17. DE REGRESO A LA CORTE

1305 Words
POV. DE CARL. El silencio entre nosotros dos es... aterrador. Allieth paso de ser, amable, bondadosa, cálida y tierna a esta Allieth indiferente, odiosa y rebelde. No puedo negar que ella ya no lo fuera, pero cada uno de sus actos rebeldes y contradictorios para la corte parecía tener una verdadera justificación, más que el mismo acto vanidoso que acababa de tener y que nos dejaba en jaque a más de uno aquí. Incluyéndola a ella. Ahora, ciertamente no se quien es y no se que somos, ni para donde vamos, es como si hubiera olvidado todo lo que vivimos, como si nuestro hijo se hubiese ido con la verdadera Allieth, con esa mujer de la que me enamore tan profundamente. Y lo que más detesto es que cada vez que la miro a los ojos, es... otra persona, sin mencionar que ahora sus ojos son violetas y me recuerdan... Bueno lo que me recuerda ya no importa, eso ya esta muy lejos de ser una realidad. Por ahora, todo lo que puedo hacer es tratar de mantener a Allieth protegida de la corte y de las consecuencias de sus actos. —¿De qué se trata todo esto? —pregunto mientras la ayudaba a subirse al caballo. —Ahora no —le dije con total firmeza y con ninguna intención de responderle nada. —Creo que no es momento de... —¡Dije que no, Allieth! Pusiste todo mi mundo de cabeza, todo. Desde que llegaste a este reino, se supone que ibas a ser la esposa obediente y bondadosa que debe ser una reina, sin embargo te apoye y logramos muchas cosas juntos, inclusive un bebé del que no me has dado ni una sola explicación aunque me las merezco todas. Yo también era su padre, yo también, lo esperaba y lo ansiaba... Y tú... tú simplemente... regresaste sin bebé, sin explicaciones, pero con muchas palabras, acompañada de un Duque que daría la sangre por ti y yo... ¿Acaso ya no te importo? ¿Ni yo? ¿Ni el reino? Vi como sus ojos me miraron y parecía realmente contrariada, sus claros ojos se cristalizaron y se puso muy pálida. —Carl, lo conoces, lo conoces desde hace mucho, sabes quien es y lo que hace, sabes... —Te dije que ahora no —estaba tan molesto con ella, porque quería explicación aún cuando no era capaz de darme ni una sola a mí. Palmee con fuerza el caballo y lo hice andar, Allieth se sostuvo de la correa de cuero con fuerza y dio un chillido que me hizo reír, pero que me dio una extraña sensación en medio de mi pecho. Allieth nunca chillaba cuando se trataba de un caballo, siempre, siempre, empujaba y movía sus caderas de manera perfecta para andar más rápido. Y entonces, fue el primer momento en el que pensé que esta Allieth no era la misma Allieth de siempre. POV. DE ALLIETH. Cuando tome las riendas del caballo con más fuerza, cuando Carl lo golpeo, cuando empezó a andar, tuve un miedo espantoso, chille y aunque desde niña se me había enseñado a andar en caballo y me habían entrenado los mejores jinetes, siempre tuve mucho miedo de ir más rápido de lo que consideraba prudente. Finalmente mi precioso corcel negr0, llego junto a los demás oficiales del ejercito real y ellos me rodearon con una agilidad que me dejo impresionada, para guiarme a mí y al corcel directo al reino y la corte. Íbamos a una marcha muy rápida y poco a poco mi corazón se fue calmando, mis miedos fueron saliendo y al fin entendí porque mi hermana disfrutaba tanto de montar a caballo en soledad. Sí, la perfecta de mi hermana siempre se escapaba de nuestro castillo y de la guardia real de nuestro padre para irse a correr sola con su corcel blanco y perfecto. Cuando llegamos al reino, todo era un completo alboroto, los caballos se fueron deteniendo lentamente y mis ojos se abrieron de par en par, era como si se hubieran creado dos bandos, unos claramente estaban del lado del Rey, y otros se habían puesto de mi lado. Carl llego a mi lado no se en que momento y me tomo de la mano, aunque intente zafarme el me tomo con más fuerza y me dio una sonrisa tan falsa que no lo podía creer. —¿Estás feliz ahora? —¿De qué hablas? —Dos bandos, solo necesitaban una chispa para iniciar el fuego y tú... —Fui la cerilla —sonreí con arrogancia pero la cara de Carl era un desastre total. Carl me ayudo a bajar y no me soltó la mano en ningún momento, tiro de mí y llegamos hasta su habitación, o los que deberían ser nuestros aposentos. Fue entonces cuando el caos estallo. —Quiero salir de aquí. —No. —Carl, esta no es mi habitación y yo... —Esto lo provocaste tú, así que debes asumir las consecuencias de tus actos. —Solo hice lo que una reina debe hacer. —Pusiste en peligro a todos, Allieth. A los campesinos, a ti, a mí, a... —¿A quién más? —pregunte acercándome a el casi como una amenaza. —Eso no es asunto tuyo. —Entonces si no es asunto mío, me voy. Estuve por salir de allí, cuando Carl me tomo del brazo con fuerza y me empujo para que cayera directo a la cama. —De aquí no sales —eso fue una orden directa y clara. —¡De aquí me largo cuando quiera! —dije molesta y exasperada. —No —soltó con una calma que me atormentaba. —¡Qué si! —dije con furia e ira y estaba frustrada y molesta porque no entendía nada. —Si sales de aquí —empezó a caminar hacía mi como un depredador cuando tiene a su presa—, estas muerta, porque ellos están listos para apuñalarte, darte veneno o empujarte por unas escaleras. Les diste lo que querían, una excusa para acabar contigo, conmigo y con la poca bondad que esta corte le tiene al pueblo. Mis labios se abrieron y cerraron porque sus palabras me dejaron completamente aturdida, no sabía que era lo que iba o podía pasar. Sin embargo, tome aire y me enderece. —Voy al despacho, intentare contener a los Bovary —dijo dándome la espalda y aunque intente seguirlo, sus ultimas palabras me dejaron pegada al piso. Me acerque a la ventana y subí mis piernas en ese pequeño rincón en el que me podía sentar y abrace mis piernas, me quede mirando fijamente por la ventana y las horas comenzaron a pasar, una a una, con todos sus minutos y segundos y de pronto el día se fue y la noche llego, deje escapar unas lagrimas al principio, que luego se convirtieron en rabia y después... Después estaba él allí. Con sus ojos verdes profundos, con su voz gruesa y firme, con esa cicatriz sobre la ceja y aunque no pude ver sus labios ni nariz, sabía que de vez en cuando estaba sonriendo. Y por alguna razón yo sonreía, a la ventana, a la nada, sus palabras, su firmeza, la organización de los campamentos, la determinación de ayudar a las demás personas, jamás imagine que vería acción y esa emoción de ir en contra de todo el sistema y de todos los que lo comandan, pero él... él simplemente es un justiciero y uno con unos ojos muy... Entonces me di cuenta que estaba sonriendo, que sentía calor y que mis mejillas estaban sonrojadas. Me mordí los labios y decidí que tal vez y solo tal vez, si lograba volver a verlo, él si me contaría la verdad, ya que parecía que el conocía la mía.
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