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Blurb

Bianca, sus primos y un par de amigas van a acampar a un cerro en noche de brujas.

Pronto descubrirán porque era una mala idea hacerlo.

______________

Claudia apretó la mano de Bianca. Detrás de ellas apareció la falsa Alfonsina, sonriendo de forma perturbadora, la boca agrandada con una hilera de dientes puntiagudos.

 

 

 

—No teman… no les dolerá mucho —dijo entonces la criatura con voz distorsionada.

 

 

 

 

 

—¿Qué quieren de nosotras? —Por favor… déjenos ir —dijo Claudia.

 

La otra criatura apareció para colocarse junto a la otra.

 

Bianca miraba con horror el rostro distorsionado de Kevin. Sabía que esa cosa no era su primo; sin embargo, no pudo evitar sentir una profunda tristeza.

 

 

 

—Si se portan bien… no morirán —dijo el falso Kevin.

 

 

 

—Entonces… —¿Por qué mataron a mis primos sin razón? —dijo Bianca apenas en un susurro.

 

 

 

—Necesitábamos apariencias familiares para acercarnos a ustedes —dijo la falsa Alfonsina.

 

 

 

—¿Para qué? —preguntó Bianca con voz temerosa.

 

 

 

—Para incubar más de nosotros —dijeron ambas criaturas al unísono, ensanchando sus sonrisas macabras.

 

 

 

Claudia gritó fuerte y tiró de la mano de Bianca para salir corriendo.  Nuevamente sin rumbo, buscando alejarse de las criaturas con todas sus fuerzas.

 

Podían escuchar sus risas macabras muy cerca, como si flotaran a su lado.

 

 

 

—¿Dónde estarán mis brazos… mis pies? ¿Por qué estará tan fría mi piel? Algo carmín me empieza a empapar… ¿Quién me asesinó? —risas infantiles resuenan en el bosque, acrecentando la sensación de miedo por saberlas imposibles en ese lugar.

 

 

 

Claudia tropezó y se soltó de la mano de Bianca. Esta se detuvo y estaba a punto de levantarla del suelo cuando…

 

 

 

—¡Vete, Bianca! —¡Corre! —¡Sálvate! —Claudia lloraba tirada en el suelo. Sabía que había llegado su final, pero al menos esperaba que su amiga sobreviviera.

 

Las criaturas tomaron a Claudia de una pierna cada quien y tiraron de ella hasta partirla en dos, salpicando a Bianca de sangre y vísceras.

 

Bianca se quedó en shock, inmóvil unos segundos, hasta que una voz en su mente le gritó que debía correr.

 

Dio vuelta atrás y corrió con todas las fuerzas que le quedaban, mientras las criaturas parecían haberse detenido para alimentarse de su amiga.

 

 

 

Sabía que no podía darse el lujo de detenerse; siguió corriendo, tropezaba y volvía a levantarse rápidamente sin mirar atrás. Había un cerro desquebrajado por el cual empezó a bajar, haciendo tracción con sus piernas para no rodar colina abajo. Se vislumbraba a lo lejos la carretera desierta. Con suerte, un auto pasaría y podría pedir ayuda.

 

El viento sopló con fuerza y pudo escuchar un lamento en la lejanía, y un sonido sostenido similar a esa maldita canción que tarareaban esos dos cambia-pieles.

 

Encontró una madriguera de zarigüeya y se metió, aun corriendo el riesgo de que hubiera serpientes. Morir por el veneno de una serpiente le parecía menos aterrador que morir en las garras de esas criaturas.

 

Los minutos parecían eternos, como si el tiempo se hubiera detenido a propósito. Solo debía esperar a que con suerte no hubieran seguido su rastro hasta allí. Tenía la esperanza de que, al salir el sol, esas criaturas se escondieran y ella pudiera escapar sana y salva.

 

Esperó pacientemente hasta que los tonos naranjas del amanecer tocaron la entrada de la madriguera. Se aventuró a salir y siguió corriendo hasta salir a la carretera. No sabía si seguir al norte o al sur, así que solo siguió avanzando hacia enfrente.

 

Luego de una hora, una camioneta de policía pasó por allí y ella les hizo señas para ser auxiliada.

 

Un oficial bajó de la unidad y se acercó lentamente. Ella le dijo que había unos tipos extraños que habían matado a sus primos y amigas. Empezó a llorar histérica.

 

El oficial la calmó y la subió a la camioneta en dirección a la comandancia.

 

Al llegar, varias personas la miraban por su aspecto sucio y conmocionado.

 

 

 

El oficial la condujo a una celda, le dijo que era por precaución. Luego le dijo a otra chica que le trajera un té para calmarla.

 

Cuando la chica volvió con el té, había una servilleta debajo con letras escritas en tinta roja.

 

Bianca bebió un sorbo del té antes de leer la nota.

 

Escrita con letras grandes y torcidas: “Ellos están aquí”.

 

 

 

Bianca parpadeó un par de veces, aturdida, antes de soltar la taza de té. Al darse cuenta de que no había sido salvada. Había sido llevada directamente al centro de su civilización. Donde tenían a más chicas como ella, para cumplir otros propósitos.

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capitulo 1
Bianca respiraba con dificultad tras haber corrido entre los matorrales por varios minutos. Pegada de espaldas contra un árbol, podía sentir cómo sus pulmones ardían. El sudor que corría por su frente hacía que el cabello se le pegara, mezclado con la tierra y la sangre. Sus ojos estaban dilatados, mirando en todas direcciones; sabía que no estaba sola, podía sentirlo en el aire. Una sensación aplastante e invisible que le decía que estaba lejos de estar a salvo. Cerraba los ojos con fuerza, pidiendo en su mente que nada de lo ocurrido esa noche fuera real. Que todo hubiera sido un mal sueño, una pesadilla ocasionada por la sugestión de haber estado contando historias de terror en la fogata unas horas atrás. __ Kevin, primo de Bianca, había tenido la idea de hacer una fogata y contar historias de terror la noche de brujas, por lo que se preparó y convenció a sus padres con un mes de anticipación. Bianca estaba en desacuerdo, pero Kevin insistió en que sería divertido. Finalmente, tras la última semana de exasperante insistencia, Kevin se había salido con la suya. El abuelo de ellos, un hombre de noventa años que aún tenía la fuerza para caminar erguido y con machete en mano, les dijo que tuvieran mucho cuidado. —No salgan de su casa de campaña por la noche y cierren bien por dentro. No abran ni aunque escuchen una voz conocida. —Porque podría no ser quien piensan —dijo el anciano de rostro severo. A sus nietos les gustaba escuchar sus relatos fantasiosos sobre sus enfrentamientos con cambia-pieles. Conforme crecían, fueron perdiendo más la credibilidad sobre sus relatos, pero sabían que un animal salvaje lo había atacado en su juventud, por una enorme cicatriz en el abdomen que les había enseñado una vez. __ Rumbo a su noche de acampada se encontraban Salomón y Herlinda, primos de Kevin y Bianca, además de Alfonsina y Claudia, amigas de Bianca de la preparatoria. Todos habían nacido y crecido en el pueblo de San José el Pinto, pequeño pueblo de Oaxaca. A mitad de camino, Salomón y Herlinda comenzaron a sentirse ansiosos, como si presintieran que era una mala idea seguir subiendo el cerro, y decidieron volver en su motocicleta. —Son unas gallinas —mascullaba Kevin molesto porque el grupo se hacía más pequeño. —Déjalos, sabes que los mellizos siempre han sido miedosos desde que se perdieron en el monte cuando tenían tres años —dijo Bianca—. De no ser por el abuelo Manuel, nunca los hubieran encontrado. Llegaron a un claro, donde estacionaron la camioneta y comenzaron a bajar las cosas para la fogata. Al ser Kevin el único varón, se quedó a armar las casas de campaña junto a Claudia, una de las amigas de su prima, a quien le gustaba. Mientras Bianca y Alfonsina recolectaban la leña. Cuando todo estuvo listo, ya eran cerca de las ocho de la noche. Un crujido de ramas cercanas los puso en alerta, pegados unos con otros. Entonces, de entre la hierba vieron emerger a los mellizos, por lo cual exhalaron el aire contenido en sus pulmones de manera involuntaria. —¡Carajo, Salomón! ¿Por qué se aparecen así? Pensamos que ya no volverían. —Gritó Kevin. —Lo siento, de pronto me sentí ansiosa y quise volver a casa. Pero a medio camino me arrepentí de nuevo y volvimos —dijo Herlinda con voz calmada, mirando hacia su mellizo como si buscara apoyo. Prepararon la fogata y cenaron sopa instantánea y soda mientras contaban historias de terror. Aún era temprano, pero habían decidido que a medianoche se irían a dormir. A pesar de todo, eran miedosos. Cada uno contó una historia de terror; cuando llegó el turno de Salomón, este carraspeó y comenzó a contar con tono serio: Cuenta la leyenda que en zonas montañosas existen seres que cambian su apariencia, que adoptan la imagen física de los seres queridos de sus víctimas para atraerlos. Nadie sabe cuál es su apariencia verdadera… porque la muerte los encuentra primero. La mayoría suele llamarlos cambia-pieles. Pueden transformarse en cualquier persona o animal. No solo adquiere la imagen física, sino también los recuerdos de sus víctimas. Si tuvieras frente a ti a dos personas iguales… ¿Sabes identificar al original?

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