+JULIETTE+ Llego a la cocina y ahí está él. Bastien. Mierda. El maldito tiene puesta una camisola que le queda tan ajustada que parece hecha a medida para presumir músculos. Y no me refiero a esos músculos de gimnasio barato, inflados a punta de batidos de proteína. No. Estoy hablando de músculo real, firme, marcado, como el de un hombre que sabe usar el cuerpo para algo más que levantar pesas. La tela se le pega al torso y, cuando se mueve, se le marcan los pectorales, los brazos, todo. Entre moreno y blanco, con ese tono de piel que te hace preguntarte si se broncea o si nació así. Mierda, ni sé lo que estoy diciendo… estoy embobada. Y luego están sus tatuajes. No cualquier tatuaje hecho por un primo borracho con una máquina de segunda mano. No. Son un arte. Una calavera perfecta,

