Esa fue la primera vez que vieron al alemán en la escuela de su hijo, ya que Yuriko gustaba de encargarse de los detalles de la educación de Akira, por lo que la presencia de Bastian causó revuelo entre los alumnos y profesores porque nunca habían visto a alguien tan alto y corpulento como el papá del estudiante Müller. Al ver a su hijo con la cara llena de lágrimas y la nariz rebalsando de mocos, el médico alemán tomó su pañuelo antes de llegar a donde estaba su hijo, y cuando lo pudo abrazar para consolarlo, limpió todo rastro de la tristeza que había en la carita de ese dulce niño. Bastian pidió hablar con su hijo antes de hacer lo propio con la maestra y la directora del plantel. La conversación sería en alemán, una de las otras lenguas que conocía el pequeño, ya que desde que nació fue criado en un hogar políglota, al comunicarse en japonés, alemán e inglés. Bastian no quería que los demás entendieran lo que entre ellos hablaban, para que el pequeño no sintiera que debía cuidar sus palabras, para que sea libre por completo al expresar sus sentimientos, y protegerlo de cualquier otra persona que quisiera hablar mal de él.
- Ahora que te veo llorar, entiendo por qué la maestra me llamó, ¿qué ha sucedido? –preguntó Bastian a su pequeño hijo de cinco años, quien era muy inteligente.
- Me acabo de enterar que no soy japonés, papá –las lágrimas de Akira no paraban y eso hacía que el corazón de Bastian se retorciera de dolor porque veía a su hijo sufrir.
- ¿Quién te ha dicho que no eres japonés?
- Kiyoka, mi compañero de clase.
- ¿Por qué ese niño diría tal cosa?
- Creo que se molestó porque Kei compartió conmigo los mochi que su mamá le envió en la lonchera y él quería comer –Bastian sonreía al pensar que todo este problema lo inició los celos de un niño que no recibió mochi.
- ¿Qué fue lo que más te molestó? –preguntó Bastian.
- Papá, yo no estoy molesto –dijo Akira y empezó nuevamente a llorar-. Estoy triste porque me he dado cuenta que soy diferente a los otros niños –el sufrimiento de su hijo le partía el alma a Bastian, así que era momento de mostrarle otro aspecto de la vida por el cual debía sentirse orgulloso el pequeño Akira.
- Hijo, mírame –y el pequeño restregó sus ojos para limpiar las lágrimas que hacían que no pudiera ver claramente a su padre-. ¿Me amas? –preguntó Bastian y su hijo respondió que sí moviendo la cabeza-. ¿Recuerdas al padre de Kei? –Akira volvió a afirmar moviendo la cabeza-. ¿Él se parece a mí? –el pequeño miró fijamente a su padre y no supo qué decir-. ¿Puedes decirme cuáles son las diferencias que encuentras entre el padre de Kei y yo? –Akira empezó a enumerar las diferencias, todas físicas, entre su padre y el Dr. Ikeda, colega y amigo de Bastian y Yuriko, padre de la pequeña Kei-. ¿Hay algo de malo que yo sea más alto que el papá de Kei, o que mis ojos sean más grandes o de un color distinto? –Akira negó con la cabeza-. Entonces, ¿por qué sufres al saber que eres diferente?
- Porque Kiyoka no fue amable, me lo dijo de tal manera que me hizo sentir que no era valioso al ser un hafu –Bastian sonreía a su hijo al escucharlo decir lo que era obvio.
- Entonces, el problema no está en ti, en que seas mestizo, en que seas la mezcla perfecta de tu madre japonesa y tu padre alemán, el problema está en Kiyoka, en cómo él te ve a ti cuando siente celos porque no recibe de Kei lo que tanto quiere. ¿Entiendes el punto? –Akira se limpiaba los mocos que soltó su nariz con la manga de su camisa mientras reflexionaba lo que su papá acababa de decir.
- Entonces, ¿él me dijo esas mentiras solo porque quería herirme al estar celoso de mí?
- Bueno, lo que te dijo no es por completo una mentira. Aunque tú sí eres japonés, tienes tus particularidades que te hacen único. Lo que pasa es que para algunas personas es difícil convivir con la inmensa luz que irradian los demás. Y tú eres brillante, como lo dice tu nombre, por lo que a veces encontrarás personas que sentirán celos de ti y te tratarán de herir con insultos para opacar tu brillo. Tú solo ignóralos y sigue tu camino, pero siempre ven a mí y cuéntame lo que te han dicho, para luego ir a hablar con sus padres –Bastian sabía quién era el padre de Kiyoka, por lo que iría luego a buscarlo para cobrarle cada lágrima que su hijo derramó, ya que Bastian sabía que el compañero de Akira solo repetía lo que escuchó en casa.
- Entonces, ¿debo sentirme orgulloso de quién soy? –preguntó el niño sonriendo a su padre.
- Completamente orgulloso de quién eres. Mientras seas una buena persona y hagas lo correcto, nunca agaches la mirada ante nadie, hijo. Tu valor está en la medida de la bondad que contengan tus acciones, así que a hacer buenas acciones para que valgas muchísimo. ¿Entendido? –Bastian ofreció la mano a Akira, cosa que hacía cada vez que le enseñaba algo nuevo a su hijo y lo enriquecía como ser humano.
- Entendido, papá –dijo el pequeño y apretó la mano de Bastian.
Akira creció y aprendió que él no tenía nada malo, que el desprecio que alguien pudiera hacerle notar era un problema emocional o trauma que tenía esa persona, y ante ello, él no podía hacer nada. Así fue como superó algunos inconvenientes que se presentaron en la primaria, donde alguno que otro niño celoso de él porque llamaba la atención de todas las niñas quiso insultarlo llamándolo hafu, pero al encontrar que para Akira ser un hafu no era malo, sino que era una oportunidad maravillosa de pertenecer a dos mundos diferentes, lo dejaban tranquilo porque no conseguían el efecto negativo que buscaban al insultarlo. Ya en la secundaria inferior empezó a crecer más, hasta convertirse en el gigante de 1.96 m que alcanzó a los diecisiete años, cuando ya estaba en la secundaria superior, causando que nadie buscara ofenderlo al temer que pudiera dar una paliza a quien se atreviera a insultarlo, pero Akira nunca hubiera hecho uso de la violencia para defenderse, ya que Bastian siempre le inculcó que ser un abusivo va en contra de los actos de bondad que él buscaba realizar en su vida.
Con las chicas la cosa era diferente. Desde pequeño llamó la atención del sexo opuesto y fue muy popular entre ellas. Él creció viendo lo atento y caballero que era su padre con su madre, lo amoroso y detallista que podía ser un esposo con su esposa, de ahí que replicara lo que veía en casa con sus compañeras y profesoras en la escuela, lo que hizo que todas se enamoraran de él. A los doce años una niña le confesó que lo amaba, y ante esta nueva realidad con la que se topaba, hizo lo que siempre su padre le recomendó: conversarlo con él. Así fue que Akira le contó a Bastian sobre la declaración de su compañera, algo que le causó mucha incomodidad al niño.
- Pues, si tu no sientes lo mismo que esa niña, se lo tienes que decir –concluyó Bastian con soltura, como si la cosa fuera sencilla.
- Le voy a romper el corazón –dijo Akira y el médico supo que el motivo de su hijo al contarle sobre este tema radicaba en que no sabía cómo lidiar con un amor que recibía, pero él no podía corresponder.
- No le vas a romper nada. Ella se ha enamorado de una idea, ¿o acaso tú has hecho algo para enamorarla? –preguntó Bastian y Akira negaba moviendo manos y cabeza a la vez.
- ¡No, papá, cómo se te ocurre! –la respuesta de su hijo le hizo entender que era inocente del enamoramiento de esa niña.
- Entonces, no le vas a romper el corazón. Ella se ha enamorado de tus cualidades, de lo buena persona que eres, pero si no le has demostrado interés, ella está amando sola, y eso no es sano para ella ni para ti. Decirle la verdad sobre tus sentimientos hará que llore un poco, pero luego se le pasará. Aunque también está la posibilidad de que no se le pase y se convierta en tu enemiga acérrima, de esas que buscan que todo el mundo te odie, pero si eso pasa, sé que sabrás lidiar con esos inconvenientes.
- Sería una locura que me odie por decirle que no la quiero como ella lo hace –dijo Akira pensando en la ironía de su vida: los chicos no lo querían por ser hafu y las chicas lo perseguían por serlo-. Esto me pasa por ser mestizo.
- Esto te pasa por ser guapo como tu padre, inteligente como tu madre y una buena persona como tus dos progenitores –dijo Bastian sonriéndole a su hijo-. No luches contra lo que la vida te ha dado, hijo mío.
- ¿Te refieres al atractivo germano que heredé de ti? –Akira empezaba a reír al recordar que su padre siempre decía que su madre no se pudo resistir a su atractivo germano, y por eso aceptó ser su novia, casarse con él y tener hijos.
- Exacto. De mis dos hijos, eres el más germano porque Hiroto solo tiene un 2 % de apariencia germana, que lo muestra en su estatura –cuando Akira tenía siete años, nació su hermano Hiroto, quien a simple vista era un japonés puro al ser idéntico a Yuriko, excepto por la estatura, que al llegar a ser adulto sería la misma que la de Bastian-, en cambio, tú eres 98 % alemán, y lo serías por completo si no fuera por ese ligero tono bronceado natural de tu piel y el casi imperceptible rasgado de tus ojos que obtuviste de tu herencia japonesa.
- Entonces, no hago mal en rechazarla –mencionó Akira para estar seguro de lo que haría.
- No haces mal en rechazarla, hijo. El día que inicies una relación con una mujer, que sea porque la amas, no por pena o necesidad. ¿Entendido? –y Bastian estiró la mano como siempre lo hacía para asegurarse que la lección impartida había sido comprendida.
- Entendido, papá –y Akira estrechó la mano de su padre, señal de que agradecía cada palabra y el tiempo que este le entregaba al escucharlo y aconsejarlo.
Al crecer Akira el interés por las mujeres despertó. Como era tan popular por ser bien parecido, buen alumno y deportista calificado, cualquiera pensaría que el hijo de Bastian y Yuriko tuvo muchas novias en sus años de escuela, pero la verdad es que el niño había crecido con una idea clara de lo que era el amor y el tipo de mujer que quería para su vida, por lo que durante la secundaria superior no entabló ninguna relación amorosa. Eso no significa que Akira se haya mantenido virgen en ese periodo de su vida. A la edad de dieciséis años, en las vacaciones de verano, el muchacho viajó a Osaka para pasar la temporada con sus abuelos Inoue. Ahí conoció a la hija de los vecinos, Miyo, una estudiante universitaria de Psicología de diecinueve años con quien se iniciaría en los temas sexuales.
Miyo no llamaba la atención de Akira para que el muchacho le pida que sea su novia, solo la veía como una amiga, pero la joven se le insinuaría en más de una oportunidad al buenmozo adolescente, y al no aparentar la edad que en realidad tenía, no dudó en proponerle experimentar con ella lo que sienten los cuerpos de un hombre y una mujer cuando yacen desnudos y muy próximos sobre una cama. La joven se interesó en el muchacho mestizo porque tenía curiosidad por conocer el cuerpo de un hombre que no fuera japonés, y Akira era lo más cercano a ello, ya que su apariencia lo acercaba más a sus raíces alemanas. Él sabía que el corazón no lo tenía comprometido y que para Miyo el acostarse con él era solo diversión, por lo que aceptó la propuesta de la joven universitaria. Si bien es cierto que la experiencia fue placentera, por lo que se repitió un par de veces más en ese mes de vacaciones, Akira sentía que faltó algo para que ese acto sea completamente satisfactorio, y al no entender qué era lo que no encontró en Miyo, no dudó en comentarle lo ocurrido a su padre para que le ayude a comprender por qué se sentía incompleto si la pasó muy bien.
- Es que faltó amor –dijo Bastian ni bien su hijo dejó de hablar-. A esa muchacha no la querías, así que fue un mero acto físico, y al no involucrar el corazón, se siente raro, como vacío –Akira asentía con la cabeza.
- ¿Crees que hice mal en tener esa experiencia con Miyo? –preguntó el adolescente preocupado de que, en el futuro, cuando encuentre a aquella persona que haga latir aceleradamente su corazón ni bien la vea, lo sucedido con la hija de los vecinos de sus abuelos pueda causarle algún inconveniente.
- No. Miyo es casi de tu edad, y antes de terminar en su cama te lo propuso, por lo que tú tomaste tu decisión. Preocupante sería que te haya alcoholizado y, sin saber qué sucedió, despertaras desnudo a su lado la siguiente mañana. Ahí sí que la buscaba para denunciarla por abuso a un estudiante de secundaria –Bastian miraba serio a su hijo mientras respondía la pregunta.
- Entonces, ¿por qué siento que estás molesto conmigo?
- Porque debiste decirme lo que pasaba con Miyo cuando ella te propuso iniciarte sexualmente entre sus piernas –el tono fuerte de Bastian intimidó a Akira-. Yo también fui joven, hijo, y sé que cuando un hombre prueba el placer que le da una mujer puede perderse en el gozo que perturba sus sentidos, y yo no quiero que eso suceda contigo –la primera experiencia s****l de Bastian no había sido la mejor para ser recordada, ya que a los dieciocho años se obsesionó con la mujer con quien perdió su virginidad y mantuvo una relación secreta porque era diez años mayor que él, casada y hermana menor de una muy buena amiga de su madre.
- Lo siento, papá, por no haberme comunicado contigo antes. Sin embargo, puedo asegurarte que el haber estado con Miyo no me ha dejado deseando por más. Esta sensación que tengo de que algo me falta no es tan agradable cuando los días pasan. Mi cuerpo habrá disfrutado las caricias y el calor de Miyo, pero el resto de mí se siente incompleto.
Akira no volvería a estar con otra mujer hasta que apareció en su vida Valery, una joven estadounidense que llegó en el último año de escuela. Aunque no se hizo novio de ella, al igual que pasó con Miyo, la compañera de clase le propuso tener sexo sin compromiso, solo por el gusto de tener un rato placentero. Ella lo eligió a él no solo por sus cualidades físicas, sino porque al no parecer japonés, pensó que no tendría problema en aceptar su propuesta. A él no le gustaba la sensación de vacío con la que se quedó después de las veces que estuvo con la universitaria japonesa, pero su cuerpo reaccionaba a las caricias de Valery, así que aceptó la propuesta de la joven. Al terminar el año escolar, la estadounidense dejó j***n junto a su familia, terminando así la libre relación de seis meses que sostuvo con Akira. Aunque el hijo de Bastian y Yuriko no se había enamorado, reconocía que se había encariñado con ella, y si la jovencita hubiera apostado un poco más por una relación entre ellos, de seguro hubiera aceptado formalizar y hacerla su primera novia, pero como nada sucede sin un motivo, que ella no haya ganado el corazón de nuestro joven mestizo se debía a que no era esa persona especial con quien él soñaría despierto y a quien haría su hogar.
La influencia de ambos progenitores hizo que el joven Akira se decidiera por estudiar Medicina, y así fue como ingresó a la Universidad de Tokio, alma mater de su madre. Al saber que estudiaría en el centro académico más prestigioso de j***n, donde es común encontrar extranjeros matriculados en diversas clases, Akira vislumbró que el ser un hafu pasaría desapercibido, y que quizás lo tratarían más como un foráneo que como un ciudadano, pero eso no le importaba, ya que tenía la firme convicción de resaltar académicamente como su madre lo hizo, sin considerar que lo cataloguen en uno u otro grupo. Sin embargo, al conocer a aquella persona que sería su hogar y la dueña de su corazón, Akira revaluaría la importancia de ser reconocido como un japonés para causar una buena impresión en la familia de la joven, sin imaginar que su lado japonés, el ser hijo de la Dra. Yuriko Inoue, sería un estigma que podría imposibilitar la relación que tanto deseaba con aquella mujer de la que se enamoró a primera vista.