—Esta bien. Si no puedo hoy iré mañana—Le hizo saber Emmy—Gina Taylor cerrara su jodida boca de una vez, es odiosa, cada vez que la miro me da dolor de estómago, no comprendo como Scott la soporta, siempre ha hablado sobre tus razones para volver, piensa que aun te avergüenza haberte quedado sin Scott.
Lask bufó.
>Pensó la chica, si a ella la había engañado nada impedía que le hiciera lo mismo a ella, era la ley del karma, un engaño por un engaño, no entendía como se habían casado, de haber sido ella se hubiera negado si ya conocía los antecedentes, viviría con un matrimonio en el que reinaba la desconfianza siempre.
—Que se quede con su amado Scott, Emmy, terminare de una vez por todas con esto, no tengo un odio hacia ella, su actitud me enojo porque es obvio que a cualquier mujer le hubiera molestado pero no tanto como ella piensa, es incómodo para mí, así que de alguna manera tiene algo de razón con respeto a mi ausencia todos estos años—Acelero de nuevo, antes de darse cuenta observo un letrero con una flecha que indicaba la dirección que debía tomar para el aeropuerto—Al final uno debe enfrentarse al pasado para poder dar vuelta a la hoja.
—Nos divertiremos Lask—Dijo ella con emoción—Estarás tan feliz que olvidaras que estas respirando el aire de esos dos.
—Eso espero—Cuando la imponente imagen del aeropuerto apareció en su campo de visión comenzó a sentir que la tranquilidad en la que había trabajo desde que salió de casa se había mermado y comenzó a sentir en su estomago las primeras señas de nerviosismo, ese cosquilleo que te consume poco a poco.
¿Qué debía decirle cuando lo viera? ¿Eres Reece? Ni siquiera se había tomado la molestia de conseguir un cartel o algo, si ponía Reece iba a ser muy loco, que clase de chica no conoce a su novio, era un novio falso claro estaba, pero de cualquier manera era muy raro, Estados Unidos ¿tal vez? Eso era más aceptable, el comprendería de inmediato, pensó en que iba a conseguir una hoja y a comprar un plumón para llevar a cabo su cometido.
—Lo siento Emmy, tengo que dejarte, nos vemos mañana.
—Háblame en cuanto llegues, estaré mas tranquila—Solicitó su mejor amiga y ella le respondió con un ligero sí, se estaciono en un lugar cómodo para ella y observo la hora que se dibujaba en el tablero del auto, faltaban quince minutos para las diez. Se quedo unos minutos en su auto procesando lo que estaba por hacer, conocería a un desconocido y además debían fingir una relación, eso era demasiado loco para alguien tan prudente como ella, nunca había sido cobarde, además, tampoco les tenía miedo o pánico a las nuevas personas así que se armo de valor, salió el auto y le coloco seguro para después encaminarse dentro.
—Vuelo numero 8963 con destino a los Ángeles California, pasajeros abordar por el pasillo número 6—Solicitaba una mujer con ese lindo tono de voz que utilizaban las operadoras telefónicas, era cerca de la hora acordada, le había dado también la puerta por donde saldría así que después de comprar una hoja blanca y un lapicero con de recuerdo de un puesto de Suvenir casi corrió al lugar a acordado.
No había recibido ni un solo mensaje. Nada. Absolutamente nada. Aquello la preocupo y la hizo cuestionarse si debía llamarlo, sus nervios comenzaron a aumentar al mirar la hora, eran cerca de las diez con diez. ¿Y si al final no llegaba? ¿Qué explicación daría a sus padres? Poco a poco las personas que sostenían carteles a su lado comenzaron a marcharse acompañados de las personas que esperaban y ella sintió una ansiedad que la paralizo.
—¿Esperas a tu novio? —Preguntó una chica ocupando su atención, sostenía un cartel con un dibujo de unas pequeñas alas de aviador, similar al que se colocaban los pilotos cerca del pecho, asintió con la cabeza.
—Yo espero al mío—Intentó conversar—Siempre me tardo mas que la gente común, el siempre baja al final—Miraba su reloj de manera constante.
—¿Por qué pasa eso? Compra de los últimos asientos—La chica rubia sonrió, portaba unos shorts de mezclillas cortos, un top y el zapato nacional de Australia, unas sandalias color rosas, sus uñas estaban pintadas de un lindo tono rosa, muy alejado de los tacones que Alaska portaba.
—No, ¿Has escuchado el dicho que dice, el capital es el último en abandonar el barco? —Alaska centro su atención ella, si que lo había escuchado, pero…entonces al mirar su dibujo sobre la hoja que había decorado con lindos corazones comprendió a que se refería, pero al chico—Es copiloto, hoy llega desde Estados Unidos.
—Que coincidencia—Soltó Lask sintiendo como aquella platica la apartaba un poco de su cada vez más creciente preocupación—Mi pareja también viene de Estados Unidos, me parece que el trabajo de tu novio es de los más interesantes.
—Ya lo creo—Estaba por responder más, pero la puerta corrediza se abrió dejado ver a dos hombres, ambos con los trajes hechos a medida y entonces la chica corrió en dirección a uno de ellos, el hombre dejo su maleta y la cogió en brazos abrazándola con emoción, debían haber estado apartados muchos meses o estar muy enamorados, tal vez ambas. Alaska observo la escena con una sonrisa y entonces centro su vista en el segundo hombre, no tuvo reparos en analizarlo por completo. Cabello castaño oscuro, ojos verdes brillante y una ligera barba bien prolija esparcida por toda su marcada barbilla, tenia una nariz perfilada y acorde a su bello rostro que le hacían ver sumamente atractivo. Aquel traje de piloto que portaba era lo que más llamaba la atención pues complementaba su imponente figura, en su mano derecha sostenía su maleta y aquel sombrerillo de aviador.
—¿Lask? —Los ojos se Alaska se abrieron cuando el extraño al que observaba tan anonadadamente le dirigía la palabra, esa voz ya la había escuchado. Ahora muchas cosas tenían sentido, era piloto era por ello que su sector era el Aeronáutico—¿Alaska Simmons?
—Reece—Sus palabras fueron más una afirmación, el castaño sonrió mostrándole una atractiva sonrisa.
—Lamento la tardanza, hubo contratiempos, fue por ello que te mande el mensaje, no quería que me esperaras tanto tiempo—Se disculpo y al mirar la hoja en sus manos la miro con burla—¿Estados Unidos?
—¿Por qué habría de poner tu nombre? Eso sonaría demasiado extraño—Intentó explicarle—Se supone que nosotros somos pareja—Sus mejillas se colorearon levemente y Reece acepto que su comentario tenía sentido, como si se conocieran de toda la vida el chico ojos verdes coloco su sobrerillo sobre la cabeza de ella de manera juguetona rompiendo cualquier tensión.
—Vamos Lask, que mi parte del juego acaba de comenzar, durante tres meses seré la pareja perfecta para ti.
¿Qué podía salir mal? Muchas cosas y Lask pronto comenzaría a descubrirlo.