La noche en el Valle de la Luz era tranquila, pero en el aire flotaba una sensación de inquietud. Amelia, agotada por la travesía, sintió sed, tomó un poco de agua de la tinaja sin notar que su sabor tenía un matiz diferente. Selion también hizo lo mismo. En cuestión de minutos, un pesado sueño los envolvió, arrastrándolos a un profundo letargo. El niño quedó dormido en su cuna improvisada, ajeno a lo que ocurría a su alrededor. Desde las sombras, una figura esperaba silenciosa, deslizándose sigilosamente, vestido con una túnica oscura con una capucha que ocultaba su rostro el desconocido se acercó con cautela, con la intención de llevarse al niño. Con cada paso, su mirada permanecía fija en su objetivo. Se llevará al pequeño después de matar a su madre. Pero al verla indefensa, pens

