- Mika chan, tengo una pregunta que hacerte antes de realizar la que nos ha traído aquí –dijo Akira muy serio. Mika giró todo su cuerpo para quedar enfrente de su amigo y escuchar lo que quería saber-. Sé que a veces las familias adineradas como la tuya suelen concertar los matrimonios de sus hijos con aquellos que forman parte de su círculo social, y a veces lo hacen cuando estos son apenas unos niños –el rostro de Mika no mostraba nuevamente la sorpresa que sentía al entender lo que Akira quería preguntarle-. Mika chan, ¿tus padres te han comprometido en matrimonio con algún hijo de familia adinerada? –el pecho agitado de Akira mostraba la ansiedad que empezaba a sentir por querer recibir pronto la respuesta de la hija Sato. En cambio, esta estaba feliz porque él le hiciera esa pregunta, una que significaba que le interesaba que ella sea libre de decidir entablar una relación formal y exclusiva con quien quisiera.
- No, Akira kun. Mis padres no están de acuerdo con esa clase de matrimonios. Aunque el suyo nació de un acuerdo entre mis abuelos, han sido afortunados al nacer el amor entre ellos, pero también son conscientes de que no es muy frecuente que aquellos que han sido obligados a unirse en matrimonio lleguen a ser felices como pareja. Por tal motivo, mis padres no desean para ninguno de sus hijos, incluido el bebé que mi madre espera, un matrimonio concertado –Akira empezaba a sonreír muy emocionado al descubrir que la historia de su madre con Kenji Sato no se repetiría con Mika y él, ya que ella era libre para amar a quién mejor le parezca.
- Entonces, ahora puedo hacerte la pregunta que me hizo citarte esta tarde y traerte aquí –Akira se deslizó por la banca, acercándose a Mika lo suficiente para que sus rodillas toquen las de la hija Sato. La proximidad del joven Müller la perturbaba, pero placenteramente-. Sé que es muy pronto porque, como dijiste, llevamos muy pocas horas conociéndonos, pero sé reconocer lo que me pasa contigo al haber visto siempre a mi padre sentirlo por mi madre. Mika chan, no te quiero lejos de mí, quiero que, a esta edad, en la que apenas hemos dejado de ser unos niños, comencemos algo que sea eterno. Mika Sato, ¿quieres ser mi enamorada?
Aunque se esperaba que hiciera esa pregunta, no imaginó que escucharlo pronunciar cada una de esas cuatro palabras pudiera hacerla sentir entre las nubes. En el rostro de Mika no se podía ver el éxtasis que empezaba a aparecer en ella, y al no poder girar mientras juega con su vestido, como lo hacía cada vez que se sentía feliz y se encontraba sola en su habitación, la hija Sato empezó a mover el tronco en un vaivén de lado a lado. Akira recién la conocía, pero sabía que esa respuesta no podía ser otra que una muestra de la felicidad que ella estaba experimentando. Él le dio el tiempo que ella necesitaba para responder. Ella lo miraba fijamente a la par que parecía que bailaba sentada sobre la banca de ese parque. Mika quería llorar de emoción, pero sus lagrimales estaban secos; quería gritar su alegría, pero su garganta no soltaba ningún sonido. Al darse cuenta que se estaba tomando más tiempo del debido para gozar las emociones y sentimientos que la pregunta de Akira le causó, Mika dio su respuesta.
- Sí, Akira kun, quiero ser tu enamorada. Permíteme conocerte y mostrarte quién soy en realidad porque esto que vez –y la hija Sato señaló su estoico rostro- no muestra todo lo que guardo en mi corazón y tengo para darte.
Con un movimiento rápido Akira atrajo el cuerpo de Mika hacia el suyo, fundiéndose los adolescentes en un abrazo. Ella posó sus manos sobre los hombros del joven Müller mientras sus brazos descansaban sobre los de él, que la rodeaban por la cintura. Su cabeza descansó sobre el pecho de Akira, y al cerrar los ojos pudo percibir una grata calidez proviniendo de él, así como los latidos acelerados de su joven corazón enamorado, aquel que se prometió cuidar porque ahí era donde ella quería vivir. Él cerró los ojos para deleitarse con la cercanía de ella; con su dulce aroma a flores; con la forma de su delgado cuerpo encajando perfectamente con el suyo; con el calor que emanaba de su tierno corazón, lugar que él haría su hogar.
Al ver que Akira abrazó a Mika, Kaya dio un par de pasos, ya que su intención era separarlo de la hija Sato, pero Osamu la detuvo tomándola de la mano. La mirada del chofer le decía tanto a la escolta, pero ella no haría caso a ese mensaje, uno que estaba impregnado de amor, algo que ella no quería experimentar en ese momento de su vida. La seriedad de ella le hizo agachar la mirada, pero no soltó su mano.
- Me dirás que soy un estúpido confiado, pero hay algo en ese muchacho que me inspira mucha lealtad. Él quiere bien a Mika san, y ella necesita a alguien de su edad que sea capaz de dar la vida por ella, y creo que ese puede ser Akira san –comentó Osamu sin mirar a Kaya.
- ¿Y si rompe el corazón de Mika san? –preguntó Kaya tratando de ocultar que las palabras de Osamu habían tocado su alma.
- Nosotros le rompemos las piernas a él –el chofer miró a Kaya mostrándole una sonrisa ladina-. Ella no morirá por amor, pero él sí dejará de caminar por un muy largo tiempo si se burla de Mika san –Kaya se soltó del agarre de Osamu y lo miró con una mezcla de fastidio y decepción.
- Por un momento pensé que eras un hombre sensible y romántico, pero luego me sales con esa idea que solo se le ocurriría a un delincuente –tras lo dicho por la escolta, Osamu caminó hacia ella, y susurrándole al oído le habló.
- Lo soy, y aunque he dejado en el pasado mi vida desordenada, si se atreven a dañar a quien quiero o aprecio, no tengo ningún inconveniente de hacer memoria y recordar las mil y un formas que tengo para hacerle pagar a ese malnacido por lo que hizo –Kaya contrajo cada músculo de su cuerpo para no demostrar que la proximidad de Osamu, el sentir su aliento cálido sobre su cuello y oreja, la hacía temblar, pero no de miedo, sino porque reconoció que el sentimiento que él tenía para ella, empezaba a nacer en su corazón.
Después del abrazo, Akira y Mika caminaron tomados de la mano hacia donde los esperaban el chofer y la escolta. En esa oportunidad no se darían su primer beso, ya que hasta para el joven Müller, quien era más osado que la hija Sato, era muy vergonzoso besarla en medio del parque, con la mirada atenta sobre ellos de aquellos que cuidaban de ella mientras radique en la capital. «Nuestro primer beso debe ser entregado de manera especial, para que guardemos el recuerdo de ese momento en un lugar preferencial de nuestra memoria», reflexionó Akira, prometiéndose pensar a profundidad alguna idea que sirva para ese propósito.
Tras llevar a Mika a su cafetería favorita y comer un delicioso postre, la hora de decir adiós llegó. Al regresar al apartamento se encontraron con el taxi que esperaba por Akira. El joven se despidió de ella con un beso que dejó sobre la mano de su amada enamorada, y luego ofreció una reverencia para el chofer y la escolta, además que les agradeció por haberlos transportado y cuidado durante la cita que tuvieron.
- Akira kun, no me has entregado tu horario de clases –elevó la voz Mika mientras el joven Müller se alejaba para subir al taxi que esperaba por él.
- Llegando a casa te lo envío por mensaje a tu número celular. Tú también envíame el tuyo. Después de cenar te llamo para coordinar dónde nos encontramos mañana –dijo Akira antes de lanzarle un beso volado a Mika, quien hizo con la mano como que lo atrapaba y lo guardaba en su corazón.
Una hermosa relación empezó entre aquellos que nacieron para amarse. ¿Serán sus padres capaces de aceptar lo que Akira y Mika sienten el uno por el otro? ¿O pondrán trabas al amor que se tienen?