FERRO:
Aquella noche estaba tan aburrido... la mujer frente a mí bailaba exageradamente para llamar mi atención.
Tenía tiempo sin venir a este tipo de lugares, me agradaba venir ya que era un pretexto para que una mujer se restregara contra mí.
Siempre que me encontraba en lugares tan llenos de gente me preguntaba como reaccionarían las personas a mi al rededor al saber quien era en realidad, mi naturaleza...
Hoy por fin vería a la chiquilla Maxwell de cerca, pasaron décadas para poder llegar a ella y no desaprovechare esta gran oportunidad.
No tenía nada planeado pero claro que me acercaría a ella.
Esperé mucho tiempo pacientemente pero ahora volví por los que me pertenece, ella es mía y no hay nada ni nadie que pueda detenerme.
Observo mi reloj algo desesperado llevaba una hora aquí y me causaba algo de repulsión las mujeres a mí al rededor, tengo que esperar, se que no tardaría en llegar.
Desde que su madre estuvo embarazada jamás la perdí de vista, he estado cuidando de ella y velando por su seguridad.
De niña la vi siempre como eso, una pequeña niña sumamente linda y carismática que andaba por todos lados con faldas coloridas, saltando de aquí para allá causando molestías entre sus nanas.
Pero desde que cumplió los 18 empezó a vestirse más madura y comportarse más, fue ahí que empecé a verla cómo lo que era, mi futura mujer y mi pago aunque ella no lo supiera por el momento.
Había permitido que tuviera novios pero siempre hacía que nunca pudieran dar el siguiente paso, por una razón o algo. No tocarían lo que es mío.
Aitana había crecido de manera virtuosa, era una chica dulce y amable pero a la vez con un carácter muy fuerte y decidido.
Su cuerpo era una escultura divina que merecía ser observada por todos y probado solo por mí.
Pasaron unos cuántos minutos cuando vi su pequeño cuerpo aparecer entre toda esa gente, sonreí cuando observé que llevaba puesto el vestido rojo que le había mandado como como regalo y lo había combinado con unos tacones enormes que la hacían ver unos centímetros más alta.
Ésta noche me iba a acercar por primera vez a ella, iba a conocerme por fin.
Aitana:
Era sábado en la noche y decidí salir con Max al famoso antro "Black Hell" era nuestra parada favorita los sábados para divertirnos un rato y bailar.
A las dos nos encantaba bailar y más si era juntas.
Apenas íbamos adentrándonos al lugar cuando Max me dejó abandonada porqué un chico que conocía de otra fiesta y la invitó a bailar.
Maldita sea.
Aburrida caminé hacia la barra para pedir un trago y poder relajarme.
-Hey, guapa ¿Qué vas a pedir dulzura?_ preguntó el barman en su tono coqueto habitual para vender.
-Queremos una cerveza negra para mí y una piña colada para la dama._ contestó por mi un hombre de voz ronca.
-Ahorita salen, guapos._ contestó el barman dando dos golpes rítmicos en la barra alejándose para ir por nuestras bebidas.
-No, yo quiero un Whisky._ reclamé volteando hacía atrás para enfrentar a aquel hombre.
Pero al voltear solo logré ver su pecho.
Mire ligeramente hacía arriba y me encontré con un hombre terriblemente atractivo y sumamente alto que parecía un dios griego, su mirada en cierta manera llegaba a intimidarme pero no iba a dejar que se diera cuenta de eso.
-Yo no quería esa bebida._ dije en manera de reclamo y crucé los brazos en mi pecho como estaba acostumbrada a hacer cuando algo me disgustaba.
El soltó una pequeña carcajada ante mi acción.
Idiota.
-¿Qué te parece gracioso?_ pregunté alzando una ceja, vaya que me empezaba a molestar con el desconocido guapo.
-Tú eres graciosa, pareces una niña pequeña enojona._ contestó doblando un poco las rodillas poniéndose a mi altura y una sonrisa burlona apareció en su rostro.
-Aunque también en el tamaño pareces bebé._ dijo tocando mi nariz con su dedo.
-¡Hey! Burlarse de mi altura no es valido._ volví a reclamar dejando escapar una pequeña sonrisa por su chiste.
Estaba acostumbrada a burlarme de mi estatura.
-Whisky para la bella dama y Cerveza negra para el caballero._ habló el barman interrumpiendo nuestra pelea de miradas.
-Gracias, cariño._ contesté tomando la bebida en mi mano para poner un billete de 50 dólares en la barra para pagar la bebida de ambos. -Esta noche yo invito y salud, guapo._ brinde alzando el vaso de cristal.
Me alejé de aquel hombre con cara de ángel para sentarme en el pequeño sillón situado frente a la pista de baile.
A los segundos reapareció nuevamente frente mío y tomó asiento como si nada.
-Vale, no creí que usted me dejaría ahí hablando solo._ confesó pasando su mano por su alborotado cabello revolviendolo.
Dios, es tan sexy.
-En primera señor...
-Ferro._ contestó con voz ronca.
-En primera Señor Ferro, no lo dejé solo puesto que no estaba con usted y segunda se decidir por mí y no necesito ayuda con mi bebida._ hablé echando un mechón de cabello hacia atrás.
-Muy bien , Señorita...
-Aitana Maxwell._dije de manera divertida siguiendo su juego.
-Bien Señorita Aitana ¿Le gustaría bailar conmigo?_ preguntó poniéndose de pie y extendiendo su mano hacía mi.
Lo miré de manera desafiante por unos segundos pero al verlo tan seguro tomé su mano y me puse delante de él dirigiéndonos a la pista de baile.
Puso sus grandes manos en mi cintura y comencé a mover mis caderas contra el al ritmo de la música.
Pasó el rato y ninguno de los dos hablaba, solo nuestros cuerpos se movían en sincronía.
Realmente ni siquiera estábamos bailando, solo nos movimos en un vaivén algo excitante.
De fondo sonaba alguna canción lenta y sensual de reggaeton.
Era un club de música latina, me encantaba venir aquí yaque los latinos tienen más sabor para todo incluida la música y es lo que me encantaba del lugar.
Sentir su gran cuerpo detrás mío llegaba a excitarme y a ponerme caliente de una manera casi exagerada para ser un simple roce.
Volteé otra vez para observarlo a los ojos, jamás vi ojos como los suyos... Tan expresivos.
Expresaban lujuria, pasión y había algo más que no lograba descifrar, pero ese algo me volvía loca.
Puso su mano en mi nuca y se inclinó para besarme...
Nuestros labios apenas se empezaban a rozar y tocarse ligeramente, tomé iniciativa y choqué sus labios con los míos fuertemente. Nuestros labios se movían de manera salvaje y brusca sobre el otro y jalaba de mi nuca para acercarme a él como con desesperación.
Atrapé sus labios entre mis dientes dando un ligero tirón, lo que hizo que soltara un pequeño gemido, sus manos viajaron de mi nunca hasta mi cadera apretando esta
Me iba a matar si seguía así.
Bruscamenteme separé de el, tenía que buscar a Max, teníamos que irnos ya.
-Tengo que irme._ dije dando un pequeño beso en la comisura de sus labios.
El me regaló una gran sonrisa y tomó mi muñeca.
-Nos volveremos a ver, créeme que nos volveremos a ver._ contestó soltando mi muñeca dejándome ir por fin
Esas palabras, esas malditas palabras...
Jamás creí que vería tan pronto a Ferro y las circunstancias en las que estaríamos.