+++++++++++ Al final me controlé. No sé cómo, pero me contuve. El coche se detuvo y yo sentía todavía la electricidad corriendo bajo mi piel, como si cada fibra de mi cuerpo gritara por lo que había estado a punto de pasar. Mi respiración estaba alterada, mis labios ardían de tanto contenerse, y en el silencio del motor apagado lo único que escuchaba era el tamborileo de mi corazón. Pero ya habíamos llegado a nuestro destino. Mi hermano se parqueó detrás de nosotros y su llamada rompió el hechizo. Bastien contestó de inmediato, con esa voz fría y controlada que yo detesto porque me recuerda que él siempre se esfuerza en mantenerme a raya. —Necesito que ustedes dos finjan que son pareja —pidió mi hermano, su tono serio—. Yo seré su guardaespaldas, me cubriré el rostro. Puede que haya pe

