II| REECE HUGHES

1083 Words
—¿Tienes listo todo? —Preguntó su madre a través del altavoz, lo había colocado sobre la mesa mientras colocaba las cajas de mudanza sobre la puerta, eran las ultima pues después del trabajo había quedado con el servicio de mudanza y ahora se llevaban las ultimas cajas. —Si, mamá—Dijo tomando aire por lo pesadas que eran, había llevado una que contenía vasijas de cerámica y platos de porcelana—Acabo de terminar con la última, subirán por ella y llegara mañana por la tarde a Byron, no olvides verificar que vayan en buen estado. —Claro no debes preocuparte por ello. ¿Qué horas estarás en Byron? ¿Debe tu padre ir a buscarte? ¿Vendrás en tren? —No mamá, iré en auto. —¡Por todos los dioses Alaska, es un viaje de ocho horas! Sera imposible que manejes los seiscientos kilómetros sola, será mejor que… —No iré sola mamá, le diré a Reece que maneje un tramo—Era la primera vez que mencionaba su nombre a su madre y en cuanto lo hizo se quedó sorprendida, su hija siempre le daba largas o evitaba hablar del susodicho, Lask siempre había sido desapegada para hablar con ella de romance, lo evitaba a toda costa igual o mas que un gato al baño, pero ahora parecía que al fin conocería al susodicho y además ya tenia un nombre, Reece, un nombre lindo, esperaba que el chico también lo fuera. —¿Ya te confirmo que asistirá? ¿No tiene trabajo? —Preguntó Amanda intentando sacar información sobre lo que se encontraría, su modo de vida hablaba mucho de un hombre y así podría hacer uso de sus habilidades culinarias para para atarlo a su hija, nada mejor que un buen plato de comida para asegurar a un hombre, o eso era lo que pensaba. —No mamá, ya esta todo confirmado, llegaremos Byron como a las cinco de la tarde. Apagó el altavoz después de mirar el reloj, era tarde necesitaba dormir así que al no haber más temas que tratar termino la llamada con su madre, justo cuando estaba por cerrar el móvil observo que tenía un mensaje de texto en su buzón, el nombre del susodicho apareció en la pantalla, por motivos de trabajo llegaría posiblemente con una hora de retraso. ¿De trabajo? ¿Qué significaba eso? Se sorprendió un poco al leer aquella misiva pues se supone que eran varias horas de vuelo desde USA por lo que una hora no haría mucha diferencia, evito ponerle demasiada importancia y con un simple “Ok” dejo ir su respuesta. Aquella noche durmió cómodamente, tendría un día duro a la mañana siguiente, preparar maletas temprano y después ir a despedirse al trabajo. Abandonar Sídney no era demasiado difícil emocionalmente para ella pues de alguna manera extrañaba bastante a su familia y amigos, habían pasado muchos años desde que abandono Byron, quería saber si había aun esa paradisiaca tienda de gomitas dulces fuera de la preparatoria o si el café donde solía reunirse con Emmy aun preparaba es rico Cappuccino que te dejaba un bigote blanco. Byron no había cambiado nada, pero Lask sí que lo había hecho, tanto tiempo el Sídney la había convertido en una persona más segura de sí misma. Byron Bay era lo opuesto a Sídney no tenia los enormes edificios de la capital de Australia, tampoco ese ambiente abrumador con sonidos por todos lados, autos circulando siempre en las calles y el mar de gente en la hora pico cruzando las calles a la hora de la merienda, Byron era un sitio tranquilo con hermosas playas y una zona idónea para alguien que amaba la pesca como su padre, Rick Simmons un amante empedernido de la caña de pescar y una buena nevera de cervezas frías, era un lugar atractivo para vivir y era el lugar donde Alaska había creado todos sus recuerdos.   Dos días más tarde, justo cuando el reloj marco las nueve de la mañana, se encontraba subiendo sus maletas a la cajuela de su auto, un lindo BMW, un sedan que había comprado con máximo esfuerzo pero que amaba mas que nadie, era un lindo auto y mas lindo aun sabiendo que había trabajado tanto para ello. Dio una ultima vista a su antiguo departamento, lo extrañaría, había sido su hogar durante tantos años, pero ahora era momento de cambiar de pagina y enfrentarse al pasado. Se colocó un lindo vestido rojo ceñido al cuerpo, se sentía cómoda con el puesto así que será un buen compañero de viaje. Sujeto su melena en una coleta alta y después de sacar las llaves de su bolso lo lanzo a la parte trasera del auto y se montó sobre él, entrego su tarjeta de parking al hombre encargado de ello y se despidió. —Ha sido un placer conocerte Joe, espero poder regresar aquí, espero que aun no lo hayan rentado—Le regaló una sonrisa al hombre quien le respondió con un sinfín de buenos deseos además claro, de agregar que tuviera un viaje seguro y que manejara con cuidado, Lask le agradeció y pisando el acelerador salió del estacionamiento subterráneo, mirando a ambos lados antes de girar el volante a la derecha rumbo a la autopista que la llevaría al aeropuerto. Una llamada entro y el auto emitió un sonido.   Oprimió un botón en su auto y la llamada se conecto para poder hacer más seguro el viaje, era Emmy quien la había llamado, posiblemente para asegurarse que ya fuera camino a Byron. —Lask ¿Estas en camino? —Preguntó con emoción. —Si acabo de salir, aunque tengo que pasar a hacer unas diligencias primero—Informó pisando el freno pues un semáforo al frente se había colocado en rojo, Emmy chilló de emoción, hacia muchos años que no miraba a su mejor amiga de la infancia y si le daba la hora en la que llegaría no dudaría en irla a ver, buscaría con quien dejar a su hija de tres años e iría a su encuentro. En cuanto le dijo sus planes Alaska le insistió que no se preocupara, podían verse al día siguiente sin que ella tuviera que dejar con alguna niñera a la pequeña Abigail pues su padre no podría cuidarla porque le tocaba salir tarde del trabajo, Thomas Watts, su marido, era oficial de policía del condado de Byron, un hombre siempre preocupado por hacer respetarse la ley.
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