El aire estaba cargado de tensión mientras Kael se encontraba frente a su manada. La claridad de la luna iluminaba los rostros de los lobos, reflejando tanto la preocupación como la ira que se había apoderado de ellos al conocer la verdad. Kael sabía que este momento era inevitable. Su decisión de amar a Amelia, una humana, estaba por desencadenar una serie de eventos que pondrían a prueba la lealtad de su manada y los límites de la profecía que tanto temían. La cumbre de la montaña, donde la manada se reunía en ocasiones como esta, parecía más sombría que nunca. El sonido del viento, al igual que los murmullos de los miembros de la manada, se mezclaban en el aire. Kael dio un paso al frente, su postura imponente, sus ojos brillando con una determinación inquebrantable. —He reunido a tod

