Con la idea de que Los Sato tenían mucho dinero, tanto para tener un inmueble solo para sus invitados, Akira se preguntó qué tan adinerados eran sus padres, a comparación de la familia de Mika; si la cuna de dónde provenía le hacía un buen partido para ser la pareja formal y exclusiva de la hija mayor de Kenji Sato. «Papá dijo que esta clase de familias buscan casar a sus hijos con los de otras iguales a ellos, para seguir ganando más dinero y volverse más poderosos de lo que ya son. ¿Ser hijo de Bastian Müller y Yuriko Inoue será suficiente para que los padres de Mika me acepten? ¡Pero qué tonto! Por ser hijo de quienes son mis padres me van a repudiar, eso es más que seguro. El pasado de mi madre con el padre de Mika hará que departir entre nuestras familias resulte incómodo. ¡¿Por qué todo tiene que ser tan complicado?!», pensaba Akira mientras regresaban a la sala donde la hija Sato lo recibió. Al quedarse callado su amigo durante el camino de retorno, Mika lo miró fijamente y se dio cuenta que el joven Müller estaba perdido en sus pensamientos, unos que supuso serían negativos por la expresión de dolor que tenía marcado en el rostro.
- ¿Te sucede algo, Akira kun? –aunque no sonó preocupada, Mika lo estaba, y mucho.
- ¿Eh? No, Mika chan, estoy bien. Solo que empecé a calcular cuán adinerada es tu familia, pero me perdí en las supuestas cuentas que hacía en mi cabeza –dijo Akira, pero sin perder esa aura de consternación y sufrimiento que expresaba su mirada.
- ¿Te preocupa que mi familia no apruebe que seas mi amigo porque la tuya no es tan adinerada como la mía? –Mika era muy inteligente, por ello se le hacía fácil deducir lo que sucedía a su alrededor sin necesidad de consultarlo con alguien.
- Mika, el darte mi horario de la universidad ha sido una excusa para verte. En verdad quiero preguntarte algo que para mí es muy importante saber de una buena vez –la impulsividad de Akira lo estaba empujando a que haga la pregunta que su padre estaba averiguando al contratar al investigador, y que rompiera en parte el acuerdo que hiciera con Bastian.
- Por favor, Akira kun, puedes consultarme sobre lo que tú quieras –dijo Mika y lo invitó a sentarse en uno de los sofás de la sala.
- Mika chan, antes quiero llevarte a un lugar que es muy especial para mí. ¿Podemos salir a pasear por la ciudad? –pidió Akira y Mika giró a mirar a Kaya, quien asintió con la cabeza.
Kenji pagaba muy buenos salarios a la escolta y al chofer de su hija, por lo que ambos estaban disponibles para ella a toda hora, todos los días de la semana. Kaya fue a las habitaciones del personal doméstico en el dúplex, las cuales se encontraban en el primer piso. Osamu Oikawa, el chofer que alguna vez fue un muchachito problemático metido en pandillas que se reformó tras ver morir por una sobredosis de heroína a su hermano mayor, descansaba sobre su cómoda cama cuando la escolta Ishida golpeó la puerta pidiendo permiso para pasar.
- Oikawa, Mika san quiere salir a pasear con su amigo que ha venido a visitarla. Por favor, prepara el vehículo para que vayamos con ellos –pidió Kaya al chofer, quien al verla ingresar a la habitación dejó de un salto la cama.
- De acuerdo, Ishida, pero ¿no sería mejor dejarlos solos? A esa edad, si iba a buscar a una chica, era porque me gustaba y quería estar a solas con ella –sugirió Osamu mirando fijamente a la joven escolta. En él había empezado a brotar un bonito sentimiento por ella, a quien llevaba tratando desde que ella llegara al Conglomerado Sa-Na.
- No podemos dejarlos solos hasta que no conozcamos las intenciones de ese muchacho. Nosotros hemos sido contratados para cuidar y proteger a Mika san, si no cumplimos con nuestro deber, no me quiero imaginar cómo reaccionaría Sato san porque al ser tan estoico uno no sabe qué esperar de él, y ante esa circunstancia, no exagero al afirmar que preferiría que una corte militar me juzgue antes que ese hombre lo haga.
Osamu tomó su saco y salió de la habitación detrás de Kaya. Al llegar a la sala saludó a Mika y a su amigo. Al notar que era el mismo joven que dejó un beso sobre la mejilla de la hija Sato, entendió por qué la escolta estaba en alerta. No es que ellos tengan orden de evitar que Mika haga amigos o alejar a quien quiera cortejarla, pero al ser una solitaria niña, que de la noche a la mañana un desconocido llegue a su vida y le diga cosas bonitas podría ser alguna estrategia que los enemigos del Director Sato habían planificado para obligarlo a aceptar algún negocio turbio con tal de evitar que dañen a su hija.
Al bajar hacia el estacionamiento, Akira abrió las puertas por donde Mika y Kaya ingresarían al auto. Ambas mujeres se sorprendieron por el gesto, pero Osamu estaba avergonzado porque, al ser el chofer, él debió abrir la puerta para que la hija Sato subiera al vehículo. La escolta agradeció el gesto y subió primero, en el asiento del copiloto. Luego Mika tomaría su lugar en el asiento de atrás. Después de ocuparse que su amiga estaba cómoda y segura, el joven Müller se dirigió hacia la otra puerta trasera para ingresar por ahí al auto blindado.
- Gracias, Akira kun. Eres todo un caballero –comentó Mika mirando a su amigo.
- Crecí viendo a mi padre tratar de una manera sublime a mi madre, quien es la única mujer en la familia, ya que solo somos mis padres, mi hermano menor Hiroto y yo. El abrir la puerta para que una dama ingrese a un vehículo es uno de tantos detalles que mi padre siempre le ofrece a mi madre, de ahí que tengo la costumbre de hacerlo, y no solo con jovencitas bonitas como tú, sino también con mujeres mayores como tu escolta –lo dicho por Akira enamoraba más a Mika, ya que le dijo que era una jovencita bonita, pero a Kaya le cayó mal que la calificara como una mujer mayor. Osamu aguantaba las ganas de reír por el gesto que puso la escolta tras el comentario del amigo de la hija Sato.
Akira le indicaba el camino a Osamu mientras Mika grababa en su memoria el recorrido. Donde debían llegar era un parque con juegos para niños que quedaba a unas cuadras del Hospital de la Universidad de Tokio. A ese parque, Bastian y Yuriko llevaban frecuentemente a Akira, y luego a Hiroto, a jugar con otros niños mestizos. En ese espacio los hijos Müller pudieron divertirse con otros como ellos, sin que aparecieran preguntas incómodas sobre las costumbres de los progenitores extranjeros ni comentarios racistas que les pudieran herir. Ese lugar se convirtió en el favorito del joven Müller, y cada vez que en la escuela algún compañero se refirió a él de manera despectiva por cuestiones que no venían de Akira, sino de los celos, envidia y xenofobia que vivían en el corazón de su agresor, iba a ese parque para recordar que en j***n había muchos como él, algunos padeciendo maltratos verbales más rudos de los que le lanzaban, y hasta físicos, por lo que no debía dejar que quienes no lo querían simplemente porque no lucía como un típico japonés destruyan su confianza y su identidad japonesa, una que amaba y valoraba muchísimo.
Kaya y Osamu miraban desde la acera, junto al auto blindado, al par de jovencitos caminar hacia una de las bancas del parque. Escolta y chofer convinieron en darles su espacio y empezar a averiguar sobre la vida de ese muchacho para reportarlo al Director Sato. Mika seguía a Akira, quien trataba de no caminar tan rápido al sentirse nervioso por lo que iría a preguntarle a la amiga que apenas tenía horas de conocer, porque ni un día completo había pasado desde que se la topara en la cena de bienvenida a la que asistió. Al llegar a la banca donde Akira gustaba sentarse y reflexionar sobre aquellas situaciones en que alguien intentaba atacar su autoestima, pero sin causar mayor daño porque el carácter y personalidad del joven Müller no lo permitían, contó a Mika el por qué ese espacio era su favorito.
- ¿Eres mestizo? Pensé que eras hijo de extranjeros amantes de la cultura japonesa, de ahí el nombre que tienes –dijo Mika sin revelar que estaba sorprendida al conocer el origen de su amigo.
- ¿Te alejarías de mí porque soy mestizo? –preguntó Akira con la preocupación en el rostro. Sus ojos se habían tornado marrones y habían perdido el brillo que hasta hace un instante lucían.
- No he dicho eso. Que seas japonés, alemán o ambos es algo a lo que no le doy importancia. Hace un par de años atrás mi querido primo Ryusei se casó con su novia Ann, quien es estadounidense. Para nuestra familia no hay ningún inconveniente con que nos mezclemos con otras razas, ya que lo importante es el amor –se explicó Mika y Akira la miró con suspicacia.
- ¿Ryusei y Ann? ¿Ella es estadounidense? ¿Te refieres al actor Ryusei Miura y la periodista Ann Houston? –preguntó Akira mirando con duda a Mika.
- Así es. Ryusei es mi primo, hijo de mi tía Harumi, hermana mayor de mi padre –la calma de Mika contrastaba con la conmoción de Akira.
- No solo eres parte de una familia adinerada, sino que eres prima de uno de los mejores exponentes de las artes escénicas de nuestro país –Akira empezaba a entender que el poder de la familia de Mika llegaba hasta a las esferas del negocio del entretenimiento.
- Yo no lo veo así a Ryusei. Para mí, él es mi primo favorito. Hace poco nacieron sus mellizos, Inosuke y Aiko, hermosos bebés que son la mezcla perfecta de mi primo con Ann, su amada esposa. Si te rechazo por ser mestizo, sería una hipócrita porque amo a mis sobrinos, quienes para mí son perfectos –Akira empezaba a sonreír, a tener la mirada brillante y ámbar que a Mika le gustaba mucho.
- Gracias, Mika chan, por un momento pensé que iba a sufrir porque me ibas a rechazar antes de preguntarte lo que nos ha traído a este parque –Akira ya no tenía los nervios alterados por estar cerca de hacer la pregunta que para él significaba la vida o la muerte a sus diecisiete años.
- Akira kun, sé que son apenas horas que han pasado desde que nos conocimos, pero para mí eres un amigo muy especial, uno que estoy empezando a apreciar mucho. Por eso no podría rechazarte o alejarme de ti –que Mika le dijera eso, reforzó aún más la decisión que tomó desde que le pidiera encontrarse esa tarde de domingo.