El choque entre ambos lobos fue brutal, un torbellino de garras y colmillos. Tyrion era fuerte, pero Kael estaba impulsado por algo más poderoso que la furia: el amor y la desesperación. La pelea fue corta. Kael derribó a Tyrion con un movimiento calculado, inmovilizándolo contra el suelo. Sus colmillos rozaron la garganta del lobo, pero no atacó. En lugar de eso, lo soltó y retrocedió, dejando claro que no mataría a menos que fuera absolutamente necesario. —Esto no es entre él y yo, Ronan. Es entre tú y yo —gruñó Kael, volviendo a su forma humana. Ronan dio un paso adelante, sus ojos llenos de una mezcla de rabia y frustración. —No entiendes nada, Kael. La profecía no es solo una historia para asustar cachorros. Si Amelia está contigo, el equilibrio de los territorios está en peligro.

