La noche se sentía más templada de lo que esperaba, como si todo el caos entre nosotros se hubiera esfumado por un rato. Habíamos dejado el sitio de comidas atrás y caminábamos en silencio, sin necesidad de llenar los huecos con palabras. A veces, el silencio era más cómodo que el diálogo. —Voy a manejar esta vez —dijo Rael mientras abría la puerta del auto de su lado, sin esperar a que yo me adelantara. Lo miré de reojo, sin discutir. Me gustaba manejar, era cierto, sin embargo dejarle el control está vez no sonaba tan terrible. Caminé hacia el asiento del acompañante y me dejé caer con un suspiro. El aire dentro del auto era más cálido que afuera, impregnado de un tenue perfume que ya asociaba con él: madera, especias, algo persistente. Intenté abrocharme el cinturón, pero estaba trab

