¡No quiero esconderme!

1021 Words

Alexander me miró con esa calma engañosa que tiene, esa que parece tranquila, pero que sé que esconde un huracán de pensamientos detrás. —Buenos días, nena —dijo, y sin darme tiempo a reaccionar, se acercó. Su mano rozó mi mejilla, cálida, firme, y luego sus labios encontraron los míos. No fue un beso rápido ni superficial. Fue lento, suave al principio, como si quisiera prolongar el momento, y luego más profundo, más dueño de sí, con esa forma que tiene de dejar claro que es él quien dirige el compás. Yo… lo acepté. No voy a mentir. Sentí esa descarga eléctrica, recorrerme desde el punto exacto donde sus labios tocaban los míos hasta la punta de los dedos. Lo acepté… pero también, cuando me di cuenta de que mis manos ya estaban en su pecho, me obligué a dar un paso atrás. —Debo irme —

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