+CLAIRE+ La cena había empezado, y yo ya sentía que tenía el estómago en la garganta. Mi mesa, mi casa, mi marido… y Alexander. Y por si eso no era suficiente para mi tragedia griega personal, mi amiga Lucie se nos había unido, por petición mía. Sí, la invité porque necesitaba un salvavidas emocional. Lucie tiene el don de incomodar a cualquiera y, si yo iba a naufragar en este mar de hormonas y tensión, quería que ella al menos lanzara un par de bengalas. Ahora, ahí estábamos, como gente decente, como adultos civilizados: cenando juntos, compartiendo el pan y el vino. La mesa perfectamente arreglada, candelabros con velas tenues, cristales que reflejaban la luz… Todo muy de foto para revista de lujo. Pero por dentro, yo era una sopa hirviendo de ansiedad y deseo reprimido. Mi asiento

