Podía sentir el calor del semen a mi cara, que poco a poco resbalaba por mis mejillas. No podía verme, pero estaba excitada con la idea de que el resto lo hiciese. Juan rápidamente volvió a su sitio tras darme las gracias con la polla deshinchada. A pesar de que erecta no fuese especialmente grande, ahora había perdido la poca virtud que tenía. Recordé que mi mano estaba sobre el coño de Sandra, el cual pude notar ligeramente mojado, no en exceso, pero si lo suficiente para concluir que estaba excitada. Miré a Marta y ella me devolvió una mirada cargada de sensualidad, mientras se mordía el labio. La gustaba verme con la cara llena de corrida, igual que a Oscar, que no cesaba en su trabajo manual. Su polla sería unas dos veces la de Juan, al menos de largo, ya que la de Juan era mucho más

