2 de enero del 2022.
Aitana:
Eran alrededor de las 2:00 am cuando desperté por un gran calor que recorría todo mi cuerpo, parecía verdadero fuego quemando mi piel. Haciéndome despertar de inmediato por la sensación. Quería pararme pero un gran peso me impedía hacerlo, solo pude abrir los ojos...
Sentía unas grandes manos recorrer todo mi cuerpo, se sentían tan pesadas y frías provocando que me asustara bastante pues no había nadie a mí al rededor, mi habitación estaba libre de cualquier intruso. Era como una fuerza invisible.
Trataba de moverme y gritar pero mi cuerpo no reaccionaba, estaba paralizado; a este punto ya no sabía si por las "manos" o el gran temor que me cubrió.
Mis pulmones ardían intensamente por la falta de aire.
Me sentía desfallecer, a los pocos segundos sentí todo el aire regresar de golpe a mis pulmones y el calor incómodo de mi cuerpo desaparecer; en seguida dejando un frío abrazador que me envolvió de pies a cabeza.
Sin poder evitarlo comencé a llorar pues me sentía completamente cansada y vulnerable...
No sé si pasaron segundos, minutos u horas cuando me volví a quedar dormida.
13:57 pm
Comenzaba a sentir el cálido sol mañanero entrar por el ventanal, el cual anunciaba que un nuevo día comenzaba.
Sin abrir los ojos quité las cobijas que cubrían mi cuerpo y comencé a estirarme cuando un dolor en mi costilla ocasionó que me encogiera enseguida por el dolor.
Me quedé estática para no lastimarme más, el dolor comenzó a disminuir notoriamente y alguien llamó a la puerta.
–Adelante.—dije en voz alta al mismo tiempo que cubría mi cuerpo semidesnudo con las sábanas para cubrirme.
Por el umbral de la puerta se asomó Eduarda, una de las señoras que nos ayudaba en esta casa y una de mis confidentes más preciadas en mi tiempo de juventud, pues en mis tiempos de rebeldía ella cubría mis escapadas por la noche.
Le regalé una sonrisa amplia
—Buenos días ¿Cómo estás?—dije con un repentino buen humor.
—Tal vez "días" no sea la palabra correcta que busca, señorita Aitana.— contestó la señora con una sonrisa maternal y burlona.—Pasan de las dos de la tarde.
Mi sorpresa fue grande cuando mencionó la hora ¿En qué momento dormí tanto? No sentí pasar el tiempo.
—Dios, dios, dios...— dije parandome de un salto de mi hermosa cama.
16:31 pm
Cuando desperté fui a buscar a mi familia por todos lados sin éxito de encontrarlo, Eduarda finalmente me confesó que los había visto salir con maletas, así que decidí llamarlos para saber qué estaba pasando.
—Mamá ¿Por qué rayos me dejaron sola?—pregunté enojada.
—Si, hola querida también me alegra escuchar tu voz.—contestó sarcástica.
—Perdón mami, hola ¿Ya desayunaste?.. Ahora sí ¿por qué me dejaron sola?_ pregunté tirándome al sillón
—Tu padre trató de despertarte pero se ganó un almohadazo de tu parte...Ahora si me permites, tengo que irme cariño, nos vemos el lunes.
—¿Volverán hasta el lunes? ¡Los demandaré por abandono infantil!—dije exaltada.
—¡No hagas cosas estúpidas mientras no estemos!
Sin más que decir mi madre me colgó.
Grosera.
Tal vez sea un buen momento para disfrutar de mi soledad, disfrutar de mi y mi soledad nuevamente.
El fin de semana era mío y no iba a desaprovecharlo.
16:39 pm
¿A quién engaño? Odiaba estar sola porque me sentía insegura en esta casa tan grande.
Rendida decidí irme a mi habitación p
aunque mis pies parecían dirigirse a otro lugar.
Cuando menos lo noté llegue al "pasillo histórico", era un área de la casa que estaban pinturas de cada m*****o de mi familia. Habían pinturas realmente viejas y tenebrosas desde la época de mi tatarabuelo hasta mis padres, realmente era una casa muy antigua que con el tiempo se había ido remodelando y agrandando pero sin perder su toque rústico y antiguo.
En este pasillo estaban los retratos de cada uno de mis familiares; todos con aspecto antiguo y deprimente.
"La regla" es que hasta cumplir los 25 años tu pintura podía estar entre los demás.
En seguida mis ojos captaron la pintura del "abuelo Maxwell", un frío recorrió mi columna vertebral.
La historia de mi abuelo me llenaba de orgullo, jamás me cansaré de admirar el coraje y valentía que tuvo, pero siempre que miraba su retrato una mala sensación llegaba a mi como si hubiera algo detrás de todo lo que me contaron alguna vez, como si hubiera tenido que hacer cosas turbias en esas épocas.
Que tontería.
El timbre de la casa comenzó a sonar y bajé rápidamente las escaleras para abrir la puerta antes que cualquier persona de la servidumbre.
—Buenas tardes ¿Aitana Maxwell?—habló un hombre en la entrada, un mensajero.
—¡Hola! soy yo.— contesté educadamente.
—Traje este paquete para usted, necesito que firme aquí.— el mensajero extendió una hoja en una tabla de madera.
Después de despedir al hombre me entregó una caja.
Curiosa fui hacia la sala y me senté en la gran alfombra ansiosa por abrir el paquete. No recordaba haber pedido algo por internet.
Me encontré con una caja de rosas rojas preciosas la cuales igual que el regalo anterior algunos pétalos estaban quemados.
Este detalle le daba un toque único que me encantaba y me indicaba que eran del mismo "admirador"
—¿Por qué quemas las flores?— pregunté para mí misma, era algo bastante peculiar que hiciera tal cosa quien sea que lo mandara.
En el regalo también venía un hermoso vestido que parecía látex de color rojo que totalmente era mi estilo, era precioso ¿Cómo sabía esta persona mi talla exacta?
Ya algo aburrida tomé mi teléfono y llamé a Max mi mejor amiga de toda la vida.
—Holaaaaaaaaa.—se escuchó del otro lado de la bocina a lo cuál reí levemente.
—Hola, preciosa.—contesté riendo
—No me vas a creer lo qué pasó.—chilló emocionada.
—¿Recuerdas a Mathew? Ayer en año nuevo tuvimos sexo salvaje intenso y Dios.... si qué fue intenso.
—¡MALDITA PERRA!— contesté en un grito.—¿Tan pronto? ¿En serio?
—Sabes que con quien quiero estar siempre lo consigo.— presumió orgullosa.
—Lo sé, lo sé. Maldita suertuda.— contesté con algo de envidia
—Amor, no sé cómo a tus 19 años y siendo una maldita diosa griega sigues siendo virgen...
Pero como sea, tengo que colgar te amo preciosa.
Maldita, solo llamó para presumir
La llamada se cortó y me quedé pensando ¿Por qué maldita sea sigo siendo virgen? Soy alguien que quiere disfrutar su sexualidad y jamás ha tenido sexo, vaya ironía.
Lo más extraño de esto es que cada vez que trataba de tener sexo con alguien es como si algo lo impidiera, el destino tal vez.
Siempre ocurre algo en el momento justo y es algo que me frustraba.
¿Acaso me quedaré virgen toda mi vida?