Capítulo Treinta. PARTE DOS. - ¡POR DIOS, SANTINO HAZMELO MÁS FUERTE! – Hasta ofendida se lo pedía. Lo que le había provocado con el hielo en su interior fue tan exquisito y tan al límite de sus deseos que necesitaba sentirse de igual manera y él no estaba pudiendo lograrlo. De momento a otro, y ante los gritos desesperados de ella porque lo hiciera más rápido, más profundo, más salvaje, deja de penetrarla y va en busca del control que activara una de las funciones del tanga. Luego de acomodar la prenda, activa la vibración del pequeño bulto que rosa el clítoris y para que el placer se multiplique por tres, le introdujo en el coño, que ardía de deseo, aquel juguete rosa y mientras veía cómo sobresalía “la antenita” desde dentro, ubicó el glande en la entrada del ano y luego de

