—Oh, sister, estás horrible.— me abrazó cerrando la puerta y me llevó con cuidado hasta el sillón que había colocado en su sitio como la mesa.— ¿Qué te ocurre? Me dio un escalofrío, acababa de oír la misma frase en un contexto tan diferente. Fylgja se sentó cerca para que pudiera acariciarla. —¿Ha sido Dash?— traté de enfriar mi mente, debía mantenerla alejada de él. —No, él ha intentado ayudarme pero no ha sido capaz.— ya podía respirar y mi corazón trataba de recuperar la normalidad. —De acuerdo...— ella sabía que algo no iba bien, pero supongo que no quiso atosigarme demasiado. —Es solo que me ha chocado que esa gente muriera tan cerca.— me estaba convirtiendo en la reina de las mentiras, debía tenerlas siempre bien presentes para formar un escudo inquebrantable. —Yo me alegro.—

