Capítulo 2.4

1542 Words
Durante la cena Mika pudo relajarse y disfrutar el momento porque Akira facilitó las cosas para ella. El joven explicó sobre la particular condición con la que nació la hija Sato al resto de los comensales en la mesa, por lo que todos entendieron lo que ocurría con ella y pudieron ser comprensivos, algo que ayudó a Mika a mantener el diálogo con los demás. Cuando el servicio de la comida acabó y empezó a sonar la música, Akira la invitó a bailar, algo que ella no se esperaba. Él lucía tan guapo parado al lado de ella, con la mano extendida, señal de que esperaba que la tomara para ir a la pista de baile. «Como en un cuento de hadas. Por favor, que la magia no se acabe con la doceava campanada», pensó Mika antes de posar su mano sobre la que le ofrecía Akira. Ambos caminaron hacia la pista de baile y empezaron a moverse al compás de la música. A ella le sorprendió que sin conocerse ni haber practicado antes pudieran bailar de manera sincronizada, con elegancia y sin torpeza. La mano que Akira colocó en su cintura la sentía caliente, quemaba, pero de una manera agradable. Sentir el pecho agitado de su amigo la hacía ilusionarse al pensar que ese corazón latía desbocado por tenerla a ella tan cerca. Por un momento deseó que él se animara a darle un beso, pero descartó la posibilidad porque sería demasiado para un primer encuentro. En eso, la idea de que Akira era su alma gemela, aquel que nació para compartir la felicidad a su lado, no le pareció tonta ni lejos de la realidad. «Estas cosas pasan, como la historia de amor del primo Ryusei y la prima Ann, quienes por más diferencia de edad que haya entre ellos, al descubrir que eran el uno para el otro, no han dejado de luchar y defender su relación», pensaba Mika, comparando lo que empezaba a sentir con la relación que tenía su primo, el actor, con una reconocida periodista. Al llegar el momento de despedirse porque la reunión estaba finalizando, Akira la acompañó hacia el exterior del restaurante. En el momento que ella llamó a Kaya para que el chofer se acercara a recogerla, Akira recibió la llamada de su padre indicándole la ruta que tomó para ir por él. Desde el punto donde se encontraba, la escolta pudo ver a Mika al lado de ese demasiado alto, fornido y guapo joven. Kaya se preguntaba si era alguien que conoció la hija Sato durante la cena, pero al parecerle que superaba la edad de un ingresante a la universidad empezó a acercarse, pero desistió de ello cuando reconoció a las autoridades universitarias acercándose a ellos para despedirse. «Si no fuera un ingresante, los catedráticos lo hubieran delatado. Sí que hay chicos que crecen demasiado rápido», concluyó Kaya, y decidió alejarse del lugar para darle su espacio a Mika, ya que, si pudo hacer un amigo durante la reunión a la que fue invitada, no sería ella la que malogre ese último instante de esos dos juntos. - Gracias por esta noche, Müller kun –dijo Mika cuando vio a Kaya subir al auto blindado, señal de que era el momento para despedirse. - ¿Con quién te irás a casa, Sato chan? –preguntó Akira mirado con curiosidad el auto blindado que aparcó enfrente de ellos. - Ha venido por mí el chofer y mi escolta –el joven mostró sorpresa, pero más sorprendida terminó Mika al escuchar de él el porqué de su asombro. - Pensé que tus padres te acompañaban –el comentario de Akira dio a entender que a él no lo sorprendía el dinero que tenía la familia de Mika, preguntándose la joven si él también provenía de alguna familia adinerada. - No, ellos están en Nagoya. Por temas de trabajo no han podido acompañarme, pero tampoco es que lo harán en el futuro, ya que yo viviré sola en Tokio mientras asista a la universidad. - Entonces, no podré conocer a tus padres esta noche –lo dicho por Akira sorprendió gratamente a la joven, ya que las intenciones de conocer a sus padres era una buena señal porque normalmente lo último que desea un varón que esté cortejando a una muchacha es entablar algún tipo de relación con los padres de esta, por el temor a ser duramente criticado y rechazado por ellos. - ¿Acaso quieres conocerlos? –Mika preguntaría directamente a Akira para estar segura de lo que este quería. - Sí. Quiero conocer todo de ti, Sato chan –la sinceridad de Akira hizo que Mika sintiera cálida la zona donde estaba su corazón. - Si nuestra amistad crece, te los presentaré uno de estos días –dijo ella rogando a lo más sagrado en el universo porque así sea. - Por favor, dame tu número de celular. Así nos mantendremos en contacto y, aunque no vayamos a la misma facultad, podremos ser amigos –ante el pedido de Akira, Mika le dictó su número y este hizo una llamada al móvil de la joven Sato, la cual cortó tras escuchar el sonido del timbre del celular de Mika-. Ahora también tienes mi número, para que me escribas cuando quieras –ella iba a agradecerle, pero quedó muda tras sentir los húmedos labios de Akira sobre su mejilla, dejando un beso, el primero que un muchacho le daba, el cual atesoraría para siempre. Al escuchar a Kaya llamándola, Mika subió al auto blindado. Mientras lo hacía, miraba a Akira diciéndole «adiós» al agitar una de sus manos. Ella no despegó la mirada del punto en donde su amigo permanecía esperando a que su padre lo recogiera, y pudo notar que él tampoco dejaba de mirar el vehículo donde ella acababa de subir. Tras avanzar por la avenida y doblar en una esquina, la imagen de Akira se perdió, regresando Mika a sentarse correctamente en el asiento posterior del auto blindado. Kaya y el chofer miraban a Mika por el espejo retrovisor, luego, al toparse las miradas de estos dos, sonrieron al imaginarse que la introvertida y solitaria hija Sato había conocido a alguien especial durante la velada de esa noche. Tras dar las buenas noches al chofer y a la escolta, la joven Sato se dirigió a su habitación. Luego de darse un relajante baño con agua tibia y deshacerse del maquillaje que Kaya le ayudó a poner en su rostro, Mika vistió el pijama y se dispuso a dormir, pero la imagen de Akira llegaba a ella, y las ganas de no conciliar el sueño para no perder la oportunidad de seguir recreando la figura de su amigo empezaron a ser más fuertes que el cansancio que sentía. Minutos después escuchó el timbre de su móvil, y al ver que era Akira llamándola no dudó en contestar. - ¿Aló? –dijo Mika con algo de vergüenza, por la hora en que se hacía esa llamada y ella contestaba. - Hola, Mika chan, soy Akira –que él la llamara por su nombre la emocionó muchísimo porque significaba que ella podría hacer lo mismo. - Hola, Akira kun –aunque la voz de ella era gélida, el joven Müller supo que ella estaba alegre por recibir su llamada. - Disculpa que te llame a esta hora, cuando ya estás descansando, pero no podía dormir sin antes escuchar tu voz y desearte buenas noches –las palabras de Akira hacían que Mika estuviera muy emocionada, por lo que la joven apretaba la sábana de su cama con la mano que le quedaba libre. - No te preocupes, yo tampoco podía dormir –dijo Mika y ambos quedaron en silencio. Él esperaba escuchar el motivo que la mantenía despierta y ella dudaba si hacía bien en comentarlo. Al final, se atrevió a confesar el motivo que la mantenía desvelada-. Tu recuerdo llega a mi mente y no quiero dejarlo ir, por eso no duermo. –Akira dejó su cama tan rápido como si un resorte lo hubiera expulsado de ella, y empezó a saltar de alegría porque con esa respuesta estaba completamente seguro de que ella sentía lo mismo que él. Obligándose a tranquilizarse para dar fin a la conversación, Akira se sentó en el borde de su cama. - Entiendo, pero no podemos pasarnos la vida sin dormir. Te propongo algo, deseémonos buenas noches y cortemos la llamada. Mañana volveré a llamarte a eso de las 9 am, así que debes dormir ahora para que descanses y despiertes para recibir mi llamada, ¿estás de acuerdo? –Akira sonreía mientras le proponía a Mika ese primer acuerdo entre ellos. - Sí, lo estoy. Entonces, buenas noches, Akira kun –soltó Mika más que ilusionada, ella ya estaba enamorada, igual que el joven Müller. - Buenas noches, Mika chan –dijo Akira, y ambos cortaron la llamada. En la oscuridad de sus habitaciones, cada uno cerró los ojos pensando aún en el otro, pero la promesa de volverse a escuchar hizo que se dejaran vencer por el sueño. Sin embargo, en ese mundo gobernado por el subconsciente, ambos soñaban con el otro mientras esperaban que llegara el momento de volverse a comunicar.
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