Cuando Kara volvió a entrar a la habitación vestía un manto azul oscuro y llevaba en su cabeza una piel de color n***o con trozos blancos de otra piel. Se sentó sobre la cama por encima de mí, pude ver que en su mano llevaba una rueca. —¿Qué es esto?— pregunté al ver el espectáculo que había formado en un momento. —Así es cómo se practica el seidr.— lo dijo como si fuera lo más obvio que le hubiesen preguntado en su vida. —¿Por qué no hacías lo mismo con las otras lecturas de runas?— se puso la mano en la cara, sentía vergüenza ajena a pesar de que ella llevaba un gorro feísimo. —Porque no es lo mismo hacer de erilaz que de völva.— parloteaba como el típico repelente que sabe todas las respuestas en clase y al que los demás odian. —¿Y esto?— señalé la rueca en sus manos. — Es simból

