Capítulo 3.1

1976 Words
Después de conversar con su padre y obtener el apoyo de este para seguir frecuentando a Mika con el propósito de conocerla mejor y determinar si es la mujer con quien decidirá compartir la vida, Akira se retiró a su alcoba. Tras asearse y colocarse el pijama el joven Müller no podía dormir. El éxtasis que sintió cuando pegó su cuerpo al de la hija Sato en la pista de baile aún no se esfumaba, evitando que llegue el sueño al perderse en el recuerdo de los momentos que vivió con ella durante la cena de bienvenida para los mejores ingresos de la Universidad de Tokio. «Sé que toda la noche mantuvo el mismo semblante y que su voz no varió para nada, pero hay algo en ella que me atrae muchísimo. Además, la plática con Mika se hizo amena y fluida, ya que es muy inteligente, y con ella tengo muchos temas de conversación. Ella hace que me sienta cómodo, en paz, una sensación que solo percibo cuando estoy en casa con papá, mamá y Hiroto. Esa debe ser la señal de que Mika será mi hogar en el futuro», reflexionaba Akira mientras miraba el blanco techo de su habitación al no poder conciliar el sueño. Al mirar hacia su mesa de noche y encontrarse con su equipo móvil, la idea de llamar a la bella hija Sato se instaló en su cabeza. Akira dudaba, ya que sabía que no era correcto hacer llamadas casuales pasada la medianoche, pero algo en su interior, una corazonada, le dijo que comprobara con esa llamada si Mika se encontraba igual que él: sin poder dormir al seguir pensando en la noche que vivieron. Se dio ánimo a sí mismo y marcó el número de la joven, el cual ya se había memorizado. Al segundo timbre ella contestó, y él sonrió feliz de que así sea. La breve conversación ayudó a confirmar que Mika no dormía al pensar en él, por lo que quedó con ganas de seguir compartiendo el tiempo a su lado. Como no quería que al amanecer ella se sintiera enferma por la falta de descanso, Akira propuso un acuerdo que la joven aceptó, por lo que pudieron dormir al saber que el descanso era necesario para entablar nuevamente la plática a las 9 am. Akira abrió los ojos de golpe cuando despertó, recordando que esa mañana hablaría nuevamente con Mika. Al mirar la hora en su celular supo que despertó con suficiente tiempo para darse una ducha y cambiar sus ropas. Revisaba sus r************* mientras los minutos avanzaban. A la 9 am en punto marcó nuevamente el número de su amada amiga, y al segundo timbre, ella respondió. Al igual que Akira, Mika pudo dormir después de escuchar la voz del guapo joven que acababa de conocer, diciéndole «buenas noches», y también se levantó mucho antes de la hora pactada para volverse a comunicar con él. La hija Sato esperaba sentada en el sillón de lectura de su habitación con el celular entre sus manos, mirando fijamente la pantalla a la espera de que el nombre de Akira apareciera en ella, señal de que había cumplido su palabra de llamarla a las 9 am. Tras escuchar que el gran reloj que decora la sala del dúplex donde vive en Tokio marcaba la hora pactada entre ellos, el corazón de Mika empezó a latir más rápido. En eso, el tono de llamada de su celular sonó y el nombre de Akira en la pantalla apareció. Sin pensarlo dos veces, contestó. - Buenos días, Akira kun –saludó Mika al amigo que empezaba a conocer y a gustarle. - Buenos días, Mika chan –la voz de Akira revelaba el cariño que sentía por ella, por lo que la hija Sato agradeció el haber conocido a alguien como el joven Müller-. ¿Cómo has dormido? Espero que hayas podido descansar. - Sí, dormí profundamente tras escuchar tu deseo de buenas noches. Creo que necesitaba de ello para conciliar el sueño –ella no expresaba lo que sentía con su tono de voz, pero las palabras que le decía le hacían saber a Akira que ella estaba experimentando lo mismo que él. - Mika chan, quiero verte –Akira no podía esperar hasta el lunes para encontrarse con ella-. Quisiera entregarte en persona el horario de clases que seguiré este periodo, para que sepas dónde ubicarme, ya que también indica las aulas donde estaré –él pudo enviarle el archivo por un mensaje, pero tomó ese hecho como excusa para citarse con la joven más tarde. - Si gustas puedes venir a visitarme a donde vivo –ofreció Mika al recordar que él estaba muy interesado en conocer todo sobre ella. - Me encantaría, pero quiero pasar un tiempo a tu lado caminando por la ciudad. Te invito a comer o beber algo en mi cafetería favorita, así conoces tú también algo de mí. - Yo feliz de ir contigo a dónde sea –esta frase hizo que el corazón de Akira se acelere de tal manera que daba la sensación de que explotaría de felicidad-. He visitado regularmente la capital desde niña, pero aún me falta mucho por conocer de ella. Akira kun, ¿podrías mostrarme Tokio? –el pedido que le hiciera la jovencita fascinó al joven Müller. - ¡Por supuesto, Mika chan! Pero Tokio es una ciudad grande, con mucho que ver, así que no podré mostrarte todo en una sola tarde. Tendremos que programar más encuentros para que recorramos la ciudad juntos –a Akira le pareció la excusa perfecta para tener más “citas” con Mika-. ¿Te parece si nos vemos a las 4 pm? - Sí, esa hora me queda bien. Por mensaje te envió mi dirección y ubicación –comentó Mika mientras daba giros y jugaba con la falda del vestido que lucía esa mañana. A veces, cuando se sentía muy feliz, la jovencita expresaba inconscientemente su alegría de esa manera, pero siempre lo hacía cuando se encontraba sola. - Entonces, tendremos nuestra primera cita esta tarde –el comentario que agregó Akira hizo que Mika dejara de girar y buscara sentarse por lo emocionada que estaba. El joven Müller sonreía al sentir una alegría enorme porque ella también quería verlo. - Sí, Akira kun. Gracias –Mika quiso expresar con esa palabra lo agradecía que estaba por haberle permitido experimentar que podía ser aceptada por los demás, ayudándola a disfrutar de la cena de bienvenida y porque tendría su primera cita… ¿de amigos? A la hija Sato le gustaba Akira, que sea su amigo no estaba mal, pero si él quisiera ser más que amigos, ella no dudaría en decirle que sí. - Gracias a ti, Mika chan. Te veo más tarde. Akira saltaba de felicidad por toda su habitación. No lo hacía sobre la cama porque sabía que con su peso podría romperla, y su padre lo retaría, arriesgando su asistencia a la cita con Mika si Bastian decidía castigarlo. Así que el joven Müller respiró hondo unas cuantas veces, exhalando la energía de más que tenía contenida al saber que Mika aceptó verlo esa tarde, y salió de su habitación. Al pasar por la alcoba de sus padres encontró la puerta entreabierta y pudo ver a su madre despierta, pero aún sobre la cama, apoyando la espalda en el respaldar. Akira dio un par de golpes para preguntar si podía ingresar, cosa que permitió Yuriko. La enorme sonrisa que la madre le ofrecía al hijo hizo que este corriera hacia donde estaba ella y se acurrucara entre sus brazos. Hace mucho que él dejó de ser un pequeño niño que era acunado por los brazos de mamá, de ahí que debió acomodar su cuerpo sobre la cama de tal manera que su peso no dañara a la madre. Yuriko acariciaba los cabellos de su hijo, que estaban algo largos y desordenados para su gusto, pero no decía nada para ir a cortarlos porque desde pequeño Akira no gustaba que se quisieran deshacer de su cabello. - Ya sé lo que estás pensando, que debo ir para que me corten el cabello –comentó Akira abrazado a la cintura de su madre, con la cabeza sobre el pecho de está. - Es que algunos cabellos cubren tu linda cara, y eso no dejará que la gente vea lo guapo que eres. - Lo amarraré, como cuando fui a la cena de ayer –dijo Akira y una sonrisa se marcó en su rostro al recordar a Mika. - Esa sonrisa me dice que la pasaste muy bien. ¿Algo que contar? –Akira quería contarle la experiencia que tuvo, pero con su padre habían acordado que con Yuriko no compartiría mayores datos de la muchacha que robó su corazón para que no la relacione con Kenji Sato, al menos hasta que ellos tuvieran bien en claro que no había problema alguno para que entre él y Mika pudiera darse más que una amistad. - Que conocí gente muy interesante, que disfruté la reunión y pude saludar al Dr. Yamaguchi. Por cierto, te envía muchos saludos y pregunta cuándo irás a visitarlo a su oficina en la facultad –Akira buscaba despistar a su madre y cambiar de tema. - Ahora que irás a la universidad me voy a dar un tiempo para visitar a mi maestro, de paso que puedo recogerte alguna mañana o tarde e ir a comer algo solos tú y yo –dijo Yuriko sonriéndole a su hijo. Ella amaba tener salidas individuales con cada uno de los hombres de su vida: su esposo y sus dos hijos, así podía afianzar mucho más el lazo que la unía a cada uno de ellos. - Te tomo la palabra, madre –respondió el hijo mayor. Al pensar que con su madre también tenía citas, recordó la que esa tarde tenía pactada con Mika, y sonrió de tal manera que Yuriko sospechó que algo más había ocurrido durante esa cena de bienvenida. - En verdad, ¿nada destacable que contar? –indagaba Yuriko pidiéndole a su hijo que la mire. Akira se incorporó y sentó enfrente de ella, sobre la cama. - La verdad es que conocí a una chica, pero aún no sucede nada, solo me gusta y no sé mucho de ella. - Bueno, tendrás que invitarla a salir a tomar algo para que la conozcas mejor y asegurarte si es ella con quien quieres iniciar una relación –que su madre tocara el tema de salir a tomar algo le ayudó a mencionar lo de su cita de esa tarde. - Ma, he invitado a esa chica a pasear e ir a la cafetería que tanto nos gusta. He quedado con ella a las 4 pm. Sé que no debí programar la cita si antes no he hablado contigo y papá, pero ella me gusta mucho, y quiero quedar con ella para vernos durante la semana –Los Müller-Inoue solían pasar los domingos en familia, salvo que la escuela o el hospital organice algo importante que obligue a los hijos estudiantes o a los padres médicos a asistir, dejando al resto de la familia en casa, pero ese no era el caso. Sin embargo, Yuriko encontraría en la mirada de Akira el mismo brillo que veía en la de Bastian cuando la miraba, por lo que dedujo que su hijo se estaba enamorando de esa jovencita. - No te preocupes, hablaré con tu padre para que vayas a tu cita. Porque es una cita, ¿no? –Yuriko miraba con complicidad a su hijo mayor, y Akira solo supo entregarle a su madre una enorme sonrisa y un fuerte abrazo. - Gracias, mamá, eres la mejor. - Lo sé, pero no le digas a tu padre, sino se pone celoso.
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