Luego de los eventos de esa noche, William decidió llevar a Simi a su casa, solo por si acaso. —¿Te parece si vienes a mí casa? Solo por las dudas, temo que te desmayes sola en tu casa... quizá te caes, te golpeas... —Si, está bien — dijo Simi quién no podía creer su suerte. Al final, esa famosa petite mort no había sido tan mala. Ok, se había desmayado pero luego del orgasmo más glorioso de su vida y ahora su jefe, quién ni siquiera quería firmar un contrato D/s (lo cuál ella en parte agradecía porque tampoco le interesaba demasiado ese tipo de relación), le estaba ofreciendo llevarla a su propia casa para cuidarla. —En general no vienen mujeres a dormir a mi casa — la realidad era que ninguna mujer había dormido en la cama de William junto a él —Pero tengo cepillos de dientes nuevos,

