⚠️ PRECAUCIÓN: ZONA DE ALTO VOLTAJE ⚠️
La autora no se hace responsable de:
1. Lectores que descuiden sus responsabilidades por no poder soltar el libro.
2. Aumento repentino de la temperatura corporal.
3. La aparición de fantasías peligrosas con gente muy rica, pero moralmente cuestionable.
Este libro contiene lenguaje fuerte, situaciones de riesgo y escenas sexuales explícitas. Contenido NO apto para menores. Se recomienda tener a mano un ventilador y una bebida fría. El fuego de la dinastía Koch es muy contagioso.
[...]
—No tienes opción, Analena. Esto es lo mejor para ti.
La voz de su padre sonaba débil, apagada, y por primera vez en su vida, ella lo vio por lo que realmente era: un hombre desesperado, acorralado, un peón más en un tablero donde las piezas importantes eran otros.
Edmund Koch, el anciano dueño de una de las empresas petroleras más grandes del mundo, se encontraba sentado en su imponente sillón de cuero. A pesar de su edad, su presencia aún emanaba respeto y poder. Pero no era un hombre cruel. No era un monstruo como su padre.
—No voy a tocarte, niña —dijo Edmund con un tono sereno, observándola con sus ojos grises y cansados—. Esto no es lo que crees. No quiero una esposa. Quiero un escudo.
Analena arqueó una ceja, mostrando su primera señal de interés.
—Mis hijos —continuó Edmund— están destrozándose entre ellos por el poder. Santino, Abraham, Gabriel… tres hombres con la misma sangre, pero con corazones ambiciosos. Si me caso contigo, les estoy enviando un mensaje: el poder aún es mío. Y tú… serás mi pieza clave para mantenerlos a raya.
El plan estaba claro. Un matrimonio de fachada. Un juego de ajedrez en el que ella sería la reina que impediría el jaque mate antes de tiempo. Edmund no quería un amor tardío, ni compañía. Quería calma antes de la tormenta.
Analena sonrió. No era la propuesta que esperaba, pero tampoco le desagradaba. Después de todo, ella también tenía su propio tablero. Su padre le estaba asegurando un futuro brillante al lado de uno de los hombres más ricos del mundo. Ella, sabía que tarde o temprano terminaría casada a la fuerza con algún hombre que tuviera un buen fajo de billetes, así que Edmund no era una mala opción para ella. Sería simplemente un papeleo y ella estaría dentro del testamento de los Koch… algo muy tentador.
—Acepto —dijo sin titubear.