Claudia apretó la mano de Bianca. Detrás de ellas apareció la falsa Alfonsina, sonriendo de forma perturbadora, la boca agrandada con una hilera de dientes puntiagudos.
—No teman… no les dolerá mucho —dijo entonces la criatura con voz distorsionada.
—¿Qué quieren de nosotras? —Por favor… déjenos ir —dijo Claudia.
La otra criatura apareció para colocarse junto a la otra.
Bianca miraba con horror el rostro distorsionado de Kevin. Sabía que esa cosa no era su primo; sin embargo, no pudo evitar sentir una profunda tristeza.
—Si se portan bien… no morirán —dijo el falso Kevin.
—Entonces… —¿Por qué mataron a mis primos sin razón? —dijo Bianca apenas en un susurro.
—Necesitábamos apariencias familiares para acercarnos a ustedes —dijo la falsa Alfonsina.
—¿Para qué? —preguntó Bianca con voz temerosa.
—Para incubar más de nosotros —dijeron ambas criaturas al unísono, ensanchando sus sonrisas macabras.
Claudia gritó fuerte y tiró de la mano de Bianca para salir corriendo. Nuevamente sin rumbo, buscando alejarse de las criaturas con todas sus fuerzas.
Podían escuchar sus risas macabras muy cerca, como si flotaran a su lado.
—¿Dónde estarán mis brazos… mis pies? ¿Por qué estará tan fría mi piel? Algo carmín me empieza a empapar… ¿Quién me asesinó? —risas infantiles resuenan en el bosque, acrecentando la sensación de miedo por saberlas imposibles en ese lugar.
Claudia tropezó y se soltó de la mano de Bianca. Esta se detuvo y estaba a punto de levantarla del suelo cuando…
—¡Vete, Bianca! —¡Corre! —¡Sálvate! —Claudia lloraba tirada en el suelo. Sabía que había llegado su final, pero al menos esperaba que su amiga sobreviviera.
Las criaturas tomaron a Claudia de una pierna cada quien y tiraron de ella hasta partirla en dos, salpicando a Bianca de sangre y vísceras.
Bianca se quedó en shock, inmóvil unos segundos, hasta que una voz en su mente le gritó que debía correr.
Dio vuelta atrás y corrió con todas las fuerzas que le quedaban, mientras las criaturas parecían haberse detenido para alimentarse de su amiga.
Sabía que no podía darse el lujo de detenerse; siguió corriendo, tropezaba y volvía a levantarse rápidamente sin mirar atrás. Había un cerro desquebrajado por el cual empezó a bajar, haciendo tracción con sus piernas para no rodar colina abajo. Se vislumbraba a lo lejos la carretera desierta. Con suerte, un auto pasaría y podría pedir ayuda.
El viento sopló con fuerza y pudo escuchar un lamento en la lejanía, y un sonido sostenido similar a esa maldita canción que tarareaban esos dos cambia-pieles.
Encontró una madriguera de zarigüeya y se metió, aun corriendo el riesgo de que hubiera serpientes. Morir por el veneno de una serpiente le parecía menos aterrador que morir en las garras de esas criaturas.
Los minutos parecían eternos, como si el tiempo se hubiera detenido a propósito. Solo debía esperar a que con suerte no hubieran seguido su rastro hasta allí. Tenía la esperanza de que, al salir el sol, esas criaturas se escondieran y ella pudiera escapar sana y salva.
Esperó pacientemente hasta que los tonos naranjas del amanecer tocaron la entrada de la madriguera. Se aventuró a salir y siguió corriendo hasta salir a la carretera. No sabía si seguir al norte o al sur, así que solo siguió avanzando hacia enfrente.
Luego de una hora, una camioneta de policía pasó por allí y ella les hizo señas para ser auxiliada.
Un oficial bajó de la unidad y se acercó lentamente. Ella le dijo que había unos tipos extraños que habían matado a sus primos y amigas. Empezó a llorar histérica.
El oficial la calmó y la subió a la camioneta en dirección a la comandancia.
Al llegar, varias personas la miraban por su aspecto sucio y conmocionado.
El oficial la condujo a una celda, le dijo que era por precaución. Luego le dijo a otra chica que le trajera un té para calmarla.
Cuando la chica volvió con el té, había una servilleta debajo con letras escritas en tinta roja.
Bianca bebió un sorbo del té antes de leer la nota.
Escrita con letras grandes y torcidas: “Ellos están aquí”.
Bianca parpadeó un par de veces, aturdida, antes de soltar la taza de té. Al darse cuenta de que no había sido salvada. Había sido llevada directamente al centro de su civilización. Donde tenían a más chicas como ella, para cumplir otros propósitos.