Aitana:
Max y yo decidimos quedarnos a dormir en mi casa para tener una noche de chicas. Hacíamos una cada que podíamos, las amábamos y hace al menos un mes no organizamos nada. Al final simplemente las dos terminamos con ganas de hacer nada y nos tiramos en mi cama.
Estábamos recostadas boca arriba mirando hacía el techo.
Las dos con la mirada y pensamientos perdidos, en un mundo completamente distinto a la de la otra.
Ella ya estaba en ropa interior y yo aún tenía puesto el vestido, no tenía ganas ni de moverme.
-Es que enserio no sé... De verdad me gusta ese bendito hombre._ dije acariciando mis labios recordando aquel beso. Ferro, así se llama...
Max soltó una pequeña risita burlona.
-Si los vi besándose salvajemente, sucia._ dijo dándome un golpe en el brazo mientras reía.
-¡Auch! La salvaje eres tú._ ataqué de vuelta.
-Bueno vale, es solo un tío. ¿Por qué tanto problema?_ preguntó curiosa
-Max deja de hablar como programa de History Chanel doblado._ dije riendo.
-¿Entonces?_ preguntó recargando su cabeza en su mano prestándome completa atención.
-No sé cariño, hay algo de el que me atrae, que me llama... Es extraño._ respondí mientras suspiraba pesadamente.
Ninguna dijo nada más y nos acomodamos para por fin poder dormir.
-Te amo, Maxi._ dije dándole un pequeño besito en su brazo.
-Te amo, Tana. Gracias por ser mi mejor amiga._ contestó finalmente para dormir abrazadas.
Bien, nota importante:
El 14 de enero era lo que en mi familia llamábamos "Día Maxwell" (Es una celebración que hacíamos para festejar nuestros logros he historia familiar) El día que recordabamos nuestro linaje.
Dirán que somos unos exagerados pero de generación a generación se ha transmitido y enseñado que el orgullo familiar es lo más importante, es algo parecido como el nacionalismo en Europa o una cosa así.
Y bueno, sin mencionar que según la revista Forbes estamos en el top 5 de familias más influyentes de New York y también en el top 10 de Estados Unidos. Claro, sin mencionar.
Este día se reunían mis bisabuelos, abuelos, padres, hermanas y yo , además de amigos de mi padre y socios de su empresa, vecinos y amigos.
Normalmente mis bisabuelos contaban historias sobre mis tatarabuelos y la vida que llevaban en esa época, anectodas de cuando eran jóvenes.
Además de eso, se había hecho tradición que alguno de nosotros daba un discurso sobre el año transcurrido.
Que había pasado en la familia y el crecimiento que ha tenido cada m*****o como crecimiento laboral, escolar etc etc.
Apesar de ser un evento meramente familiar siempre se hacía una lista de más de cien invitados.
En conclusión, es una hermosa fiesta de gala llena de diversión familiar que compartimos con quienes nos rodeaban y apreciaban.
Tenía un atuendo especial para esta noche... y vaya que lo tenía. Opté por un precioso vestido blanco de satín, era largo de un lado y corto del otro. Amaba ese tipo de estilo; lujoso, caro y que me hiciera ver como una "b***h sexy con clase." Cómo decía Max
Me maquille algo exagerado para alzar el atuendo y verme mejor.
Sombra dorada y rosa, mi delineador plateado y un lip gloss con brillos discretos. Parecía una auténtica Diosa griega.
Me mire al espejo y me encantó el resultado.
-Aitana is in the house bitches!_ dije riendo lanzando un beso a mí reflejo.
Salí de mi habitación y comencé a convivir con los invitados, hablaba con algunos solo por educación y con otros porque realmente me agradaban.
Decidí ir al patio detrás de la casa donde no había nadie para darme un suspiro.
Hasta que lo vi ahí, Dios escóndeme por favor.
Ahí estaba Karim O'Donnell uno de los niños más estúpidos que conozco y para mí mala suerte, acosador personal...
En cuanto me vio casi corrió hacía mí tratando de verse discreto, cosa que no funcionó en lo absoluto.
-Hola, dulzura._ saludó tomando mi mano para depositar un asqueroso beso en ella, en seguida la quité sonriendo hipócrita.
-Hola, Karim ¿Qué tal la fiesta?_ pregunté con una sonrisa falsa, siempre trato de ser educada con todos y eso no lo excluía.
-Ahora que te veo diría que mejor primor... Ese vestido se te ve bastante bien... Me atrevo a decir que te lo pusiste para seducirme dulce._ dijo morbosamente soltando una fuerte nalgada en mi trasero.
No dude en apartarme de el y soltar un puñetazo en su nariz haciendo que se tambaleara al suelo. La mano me dolía como un demonio pero no lo dejaría expresarse así de mí nunca nadie me había faltado al respeto de esa manera.
-Escucha maldito imbécil, que te quede bien claro lo que voy a decir._ grité ya enojada agachandome para estar a su altura y tomarlo por su corbata para acercarlo a mi.
-A mí me vas a respetar si o sí, no te quiero volver a ver cerca mío y no quiero volver a escuchar de ti ni una sola cosa o te juro por lo que más amo que te vas a arrepentir y te vas a pudrir como la maldita mierda que eres._ contesté pateando su entrepierna con todas mis fuerzas.
El solo pudo soltar un grito de dolor.
Lo solté y lo deje sangrando ahí en el suelo como el estúpido que era, los anillos que traía hicieron que el golpe se diera con más potencia pero no quitaba que la mano me doliera como un carajo, pero no iba a permitir que nadie me insultara y menos en mi propia casa.
Comencé a caminar enojada hacia la casa, todos los ánimos se fueron a la basura con ese imbécil y solo quería gritar.
-Debo de admitir que me dejaste helado...
Al escuchar esa voz la helada fui yo.
Ahí estaba Ferro parado como si nada, tenía puesto un traje que a simple vista se veía muy caro y me miraba mientras estaba recargado en el muro del invernadero mientras fumaba un cigarro. Demonios, se veía tan caliente.
-No voy a dejar que nadie me falte al respeto._ contesté molesta cruzando mis brazos.
-¿Cada que te molestas cruzas los brazos, cariño?_ salió humo por su boca y continuó hablando. -Sabía que ibas a poder manejar la situación con aquel tipo, claro que si no, hubiera intervenido._ agregó metiendo sus manos en los bolsillos del pantalón aún con el cigarrillo en la boca.
-Solo nos hemos visto y fue en una discoteca, no conoces que tanto puedo controlar una situación así._ contesté alzando una ceja.
-Desde el segundo que nos conocimos comenzaste a pelear conmigo, no sería diferente aquí. Pelearías por lo que no te parece correcto.
Mordía ligeramente su labio de manera sensual.
Dios, me dará un infarto.
Sin responderle, caminé hacía el y tiré su cigarro al suelo, pisándolo con mi tacón.
Lo tomé por la nuca como pude y nos fundí en un apasionado beso.
Su boca sobre la mía era un maldito paraíso, era como si los ángeles cantaran en mi oído alguna canción sensual de The weeknd.
Su boca se separó de la mía y comenzó a bajar por mi cuello repartiendo besos húmedos.
Yo en respuesta hice mi cuello hacia atrás para que el pudiera seguir con su trabajo.
-Vamos a mi cuarto, alguien nos podría ver aquí._dije tomándolo de la mano para entrar a la casa.
Estando en mi cuarto, me senté en la cama pero él seguía parado en la puerta sin moverse, me veía con deseo al igual que yo a él.
Comenzó una lenta caminata hacía la cama mientras se quitaba el saco he iba desabrochando su cinturón.
Al llegar conmigo tomo mi mano y me puso de pie; apesar de los tacones el aún era mucho más alto que yo.
Dejó su cinturón en la cama y sin despegar la vista de mi comenzó a descender hasta quedar completamente hincado frente a mí.
Sus grandes manos acariciaban mis piernas de una forma exquisita y lenta, y sus labios también comenzaron a explorar mi piel.
De manera brusca se puso de pie para cargarme y acostarme en la cama.
En seguida comenzó a subir mi vestido lentamente , ninguno decía nada... Completo silencio, solo nuestras respiración agitadas y mis jadeos que pedían por más caricias suyas.
Con el vestido completamente arriba su cara se escondió entre mis piernas, sus labios comenzaron a besar mi muslo izquierdo.
-Aitana._ habló Ferro para llamar mi atención.
En cuanto nuestras miradas se conectaron, su pulgar apretó ligeramente mi entrada , por la sorpresa y la deliciosa sensación mi cabeza se hecho hacía atrás sin poder evitarlo aventé mi cadera hacía arriba buscando más de cerca su tacto.
-No, cariño. En todo momento tienes que verme._ habló demandante.
Yo solo pude asentir con la cabeza.
Subió otra vez hasta mi rostro, mis ojos no se podían apartar de los de el y antes de poder articular palabra, su mano regreso a darle atención a mi centro.
Gemí como respuesta.
Sus dedos sobre mi clítoris se movían de manera lenta y sin prisa.
Continuará..