+ALEXANDER+ La acabo de traer a una de mis casas de seguridad. No es un sitio que use a menudo, precisamente porque quiero que siga siendo invisible para la mayoría. Aquí nadie pregunta, nadie entra y nadie sale sin que yo lo autorice. Afuera, el silencio de la noche parece más denso, como si la misma oscuridad estuviera de mi lado. La única empleada que hay aquí se llama Rosio. Una mujer callada, eficaz, que sabe perfectamente que la discreción es su mayor escudo. No necesita instrucciones largas: la ve llegar, pálida, todavía temblando, y de inmediato la lleva a la habitación que preparé… la misma en la que estaremos los dos. No voy a dejarla sola, no esta noche. Pero antes de entrar a la casa, me aparto unos metros para hablar con Bastien. Él ya estaba aquí, esperándome. —¿Qué trama

