Capítulo 1.3

1517 Words
Al regresar Mika a su asiento, Akira la miraba con la boca abierta, sorprendido de que, al igual que su madre, le haya gustado una joven que quería estudiar Economía, que se apellidaba Sato y era una rareza al no poder expresar físicamente sus emociones y sentimientos. «¡Un momento! ¿Mika no será la hija del primer amor de mamá?», se preguntó de inmediato el joven Müller. Su nueva amiga lo miraba con el mismo gesto imperturbable que siempre mantenía, pero en el fondo estaba preocupada porque no sabía qué había pasado para que Akira tuviera ese gesto de sorpresa en el rostro. - ¿Te sucede algo, Müller kun? –preguntó Mika llamándolo por su apellido, pero con el término de cariño que se le da a un joven varón, ya que recién se habían conocido y no se tenían la suficiente confianza para llamarlo por su nombre. - Es que me preguntaba quién era la joven que me ganó el primer puesto del cómputo general por unas cuantas décimas, y resultaste ser tú, Sato chan –respondió Akira, llamándola por su apellido, pero usando la partícula de cariño que es propia para mujeres, niños pequeños y ancianos. - ¿Te molesta que una mujer te haya ganado ese primer lugar? –preguntó Mika, y Akira no reconoció la emoción que envolvía a esa pregunta. - No, para nada, solo tenía curiosidad de conocer a la joven que por poco es mejor que yo, y resultó ser aquella que llamó mi atención ni bien ingresé al salón –Akira dejó el asombro y volvió a sonreír feliz a Mika-. Qué pequeño es el mundo y cuánto podemos tener en común, que nos hemos hecho amigos sin más. - Por un momento pensé que te molestó algo de mí –dijo Mika, y aunque no mostró tristeza, Akira la pudo sentir, por lo que empezó a negar moviendo las manos y la cabeza. - ¡Para nada, Sato chan! Tú eres maravillosa en todo sentido. Nunca podría molestarme contigo. La velada continuó con la cena. Los jóvenes conversaban entre ellos y con los otros ingresantes con quienes compartían la mesa. Al ver que Mika no cambiaba su semblante ante los amenos comentarios de los demás, y que esto causaba incomodidad entre sus acompañantes para la cena, Akira explicó rápidamente la condición con la que había nacido la joven, siendo comprendida de inmediato por los demás y continuando con la reunión sin problema alguno. Por primera vez, Mika se estaba divirtiendo en una reunión con gente de su edad en la que no participaban sus primos, y todo era gracias a Akira, quien se mantuvo a su lado por toda la noche, ayudándola a socializar sin problemas. Tras retirar el servicio de la cena, la música empezó a sonar, y Akira no lo pensó dos veces e invitó a Mika a bailar. La joven lo miraba de esa manera imperturbable, pero por dentro era un mar de nervios y estaba muy emocionada porque ese muchacho tan guapo le estaba pidiendo ir a la pista de baile juntos. Ella aceptó colocando su mano sobre la que Akira le ofreció, y lo miró fijamente, tratando de que él viera lo especial que era ese momento para ella. Aunque su expresión no cambió para nada, el joven Müller pudo notar ese brillo en los ojos negros de Mika, y supo que ella estaba tan encantada como él de compartir ese instante juntos. Verlos moverse en perfecto compás, sincronizados y sin estorbarse uno al otro, cualquiera pensaría que llevaban años siendo pareja de baile, pero la verdad era que se acababan de conocer esa noche. Akira, quien siempre gustó de encontrar una explicación lógica a todo con lo que se topaba en la vida, no pudo encontrar una para lo que empezaba a sentir por Mika. Ella, que era una tierna soñadora, aunque no lo parecía, se dijo a sí misma que la conexión que tenía con él era la que dos almas gemelas, predestinadas a amarse eternamente, muestran al encontrarse. Aunque para Akira no había respuesta para lo que sucedía entre ellos y para Mika era una basada en lo mágico de las novelas fantásticas que gustaba leer, ambos dejaron de pensar en posibilidades y empezaron a gozar del presente, de ese momento juntos. Al terminar una pieza, ellos continuaron bailando la siguiente, y así se la pasaron por más de dos horas. Que Mika no sea tan pequeña como el común de japonesas, ya que la joven medía 1.70 m, le encantaba a Akira, ya que al medir 1.96 cm se le hubiera hecho muy complicado bailar con una mujer de menor estatura. Además, los tacones que calzaba la joven hacían que sumara centímetros a su favor, llegando al 1.77 cm, por lo que bailar con ella se tornó cómodo y natural para él. Rodear la delicada y muy marcada cintura de su acompañante fue para el joven Müller un gran gozo, pero también una gran tentación, ya que, a diferencia de las dos jóvenes con las que mantuvo relaciones sexuales, Mika sí provocaba que en él se despierte su apetito s****l sin que ella hiciera esfuerzo alguno para ello. Al dar las 11 pm, el momento de terminar la reunión llegó, por lo que el desfile de autos para recoger a los ingresantes empezó, debiendo los ahí convocados dejar el salón. Akira caminaba al lado de Mika, deseando poder tomar la mano de la joven una vez más, como cuando estaban en la pista de baile, pero no se atrevió a hacerlo porque llevaban tan solo horas de conocerse, y no quería asustarla con esa espontánea reacción. - Gracias por esta noche, Müller kun –dijo Mika cuando llegó la hora de partir. - ¿Con quién te irás a casa, Sato chan? –preguntó Akira tratando de ver por la ventana del auto blindado que había llegado a recoger a la joven. - Ha venido por mí el chofer y mi escolta. - Pensé que tus padres te acompañaban –mencionó Akira notoriamente interesado por conocer algo más sobre los padres de la joven. - No, ellos están en Nagoya. Por temas de trabajo no han podido acompañarme, pero tampoco es que lo harán en el futuro, ya que yo viviré sola en Tokio mientras asista a la universidad. - Entonces, no podré conocer a tus padres esta noche –el comentario de Akira llamó la atención de Mika. - ¿Acaso quieres conocerlos? –preguntó la joven Sato asombrada, aunque eso no lo dio a notar. - Sí. Quiero conocer todo de ti, Mika –dijo con sinceridad Akira. - Si nuestra amistad crece, te los presentaré uno de estos días. - Por favor, dame tu número de celular. Así nos mantendremos en contacto y, aunque no vayamos a la misma facultad, podremos ser amigos –la joven le dio su número, él le marcó, y al escuchar el timbre del equipo móvil de Mika, cortó la llamada-. Ahora también tienes mi número, para que me escribas cuando quieras –y sin que ella se lo esperara, Akira dejó un beso sobre una de las mejillas de la joven. Mika se quedó pasmada por el beso que recibió, gesto que le encantó, ya que ese beso fue el primero que le dio un muchacho. Akira empezó a caminar para cruzar la avenida, ya que su padre le había llamado e indicado que llegaría por él manejando por el lado que iba en sentido contrario. Desde la otra acera, Akira se despedía de Mika moviendo la mano en un gesto de decirle «adiós», cosa que la joven lamentó porque no quería que él se fuera. Al escuchar que la escolta que su padre contrató para que cuidara de ella la llamaba, Mika se acercó al auto blindado y subió a este sin dejar de mirar atentamente a su nuevo amigo, el único que había hecho en toda su vida porque no se le hacía fácil entablar amistad al haber sido marginada por sus compañeras de clase desde temprana edad por la condición con la que nació. El auto se alejaba, pero Mika no dejaba de mirar hacia donde estaba Akira, quien también seguía con la mirada el recorrido del vehículo en el que viajaba su nueva amiga, hasta que este desapareció de su vista. Cuando Bastian recogió a su hijo, notó que lucía pensativo. Al cuestionarlo por cómo le había ido, Akira mencionó que esa noche había conocido a la chica más bonita e inteligente de todo el universo. El comentario de su hijo le pareció exagerado a Bastian, pero no preguntó más, ya que esperaba que este por sí solo le contara lo ocurrido esa noche. Al llegar a casa, Akira no pudo mantenerse más en silencio, ya que la curiosidad le quemaba la garganta, y al preguntar si su madre seguía despierta, cosa que su padre negó, este pudo ver el gesto de ansiedad que mostraba su primogénito, por lo que el médico alemán se preocupó y decidió preguntarle por lo que le sucedía.
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