las puertas se cierran y ya no tengo que mirar su odioso rostro engreído.
¿En esto se convierten todos los matrimonios?
Tan pronto como se va, aprieto los ojos con fuerza. Un escalofrió de emoción me recorre. Gracias a Dios que se ha ido. Gracias a Dios. Gracias a Dios. Gracias a Dios. Me tomo un momento para saborear las paz recién descubierta que su ausencia me permite.
Cuando me giro, los hermanos se han acercado. Asher levanta una ceja mientras inspecciona la puerta arqueada. –Viviendo el sueño, ¿eh? –
Abro la boca para responder y se me escapa una risa. No tengo palabras. Yo soy la mujer que lo tiene todo y lo odio todo.
–Lo siento– digo, señalando el ascensor en un intento de salvar las apariencias. –Ha habido demasiado interés en el edificio. Un interés polémico, podría decirse–
–Ya lo veo– dice Weston, ofreciendo una rápida sonrisa. Mira a sus hermanos. Estamos todos reunidos ahora. a pocos metros uno del otro. Por primera vez en lo que parece una vida. –Pero no se preocupen. Saben que estamos motivados para comprar–
–Si, al igual que la junta. Prometo que reaccionarán favorablemente a la oferta– hago una pausa, buscando algo más de que hablar. Ahora que el guardián Dustin se ha ido, siento que tengo la vía libre para decir…algo. Cualquier cosa. Incluso el más mínimo guiño al pasado. –Haré todo lo que pueda para asegurarme de que este edificio termine con ustedes tres–
–Que dulce de tu parte– dice Dominic.
–Soy una gran admiradora del trabajo que han estado haciendo– continuó, sintiendo que se me calientan las mejillas. De alguna manera me siento vulnerable al admitirlo, como si pudieran oír lo que realmente estoy diciendo: nunca he dejado de preocuparme por ninguno de ellos. –Es genial volver a verte para poder decírtelo en persona. Estoy muy orgullosa de lo que han logrado. De verdad–
–Gracias– dice Weston, con una de esas sonrisas genuinas. Por un momento, estamos de vuelta en su departamento en el barrio chino, Weston con su ropa deportiva, criticándonos a Asher y a mí por ser demasiado cariñosos mientras preparábamos la cena. El recuerdo me quema, casi ensordeciéndome mientras Weston continúa hablando. –Te he visto mucho en las noticias también. Estás programándola para convertirte en CEO el próximo trimestre. Eso es importante.
–Si– digo y no se me ocurre nada mas que añadir: Lo que solo demuestra que mis arcas estan vacías. Había perdido hasta el último ápice de alegría que alguna vez había tenido.
Asher está de pie unos metros detrás de sus hermanos, dejando clara su distancia emocional a través de su distancia física.
–Regresamos al vestíbulo. Y si tienen alguna pregunta para mí, por favor háganla– los conduzco al ascensor y, una vez que la cabina comienza a descender, pregunto: –¿Qué les parece el edificio? ¿Fue lo que esperaban? –
–Bueno, dejemos que el ingeniero de este proyecto responda esa pregunta– dice Dominic, señalando con la barbilla a Asher.
Asher inclina la cabeza hacia un lado. Su tormentoso tono azul envía un mensaje indescifrable a Dominic. Solo lo reconozco porque una vez domine ese idioma. Flexiona la mandíbula y me mira tan brevemente que cuenta como una bofetada. –Es lo que estamos buscando. ¿Qué prefieres: efectivo o cheque? –
Suelto una pequeña risa. –Necesitamos tu oferta final por escrito, por supuesto, y la venta debe ser aprobada primero por la junta– Asher asiente. –La tendrás hoy. Luego, contáctanos una vez que los drones hayan votado, ¿sí? –
El ascensor se detiene. Cuando las puertas se abren, Asher sale, dirigiéndose directamente a las puertas principales. Por encima del hombro dice: –Los veo en el auto– los que nos deja a mí, a Dominic y a Weston parados torpemente en el ascensor.
–Siento lo de…– empieza Weston mientras entramos al vestíbulo.
–No, no– levanto una mano. –No te disculpes. Lo entiendo. De verdad– le ofrezco una pequeña sonrisa. Dominic hace una pausa, como si no estuviera seguro de unirse a nuestra conversación o simplemente seguir a Asher.
–Si yo fuera Asher, tampoco sería amable conmigo misma–
–Fue agradable verte de nuevo, Mila– dice Dominic con un gesto de la mano. Se apresura hacia la puerta principal, sus zapatos rozando suavemente el suelo.
–Aprecio que nos hayas hecho un hueco a última hora– dice Weston. –De verdad espero pronto escuchar buenas noticias tuyas.
Compartimos una cálida sonrisa. Estar cerca de los Hamilton de nuevo se siente como volver a casa de una manera que nunca antes había sentido. Y hay algo en la calidez, a pesar de la frialdad de Asher que ha despertado algo muy profundo en mi interior.
–Weston, ¿puedo pedirte un favor? –
Mis mejillas se sonrojan al darme cuanta de que había hablado.
–Claro–
–Esto no tiene nada que ver con la propiedad. Es eh… ¿podría…? – Me lamo los labios, preguntándome como puedo expresar esto sin que mis trapos sucios salgan volando por los aires. Demonios, en este punto, no puedo permitirme que me importe. –Tengo algunas preguntas sobre inversiones que me gustaría discutir contigo en privado. Es importante que sea discreto–
Asiente lentamente, rebuscando en su bolsillo interior de su pecho. –Por supuesto. Aquí está mi tarjeta. Tiene mi número de teléfono directo. Solo avísame cuando estes lista y podemos arreglar algo–
Recibo la tarjeta de presentación con gratitud, con el corazón latiendo con fuerza. No había planeado pedirle consejo a Weston en privado, pero aquí estamos. Estoy elaborando mi estrategia de salida, paso a paso, sobre la marcha. He empezado con una cuenta bancaria secreta hace dos semanas; ahora concentraría una cita para hablar de inversiones solo para mí. aunque no sé cuáles son los siguientes pasos exactos, puedo reconocer una nueva puerta cuando la veo. Si hay alguien en quién pueda confiar, a pesar de lo que pasó con su hermano, es Weston.
–Gracias. Muchas gracias–
Guardo la tarjeta en mi bolso y me despido con la mano mientras se dirige a la puerta. –Fue tan bueno verlos a los tres de nuevo. Me pondré en contacto pronto–
Weston se dirige hacia la Escalade. Cuando se abre la puerta, intento ver a Asher una última vez, pero no lo veo.
Tal vez hoy es todo lo que obtendré de él. Unas cuantas miradas pétreas. Solo preguntas de negocios. Una distancia emocional tan grande que el Gran Cañón podría caber cómodamente entre nosotros.
Se que no debo de esperar ningún tipo de futuro con Asher. Todo lo que puedo hacer es calmar el latido de mi corazón, que constantemente me insta hacia él, y evitar los recuerdos que aún me susurran tarde en la noche sobre encontrar el camino de regreso a él. el doloroso dolor en mi pecho que me recordara para siempre: que he elegido mal.
Si hubiera alguna manera de regresar con Asher, la tomaría en un instante. Pero hasta que coreografie mi salida de mi farsa de matrimonio, no hay forma de ir a ninguna parte. Y esa coreografía necesita algo más que solo el consejo de Weston.
Necesita un maldito milagro.