—Me mentiste.— gruñó Kara con el ceño fruncido. —Lo sé... y lo siento, pero tengo que contarte muchas más cosas.— yo susurraba mirando a mi alrededor constantemente emparanoiada como si estuviese diciendo mis contraseñas en voz alta. —Pues adelante.— esto iba a ser difícil, ya estaba enfadada y solo le había contado que Dash no se pasó de la raya en el bosque. —Aquí no.— susurré vigilando que nadie se extrañara, no podía parecer sospechosa ahora. —¡¿Por qué?!— puede que la profesora no nos escuchara, pero la gente en las mesas de alrededor se estaba mordiendo las uñas por saberlo. —Kara, confía en mí.— rogué poniendo mi mejor cara de pena. Puso los ojos en blanco y comenzó a escribir en su cuaderno. Así se mantuvo durante el resto de la clase, era todo lo contrario de lo que solía ha

