31 de diciembre 2021
23:54 pm
Aitana:
Sus manos recorrían mi espalda con desesperación, nuestros labios estaban entrelazados en un caluroso beso lleno de pasión y deseo.
Yo gemía en lo que parecía un susurro, solo estábamos él y yo disfrutándonos mutuamente.
Ambos acordamos semanas antes que queríamos pasar año nuevo juntos por primera vez y cuando digo juntos, me refiero a juntos de verdad.
Quería que nuestra primera vez fuera especial para ambos, no nos amábamos y mucho menos éramos novios, pero era el hombre menos estúpido que conocía y decidí que con el sería mi primer encuentro.
No pienso como muchas chicas que tienen la idea de que su primera vez tienen que hacerlo con la persona que más aman...
Cuando iba en noveno las chicas de último año me dieron un gran consejo: No tengas tu primera vez con quien consideres al "amor de tu vida" actualmente porqué al final del día, cuando termine esa relación dolerá más esa ruptura pues le habrás entregado todo de ti.
Aprendí que si la persona tiene tu confianza y te gusta cumple todos los requisitos, abandoné esa tonta idea de la "prueba de amor"
Por el momento todo iba de maravilla, sus manos recorrían mi cuerpo algo brusco y torpe pero me gustaba.
Fuimos sacados de nuestra burbuja cuando su maldito teléfono comenzó a sonar ¿NO HABÍA APAGADO SU TELÉFONO?
El idiota me quitó de encima de él bruscamente lo cual me molestó bastante.
Respondió y su cara se tornó algo preocupada.
—Lo siento, tengo que irme.—dijo Marcus como si nada, tomando su ropa del piso.
Ni una sola excusa, ni una explicación... Nada.
—Vaya idiota.— bufé enojada.
Marcus se vistió rápidamente y salió de mi habitación.
Me recosté en la cama viendo hacia al gran ventanal que daba al jardín de mi hogar, ahí la gente celebraba junta y feliz el final de otro año.
Aún desnuda me posé frente al ventanal observando los magníficos fuegos artificiales que indican que por fin había llegado el año nuevo.
Los colores rojos y dorados me iluminaban por completo en la oscuridad de mi cuarto, dejando ver mi reflejo desnudo en el espejo.
La gente no podía verme debido a la altura de mi habitación, tal vez podría hacerlo alguien con mucho mucho interés de ver hacía donde me encontraba pero todos ellos estaban ajenos a mí.
Volteé otra vez hacia abajo y me encontré con la mirada de un hombre apuesto que jamás había visto en ninguna reunión, no me moví porque sabía que no me veía a mi definitivamente no desde su ángulo.
Decidida a seguir divirtiéndome y disfrutar el año nuevo me puse un hermoso vestido rojo y unos tacones de estilo gladiador color plateados para poder bajar con mi familia e invitados a celebrar.
Amaba a mi familia pues mis padres vivían un hermoso matrimonio lleno de respeto y amor, tenía dos hermanas las cuales adoraba aunque ellas a mí no tanto... eran mayores que yo por 12 años, eran unas gemelas preciosas pero con un carácter que no lo era tanto. Además de que a pesar de su edad aún vivían en la casa de mis padres.
Muchas veces parecían tener cierto odio hacía mi, desde que nací me hicieron a un lado provocando que mis padres me dieran más atención.
La fiesta transcurría con normalidad, en la gran mesa todos convivimos y bromeamos animadamente.
Hasta que mi padre se levantó de su asiento llamando la atención de todos indicando que debíamos de guardar silencio.
—Familia y amigos... Está gran noche quiero agradecer a cada uno de ustedes por formar parte de está celebración y de nuestras vidas la cuál gracias a Dios es sumamente bendecida y abundante en salud. Brindemos por el señor Jhon Maxwell que a pesar de la circunstancia de la "Gran depresión" sacó a nuestra familia a flote y nos enseñó que todo es posible con el amor de Dios, les pido que alcen sus copas y celebremos ¡Salud!— brindó orgulloso.
—¡Salud!— respondimos todos al unísono con una gran sonrisa.
El abuelo Maxwell... En verdad en mi familia era una historia que se contaba cada que se podía pues gracias a él estábamos donde estábamos.
Fue un hombre que según la historia con ayuda de Dios sacó adelante a la familia en la época de la segunda guerra mundial, o al menos es lo que me han contado desde pequeña.
Yo no sabía si realmente creía en Dios pero la historia me llenaba por completo de orgullo.
Cuando los invitados se pasaron a retirar mis bisabuelos, padres, hermanas y yo fuimos a la sala dónde se encontraba el árbol de navidad.
En mi hogar era una tradición el dar regalos en año nuevo para la buena suerte y la abundancia de todos nosotros.
Todos repartimos nuestros regalos y abrazamos compartiendo palabras de amor hacía el otro.
—Oh, miren.—habló mi madre llamando nuestra atención.—Aún falta un regalo aquí.— dijo tomando entre sus manos una hermosa caja roja aterciopelada.
—Tal vez algún invitado lo dejó para alguna de nuestras bellas hijas.— habló mi padre un tanto obvio.
—¿De quién será? ¿Creen que Lion me dejó algo?—Chilló Mera emocionada por lo que podría ser un regalo de su amor platónico.
—Ahora lo veremos cariño.— comentó mi madre leyendo la tarjeta que estaba arriba de la caja.
—Para mi bella Aitana... Toma dulzura es para ti.—mi madre me entregó la caja esperando que la abriera.
—Prefiero abrirlo sola en mi cuarto._ contesté algo cansada por la agitada fiesta.
Mis hermanas hicieron una cara de molestia y sin despedirse se levantaron y fueron a sus habitaciones.
Me despedí de mis padres y bisabuelos con un enorme beso e imité la acción de mis hermanas.
Entré a mi habitación quitándome los tacones y el vestido dejándolos en el piso solo queriendo recostarme.
Subí a la cama y con intriga apresurada abrí la misteriosa caja roja.
Encontré un hermoso y ostentoso collar de oro blanco junto con una rosa roja ligeramente quemada...
Estaba encantada con el regalo, pero algo confundida y muriendo por saber de quién podría ser aquel presente tan costoso y precioso ya que el autor no había firmado su obra.