xvii.

3242 Words
.:. CHAPTER SEVENTEEN .:. ( HOGSMEADE ) -¿TU QUE PIENSAS SOBRE LO QUE DIJO HERMIONE? -le preguntó Harry a la rubia mientras le hacia caricias en el pelo. -Yo creo que tiene razón -comentó cerrando los ojos- También pienso que serias un profesor sexy. Harry solto una risa. -¿Como esa vez que le dijiste a Malfoy que mi cicatriz era sexy? -se burlo. -¿Todavía lo recuerdas? -preguntó abriendo un ojo para ver a Harry sonriendole. -Recuerdo todo cuando se trata de ti. -Eres horrible conquistando chicas -solto la rubia mientras se sentaba frente a él. Harry estiro su mano para correrle el pelo de la cara. -¿Si? ¿Entonces como te conquiste? -Por tus ojos supongo, tengo que agradecerle a tu madre. Harry sonrio y se acerco para darle un beso pero una tos los interrumpió. -No aqui, por favor -pidió Ron entrando para después tirarse en su cama. Lyra tomo la almohada de Harry se la lanzó. -Cierra la boca, Weasley. ↺ -HARRY -dijo de pronto Hermione dejando su libro a un lado- ¿has vuelto a pensar en la asignatura de Defensa Contra las Artes Oscuras? -Pues claro -repuso Harry- ¿Cómo vamos a olvidarla, con la arpía que tenemos de profesora? Lyra solto una risa al escuchar a Harry decir "Arpía", ella lo habia dicho tanto que a Harry ya se le habia pegado. -Me refería a la idea que tuvimos... -Bueno -dijo Harey con lentitud- Sí, he pensado un poco. -¿Un poco? -se burlo Lyra. Harry le habia preguntado que pensaba de ser profesor al menos unas tres veces por día. -¿Y? -preguntó Hermione. -No lo sé -empezó Harry para ganar tiempo. Luego levantó la cabeza y miró a Ron. -A mí me pareció buena idea desde el principio -afirmó éste. -Ya les dije que gran parte de mi éxito se debió a la suerte. -Sí, Harry -replicó Hermione suavemente- pero de todos modos es inútil que finjas que no eres bueno en Defensa Contra las Artes Oscuras, porque lo eres. Sabes hacer aparecer un patronus, sabes hacer cosas que muchos magos adultos no saben. Viktor siempre decía… Ron giró la cabeza hacia ella, y lo hizo tan bruscamente que dio la impresión de que se había lastimado el cuello. Se lo frotó y dijo: -¿Ah, sí? ¿Qué decía Vicky? -¡Jo, jo! -dijo Hermione- Decía que Harry sabía hacer cosas que ni siquiera él sabía hacer, y eso que estaba en el último curso del Instituto Durmstrang. Ron miraba a Hermione con recelo. -No seguirás en contacto con él, ¿verdad? -Si lo hace -se metio la rubia sonriendole a Ron- Justo ayer le mando una carta, bastante larga diría yo. Ron fue a abrir la boca para preguntar que era lo que Krun le escribia pero Hermione hablo antes que el dirigiéndose a Harry. -Bueno, ¿qué dices? ¿Nos enseñarás? -Bueno, pero sólo a ti, a Ron y a Nix ¿no? -Verás… -comenzó Hermione con cierto nerviosismo- Bueno, ahora no vuelvas a subirte por las paredes, Harry, por favor…, pero creo que deberías enseñar a todo aquel que quiera aprender. Mira, estamos hablando de defendernos de Vo- Voldemort. No seas ridículo, Ron. No sería justo que no ofreciéramos a los demás la posibilidad de aprender. Harry lo pensó un momento, y entonces respondió: -Sí, pero dudo que haya alguien, aparte de ustedes tres, que esté interesado en que le dé clase. Recuerda que soy un chiflado. -Creo que te sorprenderías de la cantidad de gente a la que le apetecería escuchar lo que tú tengas que decir -afirmó Hermione muy seria- Mira ¿recuerdas que el primer fin de semana de octubre tenemos la excursión a Hogsmeade? ¿Qué te parecería si le dijéramos a los que estén interesados que se reúnan con nosotros en el pueblo para que podamos discutirlo? -¿Por qué tenemos que hacerlo fuera del colegio? -preguntó Ron. -Por Umbridge, tonto -dijo Lyra. Después de la charla Ron y Harry se fueron a la sala común, mientras que la rubia se quedaba con Hermione. -¿Por que me miras asi? -preguntó Hermione. -¿Viste como su puso Ron? Estaba celoso -se rio. -¿Tu crees? -preguntó esperanzada. -Obviamente, creo que le tienes que dar celos con algún chico. Hermione nego aún con una sonrisa y volvio a su lectura. -Le voy a avisar a mi primo sobre la reunión, va a ser el primero en llegar -informo levantándose de la silla. ↺ L A MAÑANA DE LA EXCURSIÓN A Hogsmeade amaneció despejada pero ventosa. Después de desayunar formaron una fila delante de Filch, que comprobó que sus nombres aparecían en la larga lista de estudiantes que tenían permiso de sus padres o tutores para visitar el pueblo. Los cuatro echaron a andar a buen paso por el ancho camino hacia la verja, Harry tomo la mano de Lyra, pasaron entre los altos pilares de piedra coronados con sendos cerdos alados y torcieron a la izquierda por la carretera que conducía al pueblo. El viento los despeinaba y el cabello les tapaba los ojos. -Bueno, ¿adónde vamos? -preguntó Harry- ¿A Las Tres Escobas? -No, no -repuso Hermione- No, siempre está abarrotado y hay mucho ruido. He quedado con los otros en Cabeza de Puerco, ese otro pub, ya lo conocen, el que no está en la calle principal. Me parece que no es… muy recomendable, pero los alumnos de Hogwarts no suelen ir allí, así que no creo que nos oiga nadie. Bajaron por la calle principal y pasaron por delante de la tienda de artículos de broma de Zonko, donde no les sorprendió nada ver a Fred, George y Lee Jordan; luego dejaron atrás la oficina de correos, de donde salían lechuzas a intervalos regulares, y torcieron por una calle lateral al final de la cual había una pequeña posada. Un estropeado letrero de madera colgaba de un oxidado soporte que había sobre la puerta, con un dibujo de una cabeza de jabalí cortada que goteaba sangre sobre la tela blanca en la que estaba colocada. Cuando se acercaron a la puerta, el letrero chirrió agitado por el viento y los tres vacilaron un instante. -¡Vamos! -urgió Hermione, un tanto nerviosa. Aquel pub no se parecía en nada a Las Tres Escobas, que era un local limpio y acogedor. Cabeza de Puerco consistía en una sola habitación, pequeña, lúgubre y sucísima, donde se notaba un fuerte olor a algo que podría tratarse de cabras. Las ventanas tenían tanta mugre incrustada que entraba muy poca luz del exterior. Por eso el local estaba iluminado con cabos de cera colocados sobre las bastas mesas de madera. A primera vista, el suelo parecía de tierra apisonada. -No sé qué decirte, Hermione -murmuró Harry mientras avanzaban hacia la barra y miraba con desconfianza a una bruja tapada con el grueso velo- ¿No se te ha ocurrido pensar que la profesora Umbridge podría estar debajo de eso? Hermione echó una ojeada a la bruja, evaluándola. -Umbridge es más baja que esa mujer -comentó en voz baja- Además, aunque ella entrara aquí, no podría hacer nada para interferir en nuestro proyecto, Harry, porque he revisado minuciosamente las normas del colegio. No estamos fuera de los límites establecidos. Hasta le pregunté al profesor Flitwick si a los alumnos les está permitido entrar en Cabeza de Puerco, y me dijo que sí, aunque me aconsejó que lleváramos nuestros propios vasos. Y he comprobado todo lo que se me ha ocurrido sobre grupos de estudio y trabajo, y son legales. Lo único que no tenemos que hacer es pregonar lo que estamos haciendo. -Está bien -dijo Harry- sobre todo dado que lo que estamos organizando no es precisamente un grupo de estudio, ¿verdad? El camarero salió de la trastienda y se les acercó con sigilo. Era un anciano de aspecto gruñón, con barba y una mata de largo cabello gris. -¿Qué quieren? -gruñó. -Tres cervezas de mantequilla y un hidromiel -contestó Hermione. El camarero metió una mano bajo la barra y sacó cuatro botellas sucias y cubiertas de polvo que colocó con brusquedad sobre la barra. -Ocho sickles -dijo. -Pago yo -se apresuró a decir Harry, y le entregó las monedas de plata. Lyra, Harry, Ron y Hermione fueron hacia la mesa más apartada de la barra y se sentaron observando a su alrededor. -Bueno, ¿quién dijiste que iba a venir? -le preguntó Harry a su amiga. -Sólo un par de personas -repitió Hermione. Consultó su reloj y miró nerviosa hacia la puerta-Ya deberían estar aquí, estoy segura de que saben el camino… ¡Oh, miren, deben de ser ellos! La puerta del pub se había abierto. Un ancho haz de luz, en el que bailaban motas de polvo, dividió el local en dos durante un instante y luego desapareció, pues lo ocultaba la multitud que desfilaba por la puerta. Primero entraron Neville, Dean y Lavender, luego Rolf y Tony (a quien Harry miro mal y después tomo la mano de Lyra) seguidos de cerca por Parvati y Padma Patil con Cho y una de sus amigas. Luego entró Luna Lovegood. A continuación, aparecieron Katie Bell, Alicia Spinnet y Angelina Johnson, Colin y Dennis Creevey, Ernie Macmillan, Justin Finch-Fletchley, Hannah Abbott y una chica de Hufflepuff; Anthony Goldstein, Michael Corner y Terry Boot; Ginny, Merope, chico alto y delgado, y, cerrando la marcha, Fred y George Weasley con su amigo Lee Jordan. -¿Un par de personas? -dijo Harry con voz quebrada- ¡Un par de personas! -Bueno, verás, la idea tuvo mucho éxito… -comentó Hermione- Ron, ¿quieres traer unas cuantas sillas más? -¡Hola! -saludó Fred al caramero y se puso a contar con rapidez a sus acompañantes- ¿Puede ponernos… veintiocho cervezas de mantequilla, por favor? El camarero lo fulminó un instante con la mirada y empezó a sacar polvorientas botellas de cerveza de mantequilla de debajo de la barra. -¡Salud! -exclamó Fred mientras las repartía- Suelten la pasta, yo no tengo suficiente oro para pagar todo esto… -¿Qué les has dicho? ¿Qué esperan? -le susurró Harry a Hermione. -Ya te lo he explicado, sólo quieren oír lo que tengas que decir -contestó Hermione- Pero no tienes que hacer nada todavía, primero hablaré yo. -¡Hola, Harry! -dijo Neville sonriendo, y se sentó frente a él. Rolf se sento junto a Lyra, mientras que Tony tomaba asiento un poco más lejos. -Esto… -empezó Hermione- Esto…, bueno…, hola. -los asistentes giraron la cabeza hacia ella, aunque de vez en cuando las miradas seguían desviándose hacia Harry- Bueno…, esto…, ya saben por qué hemos venido aquí. Veran, nuestro amigo Harry tuvo la idea…, es decir yo tuve la idea de que sería conveniente que la gente que quisiera estudiar Defensa Contra las Artes Oscuras, o sea, estudiar de verdad, ya saben, y no esas chorradas que nos hace leer la profesora Umbridge -de repente la voz de Hermione se volvió mucho más potente y segura- porque a eso no se le puede llamar Defensa Contra las Artes Oscuras -Eso, eso -dijo Anthony Goldstein. -Bueno, creí que estaría bien que nosotros tomáramos cartas en el asunto. Y con eso quiero decir aprender a defendernos como es debido, no sólo en teoría, sino poniendo en práctica los hechizos… -Pero supongo que también querrás aprobar el TIMO de Defensa Contra las Artes Oscuras, ¿no? -la interrumpió Michael Corner. -Por supuesto. Pero también quiero estar debidamente entrenada en defensa porque… porque… -inspiró hondoz porque lord Voldemort ha vuelto. -Bueno, pues ése es el plan -concluyó Hermione- Si quieren unirse a nosotros, tenemos que decidir dónde vamos a… -¿Qué pruebas tienen de que Quien-ustedes-saben ha regresado? -preguntó un chico. -Bueno, Dumbledore lo cree… -empezó a decir Hermione. -Querrás decir que Dumbledore le cree a él -aclaró el muchacho rubio señalando a Harry con la cabeza. -¿Cómo te llamas? -le preguntó Ron con brusquedad. -Zacharias Smith -contestó él- Y creo que tenemos derecho a saber qué es exactamente lo que les permite afirmar que Quien-tú-sabes ha regresado. -Bueno, si queres saber que tan real es que volvio puedes esperar a que mate a toda tu familia y... -Déjalo, Nix -dijo Harry- ¿Quieres saber qué es exactamente lo que me permite afirmar que Quien-tú- sabes ha regresado?. Yo lo vi. El año pasado, Dumbledore le contó al colegio en pleno lo que había ocurrido, pero si tú no lo creíste, no me creerás a mí, y no pienso malgastar una tarde intentando convencer a nadie. Lyra sonrio con orgullo y miro a el chico esperando que soltara algo más para tirarle con su botella de vidrio. -Lo único que nos contó Dumbledore el año pasado fue que Quien-tú-sabes había matado a Cedric Diggory y que tú habías llevado el c*****r a Hogwarts. No nos contó los detalles ni nos dijo cómo habían matado a Diggory, y creo que a todos nos gustaría saber… Hermione vio como Lyra levantaba su botella lista para tirarsela a Zacharias pero ella se la saco rápidamente. -Si has venido a oír un relato detallado de cómo mata Voldemort, no puedo ayudarte -lo interrumpió Harry- No voy a hablar de Cedric Diggory, ¿de acuerdo? De modo que si es a eso a lo que has venido aquí, ya puedes marcharte. Pero ninguno de sus compañeros se levantó de la silla, ni siquiera Zacharias Smith. -Bueno -saltó Hermione- Bueno…, como iba diciendo…, si quieren aprender defensa, tenemos que decidir cómo vamos a hacerlo, con qué frecuencia vamos a reunimos y dónde vamos a… -¿Es verdad -la interrumpió una chica de Hufflepuff- que puedes hacer aparecer un patronus? Un murmullo de interés recorrió el grupo. -Sí -contestó Harry. -¿Un patronus corpóreo? -Oye, ¿tú conoces a la señora Bones? -Es mi tía -dijo la chica sonriendo- Me llamo Susan Bones. Me contó lo de la vista. Bueno, ¿es verdad o no? ¿Sabes hacer aparecer un patronus con forma de ciervo? -Sí. -¡Caramba, Harry! -exclamó Lee- ¡No lo sabía! -Mi madre hizo prometer a Ron que no lo contaría -intervino Fred- Dijo que ya atraías suficiente atención. -¿Y mataste un basilisco con esa espada que hay en el despacho de Dumbledore? -inquirió Terry Boot- Eso fue lo que me dijo uno de los retratos de la pared cuando estuve allí el año pasado… -Pues sí, es verdad… -admitió Harry. -Y en primero -dijo Neville dirigiéndose al grupo- salvó la Piedra Filológica… Lyra solto una risita. -Filosofal -lo corrigió Hermione. -Eso, sí…, de Quien-ustedes-saben. -Miren -dijo Harry- no quisiera pecar de falsa modestia ni nada parecido, pero… en todas esas ocasiones conté con ayuda… -Con el dragón no -saltó Michael Corner- Aquello fue un vuelo excepcional… -Y tampoco te ayudó nadie a librarte de los dementores este verano -aportó Susan Bones. -No -reconoció Harry- De acuerdo, ya sé que algunas cosas las conseguí sin ayuda, pero lo que intento hacerles entender es… -¿Intentas escabullirte y no enseñarnos a hacer nada de eso? -sugirió Zacharias Smith. -Oye, tú -dijo Ron- ¿por qué no cierras el pico? -Hemos venido aquí a aprender de él y ahora resulta que en realidad no puede hacer nada… -Harry no ha dicho eso -gruñó Fred. -¿Quieres que te limpiemos las orejas? -le preguntó George sacando un largo instrumento metálico de aspecto mortífero de la bolsa de Zonko. -O cualquier otra parte del cuerpo. De verdad, no tenemos manías -añadió Fred. -Y yo podría ayudar -diji Lyra sonriendo mientras se recostaba en su silla. -Sí, bueno… -los interrumpió Hermione- Siguiendo con lo que decíamos… Lo que importa es: ¿estamos de acuerdo en que queremos que Harry nos dé clases? Hubo un murmullo general de aprobación. -Muy bien -dijo Hermione- Entonces, la siguiente pregunta es con qué frecuencia queremos reunimos. Creo que, como mínimo, deberíamos reunimos una vez por semana… -Un momento -terció Angelina- tenemos que asegurarnos de que esto no interferirá con nuestros entrenamientos de quidditch. -Eso -coincidió Cho- Ni con los nuestros. -Ni con los nuestros -añadió Zacharias Smith y Rolf asintió. -Estoy segura de que podremos encontrar una noche que le vaya bien a todo el mundo -afirmó Hermione- pero piensen que esto es muy importante, estamos hablando de aprender solos a defendernos de Vo-Voldemort y de los mortífagos… -¡Así se habla! -bramó Ernie Macmillan y Lyra puso los ojos en blanco, aún le caía mal- Personalmente creo que lo que intentamos es muy importante, con seguridad lo más importante que haremos este curso, más incluso que los TIMOS. Personalmente no me explico cómo el Ministerio nos ha endilgado una profesora tan inepta en este periodo tan crítico. Es evidente que no quieren aceptar que quien-ustedes-saben ha regresado, pero ponernos una profesora que intenta deliberadamente impedir que utilicemos hechizos defensivos… -Creemos que la razón por la que Umbridge no quiere entrenarnos en Defensa Contra las Artes Oscuras  es que se le ha metido en la cabeza la idea de que Dumbledore podría utilizar a los estudiantes del colegio como una especie de ejército privado. Cree que podría movilizarlos para enfrentarse al Ministerio. -Bueno, es lógico. Al fin y al cabo, Cornelius Fudge tiene su propio ejército privado -dijo Luna -¿Qué? -saltó Harry. -Sí, tiene un ejército de heliópatas -afirmó Luna con solemnidad. Lyra la miro curiosa. -Eso no es cierto -le espetó Hermione. -Claro que sí -la contradijo Luna. -¿Qué son heliópatas? -preguntó Neville, perplejo. -Son espíritus de fuego -contestó Luna- unas enormes criaturas llameantes que galopan por la tierra quemando cuanto encuentran a su paso… -No existen, Neville -aseguró Hermione de manera cortante. -¡Claro que existen! -insistió Luna, furiosa. -¿Podemos seguir? -se quejo Lyra. -Bueno, a mí una vez por semana no me parece mal -la siguió Lee. -Bueno, la otra cosa que queda por decidir es dónde vamos a reunimos… -Yo tengo un lugar -informó Lyra. -Bien, luego le vamos a decir el sitio y la hora de la primera reunión la enviaremos en un mensaje a todos. -dijo Hermione mientras rebuscaba en su mochila, sacó un rollo de pergamino y una pluma- Creo que ahora cada uno debería escribir su nombre, para que sepamos que ha estado aquí. Pero también creo -añadió- que todos deberíamos comprometernos a no ir por ahí contando lo que estamos haciendo. De modo que si firman, se comprometen a no hablar de esto ni con la profesora Umbridge ni con nadie. Fred cogió el pergamino y, decidido, firmó en él, Lyra lo siguió y sonrio al ver que su letra era más prolija que la de el pelirrojo. Cuando la reunión termino Hermione se apresuro a preguntarle a la rubia sobre el lugar que conocía. -Luego te lo muestro -le respondió sin darle mucha información. Harry la miro alzando una ceja. -¿Es el lugar donde fuimos a dormir luego que saliera mi nombre en el caliz? -preguntó sonriendo y Lyra asintió.
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