Fernando –¿Te encuentras bien? Le pregunté a Nerea sin quitar la vista de la carretera. Llevábamos casi dos horas conduciendo a una velocidad regular para no levantar sospechas en las personas. Bastante raro se hacía ya ir en el auto de los supuestos policías que nos tocaron. Mi acompañante no pronunció palabra alguna, así que supuse que todavía se encontraba afectada por lo acontecido. Un intento de violación no era fácil de procesar, ni siquiera cuando no se había llegado a consumar. –No… yo… quiero decir si. Solo estaba pensando. Su sonrojo me hizo afianzar lo que pensé. No quería admitirlo por miedo y vergüenza, algo típico en muchas de las víctimas que pasaban por ello. –Sé que te será complejo de olvidar, pero no pasó. No creo que te sirva de mucho, pero me agradó darle una

