William no tenía un buen día en la oficina. Un cliente importante había amenazado con llevarse su portfolio de inversiones a una financiera de la competencia y eso sumado a unas pérdidas que tuvieron ese mismo día lo tenían con un pésimo humor. Era mitad de semana. Ese sábado luego de despertarlo de esa manera habían ido a comer un brunch en un bar cercano a la casa de él, y ella se dió cuenta que fuera de la oficina, con un jean y una camiseta, podía ser un hombre agradable y divertido. Relajado y completamente amable. Luego volvieron a la casa, y se estuvieron divirtiendo lo que quedó del día. Él probó, con cierta renuencia de ella al principio, algunos látigos en su culo y también un par de varas. La convenció pese a su negativa inicial. También le había dejado puesto un vibrador a

