Capítulo 1.1

2185 Words
Akira había heredado la inteligencia de Yuriko. Aunque no era introvertido ni tenía dificultades para sociabilizar como la médica, el joven era muy hábil cognitivamente, por lo que ingresaría a la Facultad de Medicina de la Universidad de Tokio con el primer puesto a nivel nacional, como lo hiciera su progenitora. Sin embargo, no pudo obtener el mejor promedio de ingreso a dicha casa de estudios entre todas las carreras, como sí lo había logrado su madre, ya que una jovencita que estudiaría en la Facultad de Economía había alcanzado un mayor promedio, aunque la diferencia sea de pocas décimas. - Bueno, tampoco es que tengas que seguir los pasos de tu madre tal cual ella los dio –decía Bastian tratando de animar a su hijo quien yacía derrotado sobre el sofá más grande de la sala de la casa de Los Müller-Inoue. - Lo sé, entre nosotros hay diferencias notorias –dijo Akira haciendo un gesto con sus manos que mostraba su cuerpo, indicando que desde el sexo hasta la complejidad genética de la mezcla de razas que él era hacían que fuera diferente a su madre. - Pues, tampoco es que lo hubieras logrado si en vez de varón fueras mujer –agregó Bastian sonriéndole a su hijo. - Eso es un misterio que nunca resolveremos –lo dicho por el joven Müller causó las carcajadas de Bastian, lo que lo contagió a reír como su padre. - ¡Mi bebé ya es un universitario! ¡Felicitaciones, mi hijito bello! –la voz de Yuriko se escuchó en la sala y ambos hombres dejaron la comodidad de los sofás de un salto. Al ser Yuriko la única mujer en casa, Bastian había enseñado a sus hijos que debían tratar a la madre como una reina, por lo que ella ingresara a una de las habitaciones significaba que ellos debían de inmediato dejar la comodidad del sofá, silla o cama para saludarla apropiadamente y atenderla en lo que necesitara. La médica ingresaba trayendo una botella de finísimo champagne y una bolsa con diversas botanas que había comprado en su tienda de delicatessen favorita para celebrar el logro de Akira en familia. Al verla con las manos ocupadas, padre e hijo se acercaron a ella para ayudarla con las compras, hacer que tome asiento y se relaje después de un arduo día de trabajo. - No quiero sentarme, quiero darte un fuerte abrazo, mi bebé mayor –decía Yuriko mientras caminaba hacia su hijo, quien con una sonrisa en los labios recibió el gesto de amor de su progenitora. - Gracias, mamá. Tu abrazo es el mejor regalo que puedo recibir por el logro alcanzado –mencionó Akira sintiéndose cálido al recordar el efecto que desde niño le producía estar entre los brazos de su madre. - Entonces mandemos a la basura el abrazo que le dio su padre –dijo Bastian con ganas de bromear por lo dicho por su hijo, ya que antes había recibido a Akira con un fuerte abrazo cuando este llegó a casa. - Y también el regalo que le hemos preparado por su ingreso a la universidad –decía Yuriko mientras se separaba de su hijo, quien evitó que se soltara de él al escuchar el comentario de la madre. - ¿Cuál regalo? –Akira no soltaría a su madre hasta que le dijeran de qué trataba el obsequio. Bastian y Yuriko reían porque el gesto de su amado hijo les resultó muy divertido. - Pues, como estás próximo a cumplir dieciocho años y ser mayor de edad, además que has ingresado con unas excelentes calificaciones a la universidad, tu madre y yo hemos decidido comprar para ti un automóvil –en j***n, se llegaba a la mayoría de edad a los veinte años, pero en junio del 2018 el Parlamento decidió reducir por dos años la edad para ser considerado un ciudadano con derechos y obligaciones que lo hacían partícipe de los diversos temas que afecten a la sociedad, por lo que Akira estaba a un poco más de un par de meses de convertirse en un adulto. - ¿Hablan en serio? –preguntó el joven Müller evitando explotar de alegría antes de reconfirmar lo que sus padres le habían dicho. - Por supuesto que sí, amorcito. En el mes de junio, por tu cumpleaños, tendrás tu primer coche gracias a tus padres. Los siguientes ya los obtendrás por tu propia cuenta –dijo Yuriko feliz al ver la hermosa sonrisa de Akira y sus ojos brillando en un tono ámbar que lo hacían lucir como si fuera un ser mágico. - ¡Gracias, mamá! –por la enorme felicidad que sentía, el hijo cargó en brazos a la madre y empezó a dar vueltas con ella. Luego la dejó en el sofá algo mareada y fue a abrazar al padre-. ¡Gracias, papá! –y al lanzarse con alegría sobre el padre, el hijo no midió la fuerza con que impactaría contra el cuerpo de su progenitor, por lo que perderían el equilibrio y ambos caerían sobre el sofá detrás de ellos. Las risas de esos tres se escuchaban hasta la calle, por lo que, al llegar de sus clases de karate, el segundo hijo, de apenas once años, se sumó a la celebración lanzándose sobre el padre y el hermano mayor tras dejar un fugaz beso en la mejilla de la madre. - ¿Y por qué estamos tan felices? –pregunto Hiroto, el hijo menor de Bastian y Yuriko. - ¡Porque papá y mamá me van a comprar un auto! –soltó Akira y se abrazó a su hermano. - ¡Qué bueno! Imagino que me llevarás de paseo de vez en cuando –mencionó el hermano menor con notorio interés. - ¡Claro! Y cuando decidas declararle tu amor a Kaori, también te llevaré a tus citas, si mis obligaciones en la universidad me lo permiten –lo dicho por el hermano mayor ruborizó a Hiroto, quien desde el jardín de niños había sido muy cercano de su amiga Kaori. - Acepto tu oferta. Ahora me voy antes que papá empiece con sus bromas por mi amor de la infancia –Hiroto salió corriendo, dejando atrás las carcajadas de Bastian, a quien le gustaba bromear a costas de su hijo menor. La familia degustó los manjares que la madre trajo, teniendo una cena especial por el logro de Akira. Tras terminar la comida, Bastian le pidió a Hiroto que le ayude a recoger la mesa y lavar el servicio, ya que no quería que Yuriko lo hiciera por haber estado trabajando hasta hace poco, y para Akira el no lavar los platos –cosa que le disgustaba mucho- era un premio más por su buen desempeño académico. Madre e hijo mayor se fueron a sentar a la sala para conversar mientras el resto de la familia estaba terminando de asear la cocina. Akira aprovechó ese momento a solas con su madre para preguntarle sobre la cena de bienvenida que la Universidad de Tokio ofrece para agasajar a los mejores ingresos del nuevo año académico, ya que le habían indicado que en dos semanas sería ese encuentro en un famoso y muy concurrido restaurante de la capital. - Esa cena es el primer contacto que tendrás con las autoridades de la universidad, los profesores de la cátedra de Medicina y los mejores estudiantes de cada carrera. Aprovecha ese encuentro para conocer a otros fascinantes alumnos como tú, ya que podría nacer una gran amistad que dure toda tu vida. - ¿Alguno de tus amigos lo conociste en esa cena? –preguntó Akira, y a Yuriko le nació una sonrisa nostálgica al llegar el recuerdo de la noche en que conoció a Kenji Sato, su primer amor. - No hice amigos en esa oportunidad. Sabes bien que mamá tiene algunos problemas para socializar, que es gracias a papá que puedo tener amigos porque él los aborda, y tras conocerlos ya se me hace fácil mantener la amistad. Pero sí conocí a alguien que fue muy especial para mí. - ¿Y puedo saber quién es esa persona? –Akira estaba muy curioso porque esa era la primera vez que su madre comentaba sobre aquella persona que fue especial para ella, pero él no conocía. - Un muchacho que conocí y fue mi primer amor –ante la revelación que le hiciera su madre, Akira se sintió algo incómodo, ya que había heredado los celos de Bastian. El joven Müller podía llegar a ser muy posesivo con lo que amaba, por lo que había demostrado en varias oportunidades ser celoso con su madre-. Porque sé que te puede incomodar este tema, prefiero no hablarlo contigo. - No, mamá, por favor, cuéntame esa parte de tu vida que no conozco. Además, ese hombre quedó en el pasado, por lo que no lo voy a conocer para romperle la cara por haber salido contigo antes que papá –Yuriko reía bajito por lo ocurrente que era su hijo, aunque Akira hablaba muy en serio. - Bueno, pero no me interrumpas –así Yuriko empezó a narrarle cómo conoció al enigmático Kenji Sato, un joven muy inteligente que quería ser economista y que se caracterizaba por no poder expresar sus emociones y sentimientos de manera física. - Te enamoraste de una rareza –soltó Akira con un tono de burla. - Kenji era un muchacho muy amable, detallista, todo un caballero y un gran partido al ser inteligente, guapo y adinerado –la intención de Yuriko no era la de defender a su primer amor de los comentarios burlescos de su hijo, sino que debía decir la verdad sobre cómo era Kenji Sato. - Y si era tan buen partido, ¿por qué lo dejaste? Porque tú lo dejaste, ¿no es cierto? –Akira estaba cada vez más curioso por conocer la historia de su madre con ese tal Kenji Sato. - Sí, yo lo dejé. Y lo hice porque me enamoré de tu padre –Yuriko sonrió con los labios cerrados, sonrisa que a Akira le parecía muy tierna y cálida, y que la médica solo expresaba cuando hablaba de Bastian, ya que él era su gran amor. - Ahora sí, la historia ha llegado a su mejor parte –comentó Akira y Yuriko rio bajito para que no la escucharan quienes estaban en la cocina. - Con Kenji mantuve una relación de diez años. Cuando tu padre llegó desde Múnich por el intercambio profesional que se hizo eterno –Yuriko sonrió al pensar que ese enorme y guapo alemán solo llegó para estar un año, máximo dos, en j***n y terminó quedándose para toda la vida-, nos hicimos grandes amigos. Él fue el primer amigo que hice sin necesidad de ayuda de terceros. Poco a poco se fue ganando mi corazón y a mí me fue gustando la manera cómo me trataba, cuidaba y hacía sentir bien. A la par, Kenji también se estaba alejando de mí, creo que él se alejó antes que yo lo hiciera, pero por motivos que desconozco, nunca me habló para terminar la relación. Un día, que estaba decidida a hacer mi vida al lado de tu padre, le agradecí por el amor que me brindó, pero que ya era hora de dejar en el pasado lo que vivimos juntos porque en el presente ya había llegado a mi vida una persona a quien quería para mi futuro. Él no se opuso, más bien creo que mi decisión de dar por terminada la relación le convenía y aliviaba; así fue como lo nuestro acabó y empecé a escribir mi historia con tu padre. - Pues, creo que ese tal Kenji Sato no era tan inteligente como parecía. Dejarte ir a ti, a la fabulosa Dra. Yuriko Inoue, una mujer tan bella e inteligente, buena y talentosa, no lo comprendo –Akira exageraba el gesto de confusión y a Yuriko eso la divertía. - Te equivocas si calificas a Kenji Sato como un hombre tonto. Él fue el mejor promedio de ingreso en la Facultad de Economía, el segundo en el conteo general; yo solo le gané por décimas. - Qué cosas de la vida. Cuando tú ingresaste obtuviste el mejor promedio general y el segundo fue un estudiante de Economía; ahora, el mejor promedio general lo ha obtenido una estudiante de Economía y yo me quedo en segundo lugar solo por décimas. - Entonces, tú eres como Kenji y la jovencita que es el primer lugar general es como yo –Yuriko sonreía al hacer la comparación, una que no le gustó a su hijo porque lo igualaba a quien fuera su primer amor, por quien el joven Müller empezaba a sentir celos, aunque sabía que era parte del pasado. - Jamás como ese tal Kenji Sato –dijo Akira con un notorio gesto de asco. - Tú eres más guapo e inteligente, hijo –dijo Yuriko y arrancó de Akira una sonrisa al sentir que su madre reconocía que él era mejor que su primer amor.
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