CAPÍTULO CUARENTA Y NUEVE (NUESTROS FANTASMAS)

2676 Words

Esa tarde, después de secarnos bajo el sol y compartir un almuerzo sencillo, Rael se quedó dormido en la hamaca, con un libro abierto sobre el pecho. Lo observé un rato largo desde la galería, con los pies descalzos y una taza de café entre las manos. Era la imagen perfecta de la paz. Pero yo sabía que no lo era. Porque bajo esa calma, también él cargaba fantasmas. Y sentí que quizás era momento de que ambos los dejáramos salir. Me acerqué en silencio, sin despertarlo, y me acurruqué a su lado. Él se movió apenas, lo suficiente para rodearme con un brazo dormido, con ese instinto tan suyo que no necesitaba estar despierto para protegerme. —Rael —susurré. —Mm —murmuró, sin abrir los ojos. —¿Podemos hablar? Ahora sí abrió los párpados, con esa mirada turbia de quien ha dormido apenas

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