Capítulo Veintidós. Abril estaba tan segura de sí misma y tan emocionada de mostrarle cuan experta podía ser en el arte del sexo que no se esperó para llevarlo de sus muñecas y con total confianza empujarlo sobre su cómoda silla. - Perra… así me gusta. – le dice él una vez que cayó sobre el sillón. - ¿sabes qué? Cierra la boca. – sonríe para tomar de encima del escritorio la cinta de embalaje y cubrirle la boca. – ahora esta mucho mejor. Ella se incorpora y lo observa mientras él comienza a sentir un hormigueo en todo su cuerpo y su polla comenzó tener vida propia. - ¿seguro que nadie vendrá? – indagó señalando la puerta y él solo negó. Aunque si alguien quería venir poco le importaba. Estaba conociendo a una Abril salvaje y muy caliente por lo que

