El bosque despertó con una calma desconocida, bañada por la luz suave del amanecer. Los ecos de la celebración nocturna aún flotaban en el aire, y cada rincón parecía susurrar sobre la nueva era que comenzaba. Pero no todos compartían la misma paz. Ronan, ahora relegado a un lugar secundario en la jerarquía de las manadas, observaba desde lejos. El peso de su derrota aún apretaba su pecho, pero lo que más lo inquietaba era la imagen de la loba blanca y las palabras que su madre había pronunciado. No podía ignorar la verdad, pero tampoco podía apagar la sombra que lo seguía desde hacía años: el temor de ser olvidado. Mientras Ronan lidiaba con su dolor interno, más allá del territorio de las manadas se gestaba algo oscuro. Un grupo de lobos exiliados, liderados por un enigmático Alfa cono

