- Hola, soy Akira –saludó el joven ni bien desapareció el otro muchacho. Que se presentara solo diciendo su nombre no era propio, pero al ver que era extranjero, Mika lo dejó pasar y se presentó tal y como lo hizo su salvador.
- Hola, soy Mika, mucho gusto –en ese momento Mika agradeció que no se le marcara el rubor en las mejillas, ya que el joven se daría cuenta del efecto que causó en ella el que llegara para rescatarla. En eso notó que la bonita sonrisa de su salvador fue desapareciendo, algo que empezó a preocuparle.
- ¿Sucede algo? ¿Te incomoda mi presencia? –las preguntas que hizo el joven le recordó que ella no podía sonreír, que quizás la frialdad en su rostro lo había confundido.
- No, me alegra que me hayas ayudado a deshacerme de ese tipo. Se notaba que no se acercó con un buen propósito –respondió Mika deseando por primera vez poder sonreír y demostrar lo interesada que estaba por conocerlo y ser su amiga.
- Ah. Es que, tu rostro. No me has ofrecido una sonrisa –al escuchar el comentario del joven, Mika sonrió interiormente porque en vez de simplemente alejarse de ella, él estaba buscando que ella se explique. La oportunidad que Akira le entregaba para comentarle sobre su condición, la joven Sato no la iba a dejar pasar.
- ¿Tienes tiempo para que te explique el por qué no puedo sonreírte? –preguntó Mika seria, pero en el fondo estaba muy nerviosa, esperando que él dijera que sí.
- Para ti tengo toda la noche –la respuesta de Akira alegró a Mika, pero no se notaría.
- Nací con una particular condición: no puedo mostrar de manera física mis emociones y sentimientos –empezó así Mika la explicación que le ofrecía a Akira.
- ¿Cómo es eso posible? –el joven estaba muy sorprendido al escuchar lo que su nueva amiga le estaba contando.
- Pues, los especialistas dicen que es un tipo de manifestación del espectro autista, dentro de lo que se conoce como Asperger. Soy capaz de sentir amor, tristeza, miedo, decepción, ira, pero no puedo expresarlos a través de mi mirada, tono de voz, movimientos gestuales y expresiones físicas, como llanto, sudor, temblor, palpitaciones, etc.
- ¡Vaya, eres una rareza! –soltó emocionado Akira, pero de inmediato el gesto del joven cambió por uno de preocupación-. Por favor, no tomes a mal lo que acabo de decir. Para mí tu condición te hace muy especial, alguien a quien no se es fácil de entender, pero que sea un reto comprenderte, saber lo que ocurre contigo, es algo que me emociona enfrentar –el interés de Akira sorprendió a Mika, ya que nadie había respondido de esa manera ante ella. Quizás sea porque nunca les explicó a sus compañeros lo de su condición, por lo que se preguntó qué era lo especial que tenía Akira para que con él sí quisiera explicarse. «Él me dio la suficiente confianza para contarle por qué soy así de apática. Es una persona tan transparente y auténtica que siento que puedo ser yo misma ante él, sin miedo a que vaya a dañar mis sentimientos», fue la rápida reflexión a la que llegó la hija Sato.
Cuando fue el momento de tomar asiento en las mesas para prestar atención a la presentación de los mejores ingresantes del año, Akira le pidió a Mika sentarse juntos, cosa que la joven no dudó en aceptar. Al ser cada mesa para diez comensales, otros jóvenes acompañaron a la pareja de nuevos amigos, quienes los saludaron con pequeñas reverencias y deseándoles buenas noches. Cuando llegó el momento de que cada nuevo ingresante se acercara al estrado donde estaba el Rector y el resto de autoridades de la Universidad de Tokio, pudieron ver que el acosador era el mejor ingreso del programa de Leyes y Ciencias Políticas.
- ¡Qué tal joya! Y se supone que este algún día será juez, Ministro de Justicia o hasta la cabeza del Poder Judicial –comentó Akira susurrando al oído de Mika. Sentir el cálido aliento del joven sobre la sensible piel de esa parte de su cuerpo, hizo que ella se sintiera alterada, pero no daría a notar lo que le ocurría.
- Creo que está más cerca a ser el abogado defensor o asesor de una banda criminal que un líder político –respondió Mika, comentario que hizo que Akira riera, cosa que llamó la atención de los otros jóvenes que los acompañaban en la mesa.
- Eres muy ocurrente y sabes bromear. Eso me gusta.
Cuando llegó el turno de Akira de ser llamado al estrado, Mika empezó a aplaudir con mucho ánimo. Que el joven que acababa de conocer le brindara un coqueto guiño, la hizo sonreír en su interior y que empezara a imaginarse un futuro con él. Quizás ella estaba ilusionándose muy rápido porque era el primer muchacho que ponía atención en ella, pero también Akira era guapo e inteligente, así que Mika tenía varios motivos por los que se dejaba impactar. Cuando su nuevo amigo llegó a su lado, ella seguía aplaudiéndole muy animada. Él entendió que era la manera que ella tenía de expresarle su alegría, por lo que Akira le ofreció una enorme sonrisa como respuesta.
Al ver que llamaban a todos los de la mesa, menos a Mika, la hija Sato notó que su amigo se preocupó por que se hubieran olvidado de ella, pero supuso que sería la última en ser llamada al haber obtenido el mejor promedio en el conteo general. Y así fue como ocurrió, por lo que la joven se levantó ni bien escuchó su nombre. Durante el tiempo que estuvo esperando que la llamaran al estrado, reflexionaba sobre cómo podría retribuirle a Akira el guiño que le dejó cuando fue el turno de este. Así fue que se le ocurrió que lo más lindo sería dejar un beso en una de las mejillas del joven, pero ella no era lo suficientemente osada para hacer algo así, por lo que decidió que besaría simbólicamente a su amigo tocando con uno de sus dedos una de sus mejillas. Cuando Mika tocó la mejilla de Akira, este entendió el significado de ese gesto, el cual lo dejó maravillado, con el corazón acelerado y muchas ganas de retenerla a su lado con un abrazo que le permitiera darle un beso, pero no lo hizo porque todos miraban a la joven, a aquella mujer que había demostrado ser la mejor de todos aquellos reunidos ahí.
Después de saludar al Rector y hacer lo mismo con el resto de autoridades, Mika dirigió su mirada hacia donde estaba Akira, quien la contemplaba fascinado, ya que el elegante andar de la joven lo había cautivado. Al regresar a la mesa, el silencio de Akira la sorprendió, ya que el joven la miraba de una manera que ella no sabía descifrar, pero que le gustaba, que hacía que su ego se fortaleciera al sentirse importante para él.
- ¿Te sucede algo, Müller kun? –Mika no se atrevió a llamarlo por su nombre porque recién tenían una hora y algo más de haberse conocido.
- Es que me preguntaba quién era la joven que me ganó el primer puesto del cómputo general por unas cuantas décimas, y resultaste ser tú, Sato chan –él respondería de la misma manera que hiciera ella, llamándola por su apellido, pero con cariño. El asombro en el rostro de Akira era indescifrable para Mika, por lo que se atrevió a preguntar lo que ella imaginaba que sucedía con su amigo.
- ¿Te molesta que una mujer te haya ganado ese primer lugar? –Mika hizo la pregunta con nerviosismo, pero Akira no lo notaría, aunque la manera de responder del joven le pareció a la hija Sato que sí había sido capaz de sentir la preocupación que la embargaba.
- No, para nada, solo tenía curiosidad de conocer a la joven que por poco es mejor que yo, y resultó ser aquella que llamó mi atención ni bien ingresé al salón –la sonrisa de Akira calmó los nervios de Mika y la hizo soñar nuevamente con la posibilidad de ver esa linda expresión cada día del resto de su vida-. Qué pequeño es el mundo y cuánto podemos tener en común, que nos hemos hecho amigos sin más –lo último le gustó a la hija Sato porque era una frase que podría encontrar en alguna de las novelas de fantasía que gustaba leer desde que era una niña.
- Por un momento pensé que te molestó algo de mí –dijo Mika con un rastro de tristeza, pero esta se iría de inmediato cuando notó que él se daría cuenta de ello al responder frenéticamente con el movimiento de cabeza y manos que lo que ella pensaba no era correcto.
- ¡Para nada, Sato chan! Tú eres maravillosa en todo sentido. Nunca podría molestarme contigo –nuevamente llegó esa mirada especial y maravillosa que Akira le entregaba, una que desde ese momento empezó a amar sin saber que era la expresión del amor por ella que empezaba a crecer en él tras sentirse cautivado por sus encantos.