I - Invitación
“¡j***r!” –Solo podía pensar Ruby. Apagó la música que estaba escuchando y casi quiso gritar. Extrañaba cuando el correo solo traía facturas. Pero era peor que las deudas. Primero, abrió un sobre que decía en letras cursivas: La familia Lake y a familia Holt tienen como placer invitarle a la unión matrimonial de sus hijos: Lucas James Holt & Rose Marie Lake. En la capilla de St. Paul en Manhattan, New York.
Hora, fecha, tipo de traje a llevar, lo clásico que lleva una tarjeta de invitación. Hiperventilaba, porque el resto de las cartas que tenía en mano eran de sus parientes, su madre y sus tías, seguramente comentando la boda de su gemela, y porque ella no tenía a nadie, o quizá preguntando a quien iba a llevar. –Respira Ruby, respira. –Abrió la primera carta, la de su madre, sabía bien, que como no contestara el correo que venía de Georgia, de casa de su madre, May Lake, ella, Ruby Marcela Lake, iba a estar en problemas.
Mi querida niña, voy a ir a Nueva York esta semana, le prometí a Rose ayudarla con su vestido de novia. Voy con las tías June y April, sé que tus primas también irán a ayudar a Rose, serán sus damas. ¿No te dijo que serías su dama de honor?, ¡Así que tienes que apartar tiempo!, a propósito, ¿A quién llevarás a la boda? Te llamaré para presentarte a alguien, conocí a un tío de no más de 35, lo prometo, trabaja en una aerolínea, es piloto…
Y dejó hasta ahí la lectura, al menos su mamá se demoró medio párrafo, debía darle mérito. Escuchó la computadora sonando el video chat. Se frotó la cara y se acomodó el pijama y su cabello marrón, y sentándose frente a su laptop, dio un click y entró a la conversación. La cara de su mamá cubría toda la pantalla. Eso sí que tenía gracia. –Hola má, recién leo tu cara y ahora reviso los mensajes eufóricos de Hillary antes de irme a trabajar.
- ¡Jesús bendito! Estás hecha un desastre, dime que no vas a ir así a trabajar.
¿Cómo se le ocurría? Era un pijama de Bob Esponja. –No má, tengo un traje, voy elegante a mi oficina, me gusta ir como el resto de las empleadas y no pasar pena con un pijama.
-Ay Dios, ya creía yo. ¡A propósito! Aquí tengo a mi vecino, Héctor… Héctor, veeen. –Dejó aparecer a su lado a un hombre de barba, alto, pero con ligera calvicie notándose en su cabello. –Ella es mi hija, la soltera, de quien te hablé.
Ruby no quería ser parte de eso, no otra vez, y es que, siempre que su madre la llamaba, un nuevo soltero aparecía en la pantalla, pero si su madre supiera un poquito de sus gustos, sabría que prefería que le presentaran a “Henry Cavill” y no a los que ella consideraba adecuados. Apenas escuchó la lista de virtudes que tenía el tal Héctor. Su cabeza tenía un monito jugando con platillos, como si fuera Homero Simpson. –Un placer, sí. Mamá… Tengo que ir… Lo siento, otro día hablamos. ¿Si? Hasta luego. –Colgó. Ni siquiera fue asertiva al hacerlo, y es que, si se ponía con los modales, pasaría media hora más frente al computador y tiempo ya no había. Corrió a ducharse, y en menos de quince minutos ya había salido del baño. Cabello suelto y seco, maquillaje listo y su traje tipo sastre de chaqueta y falda de tubo a juego con sus tacones y estaba lista para irse. Fuera de su apartamento y con los tacones resonando en el pavimento. Taxi, y directo a su oficina, en la avenida Lexington. Entró rápido luego de buscarse un café y en el ascensor sonrió dejando la tensión. Su mejor amigo, Marcos, estaba ahí. –Hola mi niño ¿Cómo estás?
- ¡Ruby! –Le plantó un beso en la mejilla y sonrió. –Buenos días. Te ves bien. Bonito traje. ¿Y ese olor? ¿Chanel?
-Número cinco, ese es el perfume, solo un poco, obtuve de muestra cuando Samantha estaba haciendo el artículo sobre perfumes de temporada, y como el Chanel Nº 5 nunca pasa de moda.
-Pues, te queda perfecto, luces muy bonita y muy sexy.
-Tú siempre con las palabras adecuadas. –Sonrió y lo vio bajar en un piso abajo del suyo, ella iba hasta arriba, el piso de presidencia. Salió del ascensor y luego de tomar sus carpetas con los artículos a revisar y concesionar a su jefe, fue a su oficina a trabajar. No habían pasado ni quince minutos de que se sentó en la silla y encendió su computadora, cuando el teléfono estaba sonando. Vio el comunicador marcado como “Tía June” y sabía que, como no contestara, le vendría el sermón de su mamá que se quería evitar, suspiró y levantó el auricular esperando quitársela rápido de encima. –Tía June, hola. ¿Qué tal? Oye, te amo, pero estoy trabajando, ¿Puedo llamarte más tarde?
-No Ruby, no, porque sé que no vas a llamar. –Touché. - ¿Viste que Rose se casa? ¡Estoy tan feliz! Tu prima Hillary va a ir a ayudarla con los vestidos, y ¿Tú? ¿Cuándo te casarás? Se te pasa el tren mi niña, tienes veintiocho años, tanto trabajar y no tienes un esposo, hijos… ¡Estás haciéndote vieja! –Ruby se mordió la lengua, no iba a discutir que ella no necesitaba de eso, estaba feliz. Ganaba un buen sueldo, viajaba a muchas pasarelas, tenía toda la Gran Manzana a su disposición. Su apartamento era bonito, aunque acorde a su clase media. Se había graduado con honores de periodismo y también se especializó en técnicas de ilustración y con su esfuerzo, llegó a ser la asistente y editora principal de “NEW BEAT”, revista perteneciente al imperio de moda de la familia Santana. Como una especie de monopolio. La hermana de Mateo Santana, Denisse, era diseñadora, y la mayoría de sus diseños eran promocionados por su hermano a través de la revista. Decir que los Santana estaban forrados eran poco. Un capital bastante amplio, más de una vez le tuvo que llevar documentos a su jefe al piso donde vivía. Ya quisiera ella poderse pagar un pent-house así con vista al Central Park. - ¿Me escuchaste, Ruby?
-Honestamente, no Tía. Estaba hablándome mi jefe. Debo colgar, te amo. –Eso hizo, quedarse otro rato oyendo de manera inerte lo que debía hacer para la boda de su hermana no era lo que quería para iniciar aquel bonito lunes de mayo. Lo cierto es que ni siquiera había llegado su jefe. Se puso rápido sobre su trabajo mientras ponía música en su audífono, así era más relajado revisar artículos. Dos minutos más, y una pausa en su canción favorita y contestó el teléfono. –Tía April.
- ¡Ruby! ¡Tu hermana se casa! ¿Tú para cuándo? –Al menos la otra hermana de su mamá no se había quedado en rodeos. –Hablo en serio, Ruby, tienes veintiocho años, te estás quedando vieja, cuando te quieras casar tendrás como cuarenta años, y no podrás tener hijos porque tendrás el vientre seco. –Ruby suspiró. Aquella sería una tortura, y todo por culpa de Rose. ¡NO!, todo por culpa de la mentalidad medieval de su mamá y sus tías. Ella estaba bien solita, como dice la canción de Nella Rojas.
-Tía, estoy trabajando. –Dijo con la poca paciencia que le quedaba. –Prometí ayudar con los vestidos, eso sí, y no te preocupes… Que solita estoy bien.
- ¡Ninguna mujer está bien sola! Necesita un hombre que la quiera, que la ame… que la atienda. –Ruby no quiso recordarle que ella era divorciada, igual que su hijo Loan, y tampoco quiso recordarle, que la hija de su tía June, Hillary, también se había divorciado y que el prometido de su hermana había llevado el caso. –Y los hijos son una bendición. ¿No quieres uno? Estás como una niña promiscua teniendo sexo sin estar casada ¿Acaso? –Su vida s****l no era un tema que quería discutir con su tía, pero sabía que debía dar una respuesta.
-Claro que no. –Mintió. Si se divertía, era necesario para el cuerpo, y aunque no tenía un novio oficial, tenía amigos con los cuales podía hacerlo sin compromisos y mucha protección. –Tía, debo trabajar.
-No me mientas, Ruby. Que te conozco, te cambié los pañales. ¿No es tu novio el chico con el que te acuestas ahora?
-No tengo novio y no duermo con nadie. –Eso no era mentira, ella dormía en su casa y el amigo en cuestión, en la suya. –Tía, debo colgar, te amo. –Rápido colgó el teléfono y se frotó las sienes. Era mejor ponerse al corriente que pensar. Desde que Rose tuvo novio en la universidad, todos presionaron para que ella igual tuviera algo. Cosa que no se dio por ningún medio. Era una chica muy desprendida, le gustaba la juerga, la cerveza y su trabajo. Amaba la soledad. Encontraba pacifico estar en su balcón leyendo sin nada que la molestara. Adoraba no tener que vivir depilándose excepto para algún encuentro casual. Y sobre su trabajo… ¡Un sueño!, tenía un buen sueldo y podía costearse gustos caros. No, no era fea, de hecho, era muy hermosa, ojos gatunos, grandes y verdes, como le decía su mamá, piel suave, tersa y pálida, labios carnosos, cabello de un marrón chocolate que brillaba. Se cuidaba y solo se llenaba de comida chatarra los sábados cuando veía el Netflix.
-Buenos días, Ruby. –Soltó su jefe al entrar en la oficina. –Espero que tengas listos los artículos.
-Sí, claro, de hecho, aquí están. –Tomó la carpeta entregándosela a su jefe y escuchó el teléfono otra vez. –Atiendo.
-Si es Catalina, no estoy. ¿Okay? Por favor, invéntate alguna reunión de negocios… O mejor aún, no contestes. Y toma. –Dijo entregándole el celular. –Si llama aquí, quiero que lances el teléfono por la ventana. –Ambos rieron y Ruby solo cogió el móvil. –Lo digo en serio, no bromeo, me llamó toda la noche y me dejó como cien mensajes.
-Sé cuándo bromea, señor Santana. –Apagó el celular y se lo mostró. –Listo, problema resuelto.
-Guárdelo en su gaveta, por lo que más quiera. –Vio la pantalla del teléfono de la oficina brillando y vio el nombre de “Catalina Nobel”. –Diga que no estoy si atiende esa llamada.
- ¿No sería mejor enfrentarla?
- ¡NO! No, por amor a Dios, Ruby, no. –Dijo con una expresión de miedo. –Tuve que cambiar la cerradura de mi casa porque entró sin mi permiso. –Mateo no entró en detalles de que ese día tuvo relaciones con su exnovia y después estaba arrepentido, su empleada no necesitaba saberlo, pero, por la cara que puso la mujer, era obvio que se había imaginado ese panorama. –Ruby… ¿Algo que decir?
“¿También tenía llave de su libido?” –No, nada. –Alzó el auricular del teléfono y colgó de inmediato. –Esa es la solución para que yo no tenga que pasar media hora atendiendo a Catalina y para que usted tampoco deba tratar con ella.
-Eres un sol. Por cierto ¿Hoy no ibas a pedirme algo? –Ruby conocía aquel código secreto. Mateo, para agradecerle su discreción y como lo cubría cuando no quería hablar con alguien, o simplemente tener un trabajo listo a tiempo, solía recompensarla y venía con aquella pregunta. Sonrió.
-De hecho, quería la hora de las cuatro hasta las cinco, mi hermana se comprometió el catorce de febrero, y debo ayudarla con su vestido… Tengo que ir a Kleindfeld.
-Hecho, está bien. Y felicidades por la boda de tu hermana. Ya que estarás ahí… ¿Puedes ayudarme con algo?
-Si, por supuesto, señor.
-Uno, no me digas señor, me siento viejo. –Rió y la miró. –Bonito conjunto. Pero eso no iba a decir, sino que, veas si hay algo interesante como para hacer un número de novias.
-Ah, perfecto, eso haré. ¿Y cómo lo llamo si no es señor? ¿Mateo?
-Su majestad estaría perfecto. –De nuevo las carcajadas se pusieron entre ambos. –No te quejes, eso te hace la primera ministra.
-Creo que es un buen puesto. Hasta el rato entonces, majestad, debo ponerme a trabajar para que este gobierno se mantenga. –Eso es a lo que llamaban buena química laboral. Ruby volvió a su puesto y luego de darle play a sus canciones, se puso a trabajar. Se llevaba bien con su jefe, él no era pedante lo cual era una novedad. Con treinta años, se había convertido en el presidente de la revista con menos edad que había pasado por ahí. Tenía que cuidar un imperio, años de trabajo de sus padres y los padres de su padre, su hermana, diseñadora, reconocida diseñadora, iba por todo el mundo viajando y presentando sus colecciones, y él, apartaba las hojas de ella. Denisse tampoco era una mala persona, había trabajado con ella antes y fue la muchacha quien la recomendó como asistente de Mateo. El día transcurrió sin novedades, una que otra llamada de sus tías, madre, su prima Hillary, y el tema, el mismo, la eterna soltería que arrastraba. A las cuatro en punto, recogió sus cosas y le devolvió el celular a su jefe. –Ya me voy, tendré mi celular por si necesita algo.
-Diviértete, Ruby. Nos vemos mañana, dudo llamarte. Lo dejaste todo perfecto. Los artículos están… asombrosos.
-Gracias, Mateo. –Sonrió y suspiró al ver la sonrisa de su jefe. Como dirían los gatos, purrrrfecta. Lo gracioso es que, ella nunca se había enamorado de su jefe como sucedía con otras chicas de la planta, debía admitir que era guapo y los trajes le quedaban pintados. Alto, justo como le encantaban, de marrones intensos, con el cabello de un castaño claro, ¡PRECIOSO!, tenía una ligera barba, sabía que estaba tatuado, lo vio el día que fueron juntos a una playa, por trabajo, claro, aunque con esa historia, se ganó el odio de muchas. Habían ido a una exhibición de moda playera y, luego del hotel, el coctel y la pasarela, se habían quedado a dormir puesto que ya era muy tarde para volver, al día siguiente, por petición de él, se quedaron a divertirse, y ella notó las alas de águila y libélula tatuadas en la espalda. Lo bonito de su relación, es que no solo eran un jefe y su asistente… sino que también eran amigos. Ella sabía que podía contar con él. Salió del enorme edificio de New Beat y luego se dirigió a la tienda de novias que su hermana siempre veía en televisión. –Rose, hola. –Saludó a su hermana, una chica idéntica a ella, solo que su cabello estaba corto, por los hombros, la única diferencia.
-Mi querida Ruby. Me imagino como te tiene mamá. –Ambas se abrazaron. –Lo siento, era lo que iba a decir.
-Por milésima vez, no es tu culpa. Ahora ¿Viene Hillary?
-Sí, ya debe estar por llegar, ¿Entramos y vamos viendo?, pedí una cita y no me la quiero perder.
-Obvio, y estoy aquí porque sé más de moda que tú. –Rió y juntas entraron en la tienda, y el olor de las telas llenaron la nariz de Ruby. Conocía de eso, seda, tul, satín. Brillos y brillos por todos lados, era fabuloso, como una nube vaporosa de glamour. –Tu asesor ¿Te dijeron quién era?
-Una mujer llamada Caroline. –Sonrió. –Yo me casaré en St. Paul, y quiero algo de princesa, con brillo, un velo, precioso. –Rose se notaba más que emocionada, y cuando su prima llegó, casi ahoga el grito. - ¡Hillary!
-Aquí estoy, es como un sueño estar viendo vestidos otra vez. Ruby, espero que ver esto te emocione.
-A lo único que me emociona es a ayudar a pagar el vestido de mi hermana, es su día. –Rió y vio llegar a la asesora. –Hola buenas tardes.
-Hola, soy Caroline, ¿Quién es la novia?
-Soy yo. –Dijo emocionada Rose, porque era igual que en la televisión. –Me llamo Rose Lake. Ella es mi hermana Ruby, y mi prima, Hillary.
-Bienvenidas. –Ruby seguía a Rose y a Hillary. Ellas estaban de maravillas, pero ella, que estaba acostumbrada a aquellos paseos y trajes por su trabajo, solo estaba viendo los diseños. Caroline se llevó a Rose a los probadores, luego de un rato, su hermana volvía con un vestido Pnina puesto. –Este es solo el primer vestido. –Ruby sonrió. Rose parecía feliz, radiante, y ella no podía sentir más nada sino alegría por su gemela.
-Estás preciosa, ¿Sabes? Como un ángel brillante.
-A mí no me gusta. –Soltó Hillary. –Es muy… simple… necesita más brillo. Digo yo.
-Hillary, es la boda de Rose, no la tuya. –Dijo Ruby.
-Me gusta, Ruru… -Dijo Rose mirándose en el espejo. –Mucho. El encaje es tan bonito. El escote, todo. ¿Pero impacta?
-No, no lo hace. –Soltó Hillary. –Más brillo, Rose, tú eres más brillante que eso.
-Shhhh, calla, Hillary. –Ruby agradecía que ahí no estuvieran sus tías o su mamá, o esa cita iba a ser un desastre. –Rose, escúchame, todo te queda fantástico, preciosa. Yo lo sé porque es como verme en un espejo. –Rió. –Puedes probarte otro vestido que te guste, lo que importa eres tú y que te sientas deslumbrante y preciosa con lo que escojas, no hay otra novia como tú...
-Eso es lindo. –Dijo Caroline, su asesora. –No vemos mucho de eso aquí, todos quieren dar su opinión. ¿Quieres probarte otro, Rose?
-Sí, otro, aunque este dejó la barra alta. –Volvió a los probadores y las dejó solas en el sofá.
-Hillary, es Rose. –Dijo Ruby. –Por favor, deja que escoja, si opinas así, Rose se confunde, ¿Vale? La convenceremos de que nos deje elegir el vestido de las damas, claro, con el color que ella puso para el matrimonio. ¿Vale?, es su boda.
-Agh, lo sé, y tienes razón, de acuerdo, me callo. Aunque ese vestido era simple.
-Era precioso, tú no sabes nada. –Rió y esperó a ver a Rose salir con el siguiente vestido, sonreía mucho más y en cuanto se vio en el espejo comenzó a llorar y a echarse aire. Ruby sabía lo que significaba, había encontrado su vestido. –Radiante, estás preciosa.
-Me encanta. Lo amo. –Rose dejó que le completaran el look con un velo y luego sí que no cabía en sí misma. –Este es el vestido. ¡Es mi vestido! –Lanzó un gritito de emoción y Ruby solo reía. –Ruru, este es…
-Si es, no se diga más, ese es el que pagamos, y no importa, yo te dije que te regalaría el vestido. No le diga el precio. –Dijo a la asesora y se levantó del sofá. –Y no dejes que Hillary te diga tonterías, si te gusta, es tuyo, no te dejes influenciar.
-Yo no voy a influenciar. Ese vestido brilla. Y es sexy, no es el corte princesa que quería.
-Bien. –Se fue con la asesora a hablar de los precios, apartó el vestido de su hermana y vio la siguiente cita para las pruebas de vestido. Pagó y volvió con su gemela que aún se veía en el espejo. –Nena, es tuyo, oficialmente.
-Lo amo. ¡Aún faltan sus vestidos!
-Bueno, estamos en Kleindfeld. ¿Podemos? –Miró a la asesora quien asintió. –Bien, tu color en la boda es el coral. Hillary y yo veremos algunos vestidos de ese color y te diremos si nos gusta alguno.
-Okay, iré a cambiarme. ¿De verdad es mío?
-Sí, ya está pagado, tu siguiente cita para prueba es en un mes, tu boda es en septiembre como me dijiste, y tendremos una prueba cada mes. Tu hermana, consideró que era mejor.
-La amo. –Rose fue a cambiar luego de que su hermana y su prima se fueran a ver más vestidos. Era como un sueño. Luego de escoger cada uno el suyo y probárselos, terminaron por irse. Había sido una cita provechosa.
-Chicas, esto hay que celebrarlo. Síganme.
-Estamos en ropa de oficina. –Se quejó Rose, pero no sabía que Ruby tenía pensada una parada. Las llevó hasta su casa, y luego de cambiarse, y llevarlas a comer, las secuestró a una discoteca para celebrar un buen rato. - ¡Ruby! ¡Que me siento mal estando aquí sin Lucas!
-Es como una despedida de soltera. –Rió Ruby llevándolas a la barra y pidiendo uno y otro Cosmopolitan para ponerse a tono, comenzó a bailar al ritmo de la música. Hillary y Rose eran más conservadoras, Rose terminó por llamar a su novio, Lucas, para que les hiciera compañía, mientras Ruby bailaba en medio de la pista. Se había invitado a divertirse y eso planeaba hacer, ya que seguro, al día siguiente, tendría otro sermón de porque seguía soltera. Y seguiría soltera por los siglos de los siglos, amén.
Y la canción de “YO PERREO SOLA” era una dedicación directa a su vida y lo mucho que la disfrutaba. Bebiendo de la botella de cerveza, bailando, solita, ni siquiera necesitaba un compañero de baile para moverse al ritmo de la música. Y ahí estaba, cantando a todo pulmón “Addicted to you” sin dedicársela a nadie en particular, y en la ciudad que nunca duerme, Ruby estaba lejos de irse a dormir a las tempranas once de la noche.
- ¿Esa es tu hermana? –Rió Lucas al ver a su cuñada cantando y bailando “Idiota” de Sofía Reyes mientras bebía. –Hola Hillary.
-Sí, esa es mi querida prima, parece que es la única que disfruta la fiesta.
-Yo no puedo celebrar sin ti, ya tengo mi vestido. –Sonrió Rose. - ¿Bailas?
-Con esa invitación tan bonita, claro que sí, muñeca. –Lucas se llevó a Rose a bailar con él dejando sola a Hillary.
-Parezco la amargada del grupo. –Hillary vio a Ruby acercarse y como la chica la jalaba a la pista.
-Eres amargada desde que te dejó Sebastian. ¡Baila y diviértete! –Algo tenía Ruby, podía contagiar a cualquiera de su risa con una invitación de su sonrisa.
Baile, tragos, fiesta. A la medianoche se iban como Cenicientas hechas calabazas. Rose con su novio, Lucas, Ruby con Hillary. Dormir luego de llegar a su apartamento junto a su prima y a la hora de despertar, un café cargado resolvía sus problemas de jaqueca y de somnolencia. Dejó a su prima dormir más, y luego de un baño y arreglarse, se fue directo a trabajar. Marcos la esperaba para llevársela. - ¿Te fuiste temprano ayer?
-Sí, tenía un compromiso. –Dijo mientras se acomodaba los lentes de sol. –Mi hermana se casa, fuimos por su vestido.
-Ah, ¿Y a quien llevas a la boda? ¿No te molestarán si vas solita?
-Ay querido Marcos, ¿Quieres que te invite? –Rió mirándolo.
-Tienes ojeras, o sea… estabas de juerga.
-Me retocaré el maquillaje, y pues, veremos, ¿Vale? Tal vez pueda ir sola, soy la dama de honor, y seguro me emparejan con uno de los padrinos. Sea como sea, sí te invito, puedo llevar a una persona, y mejor tú que otro.
-Yes, fiesta gratis, es lo que quería oír. –Juntos llegaron a la oficina y, de nuevo, Marcos a su piso, Ruby al suyo. Retocado su maquillaje, fue directo a su mesa, y no había siquiera puesto su silla a un lado para sentarse cuando ya su mamá estaba llamando otra vez.
-Serán unos largos meses. Muy largos, Señor Jesús. Piedad. –Ya estaba acostumbrada, pero mientras más rápido pasara la fiebre de la boda, todo iría mejor para ella, necesitaba paz con mucha desesperación, y que aceptaran de una buena vez que ella sería la tía millonaria, soltera y con gatos que consentiría los hijos de su querida hermana Rose y que eso no estaba mal. No era necesaria una relación amorosa para ser feliz en la vida, solo aceptarse y quererse como se es, a gusto solita, porque la soltería no era ninguna enfermedad. - ¿Si mamá?
- ¿Sabías que tu amiga de la escuela, Ginny, está embarazada y tendrá un baby shower? Nos invitó, quiere que vengas.
Sí que sería una larga temporada.
***