Capítulo 1.2

1623 Words
La noche de la cena de bienvenida que la Universidad de Tokio ofrece a sus mejores ingresantes por programa de estudios llegó. Esta se hizo el sábado previo al inicio de clases. Akira asistiría a la reunión vistiendo un traje de dos piezas gris, con camisa color champagne y una corbata donde el color amarillo resaltaba, combinando muy bien con sus ojos que, por la alegría que sentía, estaban brillando en un tono ámbar. Al no haber cumplido aún la mayoría de edad, Akira llegó al restaurante donde fue citado en el auto de su padre. La familia completa había ido a dejarlo a su primera reunión formal de universidad, luego se irían a cenar algo delicioso, ya que ellos también querían celebrar que el primogénito de la familia estaba empezando sus años de estudios superiores con pie derecho. Tras presentarse y permitírsele el ingreso al salón reservado por la Universidad de Tokio al comprobar su identidad, Akira empezó a caminar con las manos en los bolsillos de su pantalón por el espacio del inmenso salón mirando a aquellos que habían llegado antes que él. Al no encontrar a nadie conocido, se propuso hacer nuevos amigos, como se lo dijera su madre, así que tomó una bebida sin alcohol del azafate que llevaba uno de los meseros que amablemente se la ofreció, y tras empezar a beberla, buscó a quién sería la persona con la que entable conversación por esa noche. La figura de una joven parada a un lado del salón, con las manos cruzadas sobre su falda, con la mirada fija en el piso, sin una copa en sus manos, sin tratar de socializar con nadie, llamó su atención. Al observarla con detalle se percató de su belleza, una que era natural al no tener una gran cantidad de maquillaje; su cabello largo, azabache y lacio brillaba tanto que le provocó acercarse a ella solo para tocarlo; sin embargo, lo que haría que se animara a caminar hacia ella sería que otro muchacho, con intenciones nada sanas ni decentes, le ganara la iniciativa de conversar con la jovencita que llamó su atención. Tomando otra copa de la bebida que disfrutaba, Akira llegó hacia donde estaba la joven, a quien se le notaba que intentaba ignorar al sujeto que le estaba hablando. - Aquí tienes tu bebida –dijo Akira entregándole la copa a la joven, junto a una sonrisa encantadora que haría derretir a cualquier muchacha que la contemplara, pero, para sorpresa de Akira, que la joven lo mirara y encontrar en los ojos de ella un brillo que nunca antes había visto, lo impactó a tal grado que después de las palabras que soltó, no pudo decir más. - Gracias –dijo la joven tomando la copa mientras mantenía fija su mirada en la de Akira. El rostro de ella lucía serio, sin emociones, pero era tan bello que hizo que al joven Müller se le dificultara respirar al empezar su corazón a latir acelerado. - ¿Han venido juntos? –preguntó de mala manera el muchacho que abordó primero a la joven. Akira lo miró, y cambiando por completo la expresión de agrado que tenía mientras miraba a la joven por una de fastidio, respondió. - Sí, así que piérdete que de ella no vas a conseguir nada –la rudeza de las palabras de Akira hicieron que el joven empezara a temblar porque llegó a pensar que el siguiente movimiento del gigante que estaba enfrente de él sería golpearle la cara, pero, tras esperar unos segundos, fue la misma jovencita quien le hizo ver que estaba de más. - Gracias por acercarte, pero ya llegó mi acompañante para esta velada –la voz de la joven sonaba fría, casi con un ritmo robótico, pero Akira pudo percibir amabilidad y el calor de un buen corazón, por lo que sonrió como un tonto al darse cuenta que ella lo había elegido a él. - Hola, soy Akira –se presentó así ante la joven que empezaba a cautivarlo por completo después de que el otro muchacho se alejó de ellos. - Hola, soy Mika, mucho gusto –respondió la joven. Akira le entregaba la mejor sonrisa que sabía que tenía para cuando una mujer llamara su atención, pero esta se fue desinflando cuando pasaban los segundos y la joven no le devolvía el gesto. - ¿Sucede algo? ¿Te incomoda mi presencia? –preguntó muy preocupado Akira. - No, me alegra que me hayas ayudado a deshacerme de ese tipo. Se notaba que no se acercó con un buen propósito –respondió Mika, pero con el mismo serio gesto en su rostro. - Ah. Es que, tu rostro. No me has ofrecido una sonrisa –mencionó Akira algo apenado porque no quería que la joven se ofendiera. - ¿Tienes tiempo para que te explique el por qué no puedo sonreírte? –preguntó Mika. - Para ti tengo toda la noche. Mika le contó a Akira la particularidad con la que había nacido. La joven no podía expresar sus emociones ni sentimientos por medio de gestos o expresiones físicas. Ella no sabía cómo reír, no podía llorar, no sudaba de nervios ni temblaba de miedo. Descubrir a una persona como Mika fascinó a Akira, quien a cada segundo que pasaba al lado de ella, sentía que se estaba enamorando más y más. Al dar inicio la breve ceremonia de presentación, Akira invitó a Mika a sentarse junto a él, cosa que ella aceptó. Tras empezar a presentar a cada mejor ingreso por programa académico, se enteraron que el muchacho que se acercó a Mika era el mejor ingreso del programa académico de Leyes y Ciencias Políticas, cosa que les pareció una gran ironía por el gesto acosador que tuvo con la joven. Al escuchar su nombre, el joven Müller dejó su asiento y se alejó de la mesa, no sin antes guiñarle el ojo a su nueva amiga, algo que no era común que un joven japonés hiciera al ser, en su mayoría, tímidos, pero Akira quería hacerle entender a Mika que regresaría pronto a su lado, para seguir disfrutando la noche. Todos miraban a Akira caminar hacia el estrado, ya que su apariencia llamaba mucho la atención. El Decano de la Facultad de Medicina sabía quién era ese muchacho, ya que conocía bien a sus padres por el trabajo que hacían en el hospital que gestionaba esa casa de estudios. Akira ofreció un tradicional saludo japonés a la máxima autoridad de su facultad, una reverencia de 90° grados, cosa que el decano aceptó con una enorme sonrisa en sus labios, luego extendería la mano para estrechar la del joven, quien respondió al saludo con alegría. El Decano de la Facultad de Medicina no era más que el Dr. Yamaguchi, quien había sido el mentor de Yuriko cuando esta estudió el pregrado y luego su jefe al convertirse en el Director del Hospital de la Universidad de Tokio; asimismo, fue el responsable de aceptar el traslado de Bastian como parte del intercambio profesional entre la universidad japonesa y su par de la ciudad de Múnich, por lo que era gratamente apreciado por Los Müller-Inoue. Al regresar Akira a su sitio en la mesa, al lado de Mika, esta lo recibió aplaudiendo con mucha fuerza. Él entendió que esa era la manera que ella encontró de hacerle saber que estaba muy contenta por el reconocimiento que acababa de recibir por la máxima autoridad de la Facultad de Medicina, por lo que le devolvió el gesto con una enorme sonrisa. Continuaron llamando al resto de ilustres ingresantes, pero el nombre de Mika no se escuchaba. Akira temió que por algún error en la organización del evento habrían podido saltar el nombre de su nueva amiga. Sin embargo, las palabras del Rector de la Universidad de Tokio llamarían la atención del joven Müller, más cuando se percató que se refería a la joven sentada a su lado. - Para el final, pero no porque sea la menos importante, hemos dejado a la estudiante que ha conseguido el mejor promedio de ingreso en el conteo general de la Universidad de Tokio. Para mí, que fui el Decano de la Facultad de Economía hace años atrás, es un honor volver a dar la bienvenida a nuestra universidad a un representante de las Familias Sato y Nagata de la ciudad de Nagoya. Demos un fuerte aplauso de bienvenida a Mika Sato, el mejor ingreso de la Facultad de Economía y del cómputo general de ingresantes. Mika dejó su asiento, y antes de empezar a caminar hacia el estrado, tocó una de las mejillas de Akira con la yema de su dedo índice, señal de que le dejaba un beso a su nuevo amigo, algo que no entendió el resto que los acompañaba en la mesa, pero él sí, haciendo que el corazón le latiera de tal manera que parecía que se le iba a salir del pecho. El joven Müller no podía creer que se estuviera dando la situación que comentó cuando conversaba con su madre sobre la experiencia que ella tuvo en la cena de bienvenida a los mejores ingresos de la Universidad de Tokio de su año. El andar de Mika era elegante y seguro. Ella resaltaba entre todos con una inmensa luz que a él no le deslumbraba, sino que le llenaba el corazón de un agradable calor. Al llegar ante el Rector de la universidad, ella ofreció una reverencia, pero este de inmediato le pidió estrechar su mano. Mika era una dama que pertenecía no a una, sino a dos de las familias multimillonarias del j***n, y, además, era tan inteligente que no necesitaba de ese detalle para destacar.
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