Reece se movió llevando las manos a su rostro, estaba ligeramente exasperado. No sabía porque se sentía de esa forma. Alaska lo sintió, sintió como giraba su cuerpo en su dirección, él la estaba mirando, podía sentir la cálida mirada sobre ella. —¿Estás dormida? —su pregunta quedó en el aire, —¿Alaska? Si le respondía no tenía idea ni que iba a decirle. Sin embargo, tenía unas inmensas ganas de hablar con ella. Sentía una extraña opresión en el pecho, Alaska lo escuchó, pero no tuvo el valor para responderle. No sabía que iba a decirle, solo quería mantenerse así, en esas sábanas oliendo su aroma. Reece suspiró escuchando como a lo lejos los rayos impactaron con fuerza iluminando la habitación de vez en cuando. —Creo que aun estoy dañado—musitó él en voz baja, pensando en que ella no lo

