18. LA GUERRA EN LA CORTE

1386 Words
POV. DE CARL. —¿Dónde están? —pregunte. —En la sala de los duques. —Claro, porque no hay un lugar digno en este castillo para todos ellos. Mis pasos resonaban por el frio suelo de piedra y la desesperación me tomaba de la mano, íbamos caminando por los largos pasillos del castillo como si fuéramos uno solo. Sabia que me estaban esperando, que querían respuestas, pero sobre todo una reprimenda y esa sería en contra de Allieth. No había manera de que me saliera con la mía en esta y mucho menos que dejara a Allieth libre de culpa. Pero a pesar de todo, tenía que luchar, Allieth es mi Reina y dejarla a merced de la corte y a su santa voluntad, no hablaba bien de mi, ni de nuestra unión, y aunque no se en que punto de nuestra relación estamos, ella no merece esto. Tome una bocanada profunda de aire y empuje las pesadas puertas de doble hoja, de madera negra y entre. Extrañamente el lugar estaba en completo silencio, había una calma poco habitual allí y cuatro mujeres. Solo 4 mujeres y todas igual de poderosas que un rey con arma de hierro. Me miraron fijamente y supongo que notaron mi cara de sorpresa, la primera en ponerse de pie fue Danielle, la marquesa Bovary Stone, Danielle Percy. No pude evitar mi mala cara, esa niña es realmente repugnante y una completa trepadora y si acepte casarme con ella cuando Allieth no aparecía, fue solo porque es fácil de manipular y necesitaba a su familia de mi lado. A su lado y como una sombra, estaba su tía, la poderosa y adinerada Condesa Bovary, ella fue a quién Allieth más afecto, pues todos los cargamentos son de ella, algunos pocos de su familia más cercana. A la izquierda estaba la madre de Victoria, ella si que me miraba con rabia y profundo odio. La condesa de Mulberry Gardens, Analía, una mujer dura e imponente. Claramente sabía muy bien porque estaba aquí y porque se había aliado con los Bovary. Y la cuarta mujer si que no la esperaba, la Marquesa Stone Grey, Thalula. Su mirada parecía realmente tranquila, mucho más de lo que me gustaría y eso era algo que parecía realmente malo. —Señoras —salude de manera formal y me di cuenta de que ninguna me dio su reverencia como es debido. Todas guardaron silencio y siguieron sus pasos con la mirada fija. —Supongo que vienen en representación de... —No venimos a negociar, Carl —dijo la madre de Victoria con arrogancia, tal que no se atrevió a usar los formalismos que deben ser usados. —Creo que se te olvidaron los formalismos, Analía. —No, no olvido nada, así como no olvido que tienes a mi hija secuestrada en las mazmorras de este castillo por una falsa acusación. —No fue una falsa acusación, tu hija se metió en un lugar que no podía entrar, un lugar sagrado y destinado para una sola mujer, mi reina, allí ideo un plan para acabar con la reina, tu reina —le dije enfatizando esas últimas palabras. —Ella... Solo estaba enamorada, su amor la traiciono y... —Ella ha estado enamorada de mí y de todos los cortesanos con los que se ha revolcado en este castillo, con todos y cada uno de los que han servido para sus asquerosos intereses y si vamos a seguir profundizando en esto, creo que no quieres que yo continúe sacando la ropa sucia de tu hija —la mujer guardo silencio y se mordió los labios con más rabia todavía reflejada en sus ojos. —Pero yo no tengo nada con lo que puedas mantenerme callada —dijo la Condesa Bovary, se puso de pie y rodeo la basta mesa redonda y pesada hasta llegar a mi lado. De algún modo la mujer se veía más grande, no se si era por la rabia, la desesperación o porque simplemente yo estaba sentado. —Y quiero todo mi dinero, toda mi mercancía, quiero todo lo que me perteneces y que esta absurda y patética Reina le dio a esos asquerosos pueblerinos. —¿Asqueroso? —pregunte levantando una ceja y colocándome de pie, sintiendo la ira recorrer mi cuerpo, pero además la risa de Danielle me hizo enfurecer más. —Son asquerosos —dijo la insolente chica—. No entiendo porque te es tan dificil admitirlo, son sucios, visten feo, siempre con sus dedos llenos de tierra y cada vez que ven un carruaje de la corte se abalanzan sobre él a mendigar una miga de pan —había tanta arrogancia en sus palabras que perdí la cordura, más cuando las palabras de Allieth, esas que me dijo hace casi un año llegaron a mi mente en ese momento. —Ellos son el reflejo de la miserablesa de su alma y de la podredumbre de sus corazones. Quieren tomar todo y darles nada a las personas que trabajan el campo y que cultivan su comida para que nunca tengan hambre, quieren mantener el calor en sus chimeneas con la madera de las personas que la trabaja para que ustedes nunca sufran el frío que sus hijos padecen, quieren oro y joyas, pero no quieren pagar lo que eso vale —estaba respirando de manera irracional—. No tienen ningún derecho de reclamar por algo que ni siquiera les pertenece. Todas allí guardaron silencio, pero de un momento a otro la Marquesa de StoneGrey, Thalula, estallo en una estruendosa y fastidiosa risa. Se puso de pie y se acercó a la ventana. —Las disculpas están sobreestimadas, sabemos que la Reina no lo hará y que tu las estas defendiendo de manera incasable, Carl —tomo aire y se giro para mirarme—. Ahora bien, estaba pensando que tal vez, la mejor solución sea una alianza perdurable en el tiempo. —¿A qué te refieres? —pregunto la madre de Victoria. —Debes elegir a una —continuó la mujer con una voz cantarina y más bien malévola—, tienes un ramillete de hermosas cortesanas, con excepción de Victoria, porque no sabemos en que estado se encuentra la pobre, pero cualquiera de las tres puede ser tu concubina, eliges una y estás perdonado —dijo con firmeza y mis manos sudaron frío. Prácticamente estaba prostituyendo a sus hijas y sobrinas. —Eso no es justo —la primera en chillar fue la madre de Victoria. Y cuando creí que no podían caer más bajo, la tía de Danielle, la condesa Bovary se puso de pie y apoyo la moción. Danielle corrió a mi lado y tomo mi mano sin mi consentimiento, lo que me molesto de sobremanera y la empuje con violencia, no puedo negarlo, pero esa chica me fastidia. Tal vez hizo aquello porque creyó que podría funcionar. Después de todo casi nos casamos. —Saben que por mandato divino hace más de 500 años se abolió la ley que permitía a un Rey tener concubina —apele a la cordura de esas 4 mujeres que parecía que la habían perdido. —Ya hablamos con los 7 gobernadores, todos están de acuerdo en firmar la Ley que lo permita. —Eso solo sucederá si yo lo acepto. —Entonces esperamos que no llores demasiado en el velorio de la Reina y que cuando el Rey de SunMeadow venga a buscar venganza por la muerte de su hija, tengas el cuello listo para entregárselo en bandeja de plata- Me quede en silencio, las vi a todas ponerse de pie y empezar su andar hacía las pesadas puertas, parecía que no tenía palabras, parecía que no podía moverme y que estaba pegada al suelo, pero sobre todo tenía miedo. Mucho miedo, acaban de hacer una clara amenaza en contra de Allieth y yo... La verdad es que podía permitir lo que fuera menos eso. Allieth es y será siempre el amor de mi vida. —Señoras —las llame justo antes de que abrieran las puertas—, de verdad espero que sus planes funciones, porque cuando sea yo quien tenga sus cuellos en la palma de mi mano, los entregare a esos campesinos asquerosos, como ustedes los llaman, como una ofrenda de paz con el reino.
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